Mostrando entradas con la etiqueta interés nacional. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta interés nacional. Mostrar todas las entradas

jueves, 19 de enero de 2012

¿Dónde queda la Argentina?

Bueno, después del quejoso tono de mi post anterior, decidí tomar el toro por las astas y empezar a tratar Los Grandes Temas. Si algo me quedó de mis clases de teoría de las relaciones internacionales es que, al hablar de cualquier tema de política internacional, la ausencia de un marco teórico implica que uno padece de una opinologitis (también conocida como doñarosismo) y termina cayendo en un artículo de diario. Por eso, antes de empezar con Los Grandes Temas me parece esencial hacerse un par de Grandes Preguntas (la metafísica de la blogudez): ¿Qué somos? ¿De dónde venimos? ¿Cuál es la razón de nuestra existencia? En otras palabras: ¿Qué lugar ocupa la Argentina en el mundo?


Creo que todos podemos estar de acuerdo en que no somos una Superpotencia - aunque escucho argumentos en contrario. En el otro extremo, en un post llamado "Lectores que diferencian entre información y campañas pagadas por el Estado", uno de los bloggeros que sí tratan Los Grandes Temas de la Política Internacional recoge un comentario (en el sentido de información y no campaña) que afirma lo siguiente:


Cada vez estoy más convencido que esta comarca, no puedo llamarla nación ya, se encamina a la fragmentación geográfica y política.


Quizá tenga razón el comentarista y esto que llamamos República Argentina sea un invento a sueldo de Fuerza Bruta, así que me voy a apurar para terminar este post rápido rápido, antes que nos desintegremos y no tenga sentido hablar del lugar de esta comarca en el sistema de naciones. Intuitivamente, podríamos decir que somos una potencia mediana, o una potencia regional, pero ¿es realmente eso lo que somos? Ahora bien, para poder responder a esa Gran Pregunta, antes tenemos que preguntar: ¿Qué es una potencia mediana?


Para no tener que pensar mucho, podríamos tratar de ubicarnos en el escenario internacional a partir de mediciones de variables que hacen al poder de un país. Por ejemplo, entre las aproximadamente 200 naciones independientes del mundo, somos la 32 en población, 8 en superficie, 27 en PIB nominal, 22 en PIB PPP, 146 en gasto militar como porcentaje del PIB, 18 en usuarios de internet, 8 en red ferroviaria, 30 en emisiones de dióxido de carbono, 45 en índice de desarrollo humano, 2 en punto más austral . Si todo se limitara a promediar nuestras distintas ubicaciones en el mundo, podríamos decir que somos una potencia mediana. Pero corremos el riesgo de contraer indexofilia, y no es un método muy científico. Así que vayamos a la teoría.


Para el realismo puro y duro, no existe eso de las potencias medianas: la Historia es escrita por las grandes potencias, y los demás países son como moscas que revolotean y se alimentan de la mierda de los grandes, hacen un ruidito molesto pero ni siquiera tienen el poder de picar como un mosquito. Pero el realismo puro y duro no existe, y hasta un autor esencialmente realista como Martin Wight terminó haciendo una distinción entre las potencias medianas y  regionales en el capítulo V (Potencias Menores) de su clásico "La Política del Poder":


Las presiones políticas no actúan de manera uniforme sobre la totalidad del sistema de Estados, y en algunas regiones culturalmente unidas pero políticamente divididas una sociedad internacional subordinada entra en escena, con un sistema de Estados que reproduce en miniatura las características del sistema de Estados general.


Cita como ejemplos de potencias regionales a Brasil y Argentina en Sudamérica, pero termina concluyendo que existe generalmente un mayor abismo entre las grandes potencias y las potencias medianas que entre estas y las potencias menores. Como definición, Wight afirma que sólo las grandes potencias tienen intereses generales y pueden "unificar continentes, dominar los mares o controlar los mercados internacionales". Pero mientras las potencias menores cuentan con "una política externa tan limitada que no llegan a tener intereses más allá de la preservación de su independencia", les reconoce (¿nos reconoce?) a las potencias medianas cierto interés general limitado a algunas cuestiones y a la región de pertenencia y cierta capacidad de acción.


