Creo que todos podemos estar de acuerdo en que no somos una Superpotencia - aunque escucho argumentos en contrario. En el otro extremo, en un post llamado "Lectores que diferencian entre información y campañas pagadas por el Estado", uno de los bloggeros que sí tratan Los Grandes Temas de la Política Internacional recoge un comentario (en el sentido de información y no campaña) que afirma lo siguiente:
Cada vez estoy más convencido que esta comarca, no puedo llamarla nación ya, se encamina a la fragmentación geográfica y política.
Quizá tenga razón el comentarista y esto que llamamos República Argentina sea un invento a sueldo de Fuerza Bruta, así que me voy a apurar para terminar este post rápido rápido, antes que nos desintegremos y no tenga sentido hablar del lugar de esta comarca en el sistema de naciones. Intuitivamente, podríamos decir que somos una potencia mediana, o una potencia regional, pero ¿es realmente eso lo que somos? Ahora bien, para poder responder a esa Gran Pregunta, antes tenemos que preguntar: ¿Qué es una potencia mediana?
Para no tener que pensar mucho, podríamos tratar de ubicarnos en el escenario internacional a partir de mediciones de variables que hacen al poder de un país. Por ejemplo, entre las aproximadamente 200 naciones independientes del mundo, somos la 32 en población, 8 en superficie, 27 en PIB nominal, 22 en PIB PPP, 146 en gasto militar como porcentaje del PIB, 18 en usuarios de internet, 8 en red ferroviaria, 30 en emisiones de dióxido de carbono, 45 en índice de desarrollo humano, 2 en punto más austral . Si todo se limitara a promediar nuestras distintas ubicaciones en el mundo, podríamos decir que somos una potencia mediana. Pero corremos el riesgo de contraer indexofilia, y no es un método muy científico. Así que vayamos a la teoría.
Para el realismo puro y duro, no existe eso de las potencias medianas: la Historia es escrita por las grandes potencias, y los demás países son como moscas que revolotean y se alimentan de la mierda de los grandes, hacen un ruidito molesto pero ni siquiera tienen el poder de picar como un mosquito. Pero el realismo puro y duro no existe, y hasta un autor esencialmente realista como Martin Wight terminó haciendo una distinción entre las potencias medianas y regionales en el capítulo V (Potencias Menores) de su clásico "La Política del Poder":
Las presiones políticas no actúan de manera uniforme sobre la totalidad del sistema de Estados, y en algunas regiones culturalmente unidas pero políticamente divididas una sociedad internacional subordinada entra en escena, con un sistema de Estados que reproduce en miniatura las características del sistema de Estados general.
Cita como ejemplos de potencias regionales a Brasil y Argentina en Sudamérica, pero termina concluyendo que existe generalmente un mayor abismo entre las grandes potencias y las potencias medianas que entre estas y las potencias menores. Como definición, Wight afirma que sólo las grandes potencias tienen intereses generales y pueden "unificar continentes, dominar los mares o controlar los mercados internacionales". Pero mientras las potencias menores cuentan con "una política externa tan limitada que no llegan a tener intereses más allá de la preservación de su independencia", les reconoce (¿nos reconoce?) a las potencias medianas cierto interés general limitado a algunas cuestiones y a la región de pertenencia y cierta capacidad de acción.
Entonces la pregunta que nos debemos hacer es: ¿tenemos intereses nacionales, aunque sean limitados, que vayan más allá de mantener nuestra independencia? Y, si la respuesta fuera positiva, ¿tenemos capacidad para actuar en consecuencia? Ahora, para hacerlo más estricto: ¿nuestra acción en estos temas se prolonga en el tiempo? Creo que si los logro convencer, queridos lectores y lectoras, que en un número arbitrario (pongamos siete, porque me gusta el número 7) de Grandes Temas cumplimos con esas tres condiciones, nos podemos auto-titular una Potencia Mediana. Veamos:
1. Descolonización: es la piedra fundamental de nuestro reclamo por Malvinas. Si bien no hemos tenido el poder de fuego para recuperar las islas, hemos logrado bloquear (con un fuerte apoyo del G-77) todos los intentos británicos de aplicar el principio de auto-determinación para los kelpers. Una derrota en este campo podría implicar un plebiscito, la independencia de las islas y el fin de nuestro reclamo. Game over. No estamos como queremos, con la celeste y blanca flameando en Puerto Argentino, pero hemos logrado mantener la cuestión donde queremos: como un tema de descolonización.