Entonces la pregunta que nos debemos hacer es: ¿tenemos intereses nacionales, aunque sean limitados, que vayan más allá de mantener nuestra independencia? Y, si la respuesta fuera positiva, ¿tenemos capacidad para actuar en consecuencia? Ahora, para hacerlo más estricto: ¿nuestra acción en estos temas se prolonga en el tiempo? Creo que si los logro convencer, queridos lectores y lectoras, que en un número arbitrario (pongamos siete, porque me gusta el número 7) de Grandes Temas cumplimos con esas tres condiciones, nos podemos auto-titular una Potencia Mediana. Veamos:


1. Descolonización: es la piedra fundamental de nuestro reclamo por Malvinas. Si bien no hemos tenido el poder de fuego para recuperar las islas, hemos logrado bloquear (con un fuerte apoyo del G-77) todos los intentos británicos de aplicar el principio de auto-determinación para los kelpers. Una derrota en este campo podría implicar un plebiscito, la independencia de las islas y el fin de nuestro reclamo. Game over. No estamos como queremos, con la celeste y blanca flameando en Puerto Argentino, pero hemos logrado mantener la cuestión donde queremos: como un tema de descolonización.


2. Negociaciones comerciales multilaterales: nuestra posición ha sido coherente a lo largo de las últimas décadas, y es la posición de Cairns. Bregamos por una mayor liberalización del comercio agrícola, y jugamos un rol importante en la Ronda Uruguay. En Doha no tuvimos el poder de fuego para imponer el acuerdo que hubiéramos querido, pero sí tuvimos la autonomía para, al lado de la India, bloquear un acuerdo que hubiera sido perjudicial para nuestros intereses industriales.


3. Cambio climático: en temas ambientales nuestra postura es generalmente sólida y más que digna, pero en cambio climático somos líderes. La Argentina cumplió un papel vital en la aprobación del Protocolo de Kioto (1997), y desde entonces jugamos un rol de liderazgo en la materia. No hay mesa chica en materia de cambio climático a la que la Argentina no pueda acceder por mérito propio, y nuestra autoridad moral es ampliamente reconocida por los demás países (y nos ha costado más de una fricción con, por ejemplo, Brasil).


4. Antártida ca: en materia antártica, nuestro rol es científico, político y militar. Desde que el 22 de febrero de 1904 nuestra bandera fuera izada en la primera base antártica permanente del mundo hemos tenido presencia ininterrumpida. Fuimos uno de los 12 países signatarios del Tratado Antártico (1959), y en 2004, después de años de ardua negociación, finalmente se logró crear la Secretaría del Tratado Antártico con sede en Buenos Aires.


5. Estabilidad política regional: de cierta forma, se puede decir que somos una potencia conservadora en estos temas, ya que hemos jugado fuerte en distintas ocasiones para garantizar la estabilidad política en Sudamérica. Nuestro rol en ese sentido ha sido reconocido con el Premio Nobel de la Paz para Saavedra Lamas en 1936, y como ejemplos recientes podemos citar la reunión de emergencia de Unasur en Buenos Aires en ocasión del intento de golpe policial contra Correa en Ecuador, y el rol de Néstor Kirchner como mediador entre Colombia y Venezuela.


6. Cooperación Sur-Sur: la Argentina es uno de los más activos participantes en el sistema de cooperación internacional entre países en desarrollo. Desde la creación del Fondo Argentino de Cooperación Horizontal (FO-AR) en 1992, se han ejecutado más de 4.000 acciones de cooperación en 55 países. Además de ser propulsores de la horizontalidad en la cooperación, también somos muy activos en las modalidades de cooperación triangular (donde un país desarrollado y un país en desarrollo trabajan conjuntamente para brindar cooperación a países de menor desarrollo relativo). En la actualidad, estamos trabajando junto a Naciones Unidas para crear un observatorio de cooperación sur-sur en nuestro país.


7. Derechos Humanos: es un caballito de batalla de la Argentina en el mundo. Tenemos a Madres y Abuelas. Tenemos un Premio Nobel de la Paz. Tenemos el Juicio a las Juntas y el Nunca Más. Tenemos una Constitución de avanzada. Pero también tenemos décadas de militancia en la materia, y un gobierno que es reconocido internacionalmente por haber hecho de los derechos humanos una bandera.


En todos estos Grandes Temas, nuestro interés nacional no es simplemente discursivo, sino que se traduce en un accionar sostenido en el tiempo por gobiernos de distintos signos políticos y llevado a cabo, bajo el liderazgo del poder político, por la Cancillería en coordinación con distintas áreas de gobierno y de la sociedad civil argentina.


PS: la inspiración para este post viene, además del post anterior, de una pregunta de r. (¿somos una potencia mediana?) y de una observación de Mazingerkid ("en política exterior está todo por hacerse"). La subvaloración de las capacidades propias es, en política exterior, un error de cálculo tan grave como la sobrevaloración. El Premio Nobel de la Paz es como el Oscar de la política exterior. Latinoamérica tiene 5 en su historia, de los cuales 2 son nuestros. Para una Cancillería, es como una ISO 9000 de la diplomacia. Además de Argentina, la única Cancillería latinoamericana certificada es la mexicana (Alfonso García Robles, 1982). Ignorar ese dato es tan grave como salir por el mundo creyendo que somos Gardel.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Autos y seguridad nacional

Después de escribir un post sobre el (triste) estado de la blogosfera económica argentina (BEA), Finlandia y Rusia (o ELY y Mariano) publican dos excelentes posts complementarios sobre el dilema de la industrialización. A veces te sorprende comprobar como, desde dos lugares tan distintos, se puede estar diciendo en esencia lo mismo.


Es una vieja discusión, MOA vs MOI. Nuestro "destino manifiesto" agroindustrial vs nuestro "capricho" industrialista. Es un debate de los que uno disfruta ver en la BEA, pero quiero alertar sobre la inutilidad de meter en la discusión a la política automotriz. En el pasado, he despotricado contra eso de asignarle excesiva importancia a las "políticas de estado", pero se puede decir que todos los presidentes de la democracia (y antes también) han estado de acuerdo con que la Argentina debe producir automóviles.


Siempre se protegió a los autos. Gobiernos liberales y gobiernos nacionalistas, radicales y peronistas. Tendría que hacer un estudio más exhaustivo, pero creo que hasta los dictadores más sanguinarios tenían una debilidad por la industria automotriz. En el auge del festival de apertura de la economía, en 1991, se aprobó un régimen automotriz que liberaba importaciones, pero a cambio de inversiones y exportaciones. Se permitía la importación después del cierre total del mercado, pero siempre pensando en el mantenimiento de la industria local. El comercio de autos es una eterna espina política en el Mercosur. Muchas veces negociadas, más veces postergada, el sueño de una PAC sudamericana (la Política Automotriz Común del Mercosur) sigue siendo una de las grandes asignaturas pendientes del proceso de integración.


La Argentina nunca renunciará a tener una industria automotriz fuerte y viable. Aunque haya asignaciones alternativas de recursos más eficientes. Los detalles de implementación pueden variar según los signos políticos de los distintos gobiernos: en algunos casos se toman medidas que buscan el equilibrio de la balanza comercial, en otros casos se privilegia el mantenimiento de la mano de obra del sector. Por momentos se usan las "restricciones voluntarias", en otros momentos se aplica manu militari. A veces los subsidios son directos a las empresas productoras, a veces se disfrazan como apoyo a la industria (por ejemplo, con energía subsidiada). Pero siempre se busca mantener capacidad nacional.


Y la industria automotriz argentina no es un desastre. Tiene serios problemas (dependencia de capital y tecnología extranjeros, extinción parcial de las autopartistas en los '90) pero también tiene una ventaja importante: el Mercosur es funcional a la estrategia global de las automotrices para cubrir localmente el mercado sudamericano desde Argentina y Brasil. Una de las funciones del poder político es encontrar formas tendientes a que el objetivo nacional de fabricar autos no nos salga demasiado caro.