2. Negociaciones comerciales multilaterales: nuestra posición ha sido coherente a lo largo de las últimas décadas, y es la posición de Cairns. Bregamos por una mayor liberalización del comercio agrícola, y jugamos un rol importante en la Ronda Uruguay. En Doha no tuvimos el poder de fuego para imponer el acuerdo que hubiéramos querido, pero sí tuvimos la autonomía para, al lado de la India, bloquear un acuerdo que hubiera sido perjudicial para nuestros intereses industriales.
3. Cambio climático: en temas ambientales nuestra postura es generalmente sólida y más que digna, pero en cambio climático somos líderes. La Argentina cumplió un papel vital en la aprobación del Protocolo de Kioto (1997), y desde entonces jugamos un rol de liderazgo en la materia. No hay mesa chica en materia de cambio climático a la que la Argentina no pueda acceder por mérito propio, y nuestra autoridad moral es ampliamente reconocida por los demás países (y nos ha costado más de una fricción con, por ejemplo, Brasil).
4. Antártida
5. Estabilidad política regional: de cierta forma, se puede decir que somos una potencia conservadora en estos temas, ya que hemos jugado fuerte en distintas ocasiones para garantizar la estabilidad política en Sudamérica. Nuestro rol en ese sentido ha sido reconocido con el Premio Nobel de la Paz para Saavedra Lamas en 1936, y como ejemplos recientes podemos citar la reunión de emergencia de Unasur en Buenos Aires en ocasión del intento de golpe policial contra Correa en Ecuador, y el rol de Néstor Kirchner como mediador entre Colombia y Venezuela.
6. Cooperación Sur-Sur: la Argentina es uno de los más activos participantes en el sistema de cooperación internacional entre países en desarrollo. Desde la creación del Fondo Argentino de Cooperación Horizontal (FO-AR) en 1992, se han ejecutado más de 4.000 acciones de cooperación en 55 países. Además de ser propulsores de la horizontalidad en la cooperación, también somos muy activos en las modalidades de cooperación triangular (donde un país desarrollado y un país en desarrollo trabajan conjuntamente para brindar cooperación a países de menor desarrollo relativo). En la actualidad, estamos trabajando junto a Naciones Unidas para crear un observatorio de cooperación sur-sur en nuestro país.
7. Derechos Humanos: es un caballito de batalla de la Argentina en el mundo. Tenemos a Madres y Abuelas. Tenemos un Premio Nobel de la Paz. Tenemos el Juicio a las Juntas y el Nunca Más. Tenemos una Constitución de avanzada. Pero también tenemos décadas de militancia en la materia, y un gobierno que es reconocido internacionalmente por haber hecho de los derechos humanos una bandera.
En todos estos Grandes Temas, nuestro interés nacional no es simplemente discursivo, sino que se traduce en un accionar sostenido en el tiempo por gobiernos de distintos signos políticos y llevado a cabo, bajo el liderazgo del poder político, por la Cancillería en coordinación con distintas áreas de gobierno y de la sociedad civil argentina.
PS: la inspiración para este post viene, además del post anterior, de una pregunta de r. (¿somos una potencia mediana?) y de una observación de Mazingerkid ("en política exterior está todo por hacerse"). La subvaloración de las capacidades propias es, en política exterior, un error de cálculo tan grave como la sobrevaloración. El Premio Nobel de la Paz es como el Oscar de la política exterior. Latinoamérica tiene 5 en su historia, de los cuales 2 son nuestros. Para una Cancillería, es como una ISO 9000 de la diplomacia. Además de Argentina, la única Cancillería latinoamericana certificada es la mexicana (Alfonso García Robles, 1982). Ignorar ese dato es tan grave como salir por el mundo creyendo que somos Gardel.