En los países desarrollados inventaron la expresión "multifuncionalidad de la agricultura" para tratar de adaptar el concepto de seguridad alimentaria a sus propias necesidades políticas. La idea por detrás de eso es que los mercados de alimentos son especiales, y que porcentajes elevados de auto-suficiencia alimentaria (el porcentaje de alimentos consumidos por la población que se producen nacionalmente) son políticamente deseables. Incluso a costo de generar ineficiencias económicas.


Y eso ocurre en buena medida porque en los países en donde la agricultura ha dejado de ser rentable (Europa, Japón, Corea) se sigue creyendo que mantener niveles adecuados de producción de alimentos es estratégico. Desmantelar toda una estructura milenaria de producción de alimentos porque es más eficiente importar todo no se le pasa por la cabeza a nadie, y la sociedad como un todo acepta pagar el costo de mantener esa estructura. Incluso como reaseguro para una crisis o emergencia. Que las hay.


Lo que muchas veces he charlado con colegas del norte es que en la Argentina pensamos igual, pero al revés. Comida tenemos, e incluso en caso de una interrupción total del comercio internacional no vamos a pasar hambre (aunque en esa eventualidad tendríamos que renunciar al mango y al ananá, lo que es casi tan catastrófico). Entonces para nosotros es estratégico encarar este asunto desde la multifuncionalidad de la industria, pensando en nuestro propio interés nacional: la seguridad automotriz.


Presidentes tan disímiles como Frondizi, Perón, Alfonsín, Menem, Kirchner y CFK han coincidido en la importancia estratégica de este sector, lo que no es poco. Entonces encarar cualquier política sectorial desde el punto de vista exclusivamente de la eficiencia es insuficiente. Como buena política de estado, no tenemos mucha flexibilidad para tocarla sustancialmente. La producción nacional de automóviles es un poco como nuestra soberanía sobre Malvinas: irrenunciable.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Alta política (II)

El nuevo nombre del juego es seguridad colectiva para Sudamérica. La herramienta que elige Brasil para jugar este juego es el Consejo de Defensa Suramericano de Unasur. La propuesta brasilera de CDS y el proceso que llevó a su creación están desarrollados acá. Es interesante observar lo siguiente:


- Todo el bla bla bla de planificación tiene palabras lindas como "objetivos estratégicos nacionales de largo plazo", "sistema colectivo de defensa con los países veciones", "nueva institucionalidad multilateral en defensa a nivel regional", "creación de una fuerza militar conjunta para Sudamérica".


- Su primer paso internacional fue la presentación de rigor, por parte del Ministro de Defensa de Brasil, Nelson Jobim, a Rice y Gates, en Washington. Aclarando que esto no es una OTAN para Sudamérica


- Después de ese primer paso, ya todo baja de tono, y las nuevas palabras de orden no incluyen "fuerza militar conjunta", sino que son más light: "medidas para aumentar la confianza", "ejercicios militares conjuntos", "integración de las bases industriales de defensa". También aclaró, para que no queden dudas, que la iniciativa no contempla "la creación de unidades de combate".


- El próximo paso fue su gira sudamericana para explicar el proyecto. No existen las casualidades, la gira empezó en Caracas. Chávez se mostró receptivo y aprovechó para aclarar que el CDS es parte de Unasur. Por las dudas, Jobim explicó que "no hay ninguna pretensión operacional".


- Los próximos países visitados se dividieron entre los que respaldaron (Guyana, Ecuador, Chile y Bolivia), los que dijeron "dejáme que vea los pelpas, chango" (Colombia, Perú y Uruguay) y los "me encantó que vinieras" (Surinam, Paraguay)


- Y está la posición argentina. La eterna posición argentina. El documento, en lenguaje burocrático, se limita a decir que, mui graciosamente, la PNA y la Ministra de Defensa escucharon largas explicaciones sobre la materia. Lo que no dice es que la PNA ejerció el sagrado derecho que mencioné en mi post anterior.


¿Se acuerdan de las lindas palabras iniciales, estrategia, institucionalidad, fuerza? Bueno, el resultado es este. Una especie de Reunión Anual de Ministros de Defensa de Sudamérica, para propiciar la definición de enfoques conceptuales, compartir información, crear una red, organizar un Seminario, encargar un estudio, identificar los factores de riesgo. Hay algo de carne en todo eso (un ejercicio humanitario conjunto, articulación de posiciones en foros multilaterales, que creo que ya se hace, y un mecanismo de consulta y evaluación inmediata ante amenazas a la paz). Pero poquita. Más que águila, codorniz.


La verdad es que yo tengo muchas más preguntas que respuestas a todos estos temas de alta política. Y la primer pregunta qué tengo es: ¿nos conviene ir hacia un camino de seguridad colectiva? Porque si vamos a la seguridad colectiva regional, no podemos andar con medias palabras. La seguridad colectiva requiere capacidad operacional. Fuerza bruta.


Lo que sí me queda claro es que fuerza en el sentido de la propuesta brasilera no nos sirve mucho. Porque lo que ellos proponen es defensa tradicional: "impedir en el futuro una aventura militar o una presión de algún país sobre la región o sobre alguna nación sudamericana". Y por suerte esa no parece ser una amenaza para la Argentina en los próximos años. Y existen amenazas reales, que el documento de creación del CDS no menciona más que como variables a ser identificadas y estudiadas. Bueno, pregúntenle a la población, que de amenazas entiende, y considera (Gallup dixit) que la lucha contra las drogas es la máxima prioridad de nuestra polex. O a Alan García, que ahora parece que quiere un Plan Perú, para poder transformar su país en una nueva Colombia.


Muchas preguntas. Y mañana y pasado, las respuestas. No en este bloj, que no las tengo. Acá. El Ministerio de Defensa está organizando un seminario internacional sobre "Defensa Nacional: Desafíos y Perspectivas en el Siglo XXI". Esto en el marco del proceso de elaboración del Libro Blanco de Defensa 2010. Me encantaría poder ir, pero estoy tapado de laburo. Las inscripciones se hacen a este e-mail. Si alguien va, que cuente.

martes, 7 de septiembre de 2010

Alta política (I)

Hay cuestiones que van más alla de la ideología de la persona o partido que circunstancialmente ocupe el sillón de Rivadavia. Hay formas pomposas de referirse a esas cuestiones, incluyendo "políticas de Estado". Pero uno también puede mirarlo desde otro lado. Pertenecer tiene sus privilegios, y todo o toda PNA tiene el sagrado derecho de mear al Presidente de Brasil en lo que hace a un sillón en particular: el asiento permanente en el consejo de seguridad de la ONU. Que es el sueño de consumo de todo Presidente de Brasil en materia de polex.


Resulta difícil encontrar algo en común entre Alfonsín I, Menem, De la Rúa, Kirchner I y Kirchner II, pero todos han hecho uso de ese derecho. La lógica por detrás de este perk del (la) PNA es que para poder ser un candidato creíble al asiento permanente, Brasil tiene que alinear a Sudamérica atrás suyo. En la práctica, Sudamérica equivale a Argentina + 5/6 (antiguamente México también jugaba, pero Brasil logró aislar a los mexicanos). El consejo de seguridad trata temas, eh..., de seguridad. Alta política.


Pero en la práctica, el consejo de seguridad no existe más. Como institución de seguridad colectiva, fue creado para impedir que Bush (o cualquiera en posición equivalente) invadiera unilateralmente a Iraq (o cualquiera en posición equivalente) en el 2003. Uno podría argumentar que el CSNU dejó de existir el 11/9/2001, pero eso es para los historiadores. Entonces, se puede decir que a Brasil, hoy, no le interesa el asiento en el consejo de seguridad, sino que le interesa el asiento en la mesa que un día va a discutir qué hacer con el consejo de seguridad. Y creo que la tienen asegurada, le guste o no a la Argentina.


Yo no tengo idea de qué es lo que puede llegar a salir de esa discusión, pero igual creo que no es algo que le interese demasiado a la Argentina. Obvio que queremos, como Sandra Bullock, la paz en el mundo. Pero nuestros intereses vitales son más modestos en escala: estabilidad regional. No queremos quilombos en el barrio. Somos casi casi una potencia conservadora, je je je. Y ese es el debate que nos tiene que interesar: mantenimiento de la institucionalidad a nível regional.


Entonces, para entender el debate en términos de seguridad que se plantea en el Cono Sur (y que tiene implicancias para el resto de Sudamérica), hay que entender que lo que para la Argentina es un objetivo central de polex (estabilidad regional), para Brasil es, además de un objetivo secundario, una herramienta para conseguir su objetivo central, que es sentarse en la mesa de los grandes para discutir la seguridad planetaria.


Caso práctico: Bolivia. Con aproximadamente 1 millón de bolivianos en territorio argentino y fronteras abiertas (grande Patria Grande), la institucionalidad en Bolivia es casi una cuestión de política interna para nosotros. Al Evo lo blindamos no sólo porque lo queremos, pero también porque desestabilizarlo trae consecuencias para la Argentina. Para Brasil, un golpe contra el Evo le mancha su imágen de Gendarme del Sur pero no llega a ser un problema interno.


Bueno, todo esto era una breve introducción para tratar un tema en particular: el Consejo de Defensa Suramericano (CDS) de Unasur. Pero ahora tengo que ir a laburar, así que queda para la próxima.

viernes, 27 de agosto de 2010

Fortaleza, ¿Brasil?

Una interesante discusión se está planteando en la BEA (blogósfera económica argentina) sobre un tema muy caro al interés nacional argentino: la sustentabilidad macro de Brasil. Todo empezó con este post de Genérico en ESC, donde argumenta que el fuerte proceso de primarización de las exportaciones brasileras en los últimos años puede ser síntoma de enfermedad holandesa. Elemaco contestó con este post, donde alaba la robustez del modelo brasileño en base a la composición de las fuentes de financiamiento de su déficit de cuenta corriente. Para rematar, desde Los tres chiflados Larry mandó este interesantísimo post donde detalla el argumento de la burbuja.


La verdad es que no tendría que preocuparme mucho el déficit de cuenta corriente de Brasil. Digo, tuvieron superávit entre 2003 y 2007, las perspectivas para este año son de -2,5% del PBI, no es el fin del mundo. Además, viendo las cosas un poco más doñarosísticamente, es hasta justificable. Por lo menos están usando ese déficit para financiar crecimiento. En los '90 tuvieron déficit de c/c y bajo crecimiento. Hasta el 2006 tuvieron superávit y bajo crecimiento. 2007 y 2008 Brasil creció arriba del 5% por dos años consecutivos por primera vez desde el '85-86. Un poco de déficit en cuenta corriente no les viene mal.


Actualización: después Elemaco intentó una síntesis con el post de Larry, y terminé enganchado en una discusión sobre el crecimiento de Argentina y Brasil en los últimos 20 años... se ve que somos muchos los que no podemos con nuestros genios...

viernes, 23 de julio de 2010

Intereses nacionales

Ya he escuchado varias veces la crítica a la PEA del actual gobierno formulada en términos de falta de una línea política clara y coherente con objetivos nacionales definidos. O sea, no es que la PEA sea mala, el problema sería que no hay PEA. Y algo de eso hay... Por otra parte, también he escuchado una crítica a la excesiva mercantilización de nuestras relaciones externas, que de cierta forma choca con la crítica a la excesiva politización del Mercosur.

El otro día un compañero de facultad me mandó este artículo, que consiste en la siguiente crítica a la política exterior brasileña:

Não se põe em dúvida o objetivo definido pela política externa brasileira de tornar o Brasil protagonista mundial em temas como segurança e paz, ajuda humanitária e, com um pouco de otimismo, governança global e integração regional. Mas será possível atingir esse protagonismo com uma política comercial nanica (enana)? A meu ver, não.

Y el contraste entre ambas políticas externas en la década que termina es interesante. De cierta forma, consideraciones de alta política (la búsqueda por el asiento permanente en el consejo de seguridad) subordinaron a todo el resto de la política externa brasileña. El caso argentino es opuesto, porque el único interés político que se persiguió de forma consistente fue la defensa irrestricta de la institucionalidad en la región, y derechos humanos de manera general (con los claroscuros del doble estándar aplicado). En ese contexto, quizá en ausencia de objetivos políticos claramente definidos y por la misma necesidad de salir de la crisis del 2001, el interés nacional fue entendido en términos económicos y comerciales.

Un buen ejemplo de ese contraste son las negociaciones de la OMC. El interés argentino en Doha siempre fue entendido como la necesidad de calibrar las negociaciones en agricultura y en industriales para obtener un resultado equilibrado que tomara en cuenta además el atraso relativo histórico en las negociaciones agrícolas. Más allá que la Ronda estuviera condenada desde antes de 2006, la posición argentina fue coherente hasta el final - incluso pagando el costo que se dijera que "la Argentina habría pateado el tablero". ¿Y Brasil? Según el mismo Nassar:

E as recentes afirmações enaltecendo a criação do G-20 da OMC como estratégia de mudança na relação de poder nas negociações comerciais multilaterais jogaram uma pá de cal na esperança de quem, como eu, ainda acreditava que havia alguma motivação comercial nas ações da diplomacia na Rodada Doha.

Y quiero que conste que no necesariamente estoy en contra de los objetivos políticos, mientras estén claramente definidos. Como en el caso de Brasil. Pero tampoco puedo dejar de reconocer que cualquier objetivo político factible para la Argentina es necesariamente más light, y quizá no requiera pagar un costo comercial.

lunes, 19 de julio de 2010

¿Administrar Comercio?

Una de las cosas que más escuché de las bocas de nuestros expertos sinólogos es que la gran dificultad que tenemos en las negociaciones con la República Popular es que ellos hablan con una sóla voz y nosotros tenemos una cacofonía muy particular. No sé muy bien cual es esa voz única, aunque todo me lleva a creer que es Hui Liangyu, Vice Primer Ministro a cargo de agricultura y desastres naturales.

Lo nuestro, es verdad, es medio cacofónico. Pero si uno se pone a pensar, no es ilógico. La Ministra de Producción estaba para hablar de los anti-dumpings. Al Ministro de Agricultura le interesa la soja. Pro-Tejer festejaba cada vez que alguien decía "ojo que los chinos son bravos". El Canciller miraba los edificios, y dijo algo de las visas (ver video, min. 14:35). El Ministro de Planificación sólo quería saber de trenes. El lomo que llevó el IPCVA, con la lengua entre los dientes por la próxima apertura del mercado, era realmente de primera.

Y bueno, así es nuestro juego. Es el gran chow de la democracia. Pero al fin del día hay una figura que ordena esa maraña de opiniones e intereses. Y eso queda bastante claro en las últimas preguntas de esta entrevista, cuando la PNA dice que:

Nosotros estaríamos “reprimarizando” nuestras exportaciones, perderíamos en balanza comercial y en trabajo en Argentina. Tenés un comercio deficitario, independientemente de la calidad de los bienes que importes o exportes, pero además lo que importás es de gran valor agregado, con lo cual destruís trabajo también adentro.
Y un poco de eso se trata. Hay negocios muy interesantes, y

Cuando yo hablo de “desojizar” la discusión no pasa por venir a pelear y decir “por favor, ábranme de vuelta las importaciones de soja” ... porque es un producto que tiene mucho mercado. Hoy estamos destinando parte de esa soja a mercado interno, por el corte de combustibles con biodiésel. Están surgiendo también plantas de un “crushing” más elaborado que el del simple aceite de soja, que no solamente obtiene aceites, sino fertilizantes, energía, biodiésel... Obviamente, si somos uno de los principales productores de soja también somos formadores de precios. Lo que hay que hacer es tener paciencia y negociar de acuerdo con criterios de equilibrio en el comercio.

En buena medida, las decisiones de comercio exterior de la República Popular están determinadas en función de ciertos objetivos políticos y de desarrollo. Entonces es importante de nuestra parte usar los instrumentos de política comercial que tenemos a mano para impulsar los negocios que nos interesan y frenar abusos que afecten negativamente el bienestar de la población argentina.

Me parece que la típica venta directa de producto argentino con tecnología argentina incorporada representa un riesgo, ya que en muchos casos (medicamentos, maquinaria agrícola, autopartes) tu socio chino Mr. Wang te firma un contrato por muchos millones y te paga muy bien por adelantado las primeras unidades de prueba. Nunca más apareció Mr. Wang, y cuando empezás a hacer las averiguaciones te enterás que hay una Argentina entera de señores que se llaman exactamente igual que tu socio. En dos años, te enterás que Mr. Wang se fue al Oeste chino, y se puso una fábrica de tu producto, que produce 5 veces más que vos y a mitad del costo. Se ahorran mucho con esto de la propiedá intelectual.

Al contrario, algunos de los casos más interesantes fueron en audiovisuales (Telefe va a producir una novela en China para el mercado chino), en medicamentos (Chemo va a invertir US$ 74 millones en un joint venture con Fosun para producir en Shanghai anticuerpos monoclonales a partir de una patente argentina). La biotecnología también tiene perspectivas interesantes. Se está por abrir el mercado chino para sémen y embriones bovinos argentinos, y las tres empresas que acompañaron la misión estaban entusiasmadas con la potencialidad del mercado. Respecto al tema de propiedad intelectual, uno de los empresarios me dijo que "si me quieren copiar, igual necesitan laburar conmigo 10 años". Y es obvio que nadie piensa quedarse parado 10 años en el mismo lugar...

Para serles muy sincero, no voy a estar 26 horas de ida y 28 horas de vuelta en clase turista para vender porotos de soja. Para eso me quedo en casa jugando a la play station, que es más entretenido. Y tengo acceso libre a facebook. Leí por ahí que Clarín dijo que fracasaron (sic) las negociaciones por la soja y que La Nación se dedicó a los modelitos que usó la PNA en las distintas ocasiones. No sé, me pareció que la gente estaba en otros temas más importantes. Aunque también había mucho busca dando vuelta por el lobby...

miércoles, 16 de junio de 2010

Guerra de Divas

Leí este artículo sobre la guerra de egos entre vedetongas que domina el reciente frenesís por integrarse en Sudamérica. Léanlo con tranquilidad, y después les hago un par de preguntas para probar la memoria, je je je.

¿Listo?

Bueno, hablando de divas de la polex, ¿cuántas veces se menciona a la Argentina en el artículo?

(a) Ninguna, estamos tan aislados del mundo que ni nos cuentan más

(b) Varias veces, bajo el liderazgo de la compañera Cristina nos escuchan las naciones del mundo

(c) Dos. Una menciona a un estudioso criticando la falta de foco del Mercosur, y otra menciona el rol de Argentina en el G-20 y Doha junto a Brasil y México

(d) No sé, soy bipolar y derechoso

(e) No me importa la política exterior

Para los que contestaron c: ¿a qué se debe que, en un artículo criticando la sobreactuación en política exterior en Sudamérica, no se mencionen las propuestas argentinas en la materia?

(a) Porque Néstor hizo bien en no ir a Cusco, y el soroche fue una excelente excusa

(b) Porque no tenemos polex

(c) Porque somos el felpudo de Chávez

(d) Hay que dejarse de hinchar las pelotas y fortalecer el Mercosur

(e) No sé, soy bipolar y no me importa la política exterior

¿Cuál de todas las siguientes iniciativas cree que es más beneficiosa para el desarrollo de los pueblos de la región?

(a) Unasur

(b) Casa

(c) ALBA

(d) Premio Nobel de la Paz para Lula

(e) Organización de los Estados Latinoamericanos

(f) Olimpiadas Rio 2016

(g) Petrogas

(h) La Convención de Batmans del Mercosur

(i) Todas las anteriores, y muchas más que se les puedan ocurrir al dúo Lula-Chávez

(j) Echar a Uruguay, Paraguay y Venezuela del Mercosur

miércoles, 9 de junio de 2010

En el fondo, la forma no importa (I)

Este post se origina en una conversación que me tocó escuchar entre dos funcionarios con muuuuucha más experiencia que yo. El tono era crítico a nuestra política exterior, y se centraba en el análisis minucioso de un caso testigo: el plantazo de Néstor Kirchner a la Reina Beatriz de Holanda (tuve que googlear inmediatamente para descubrir el nombre de la monarca y enterarme de lo que había pasado, y descubrí que hablaban de un caso que ocurrió en el año 2006 ¡en el Colón!).

El razonamiento de los colegas puede ser esquematizado de la siguiente forma:

- En los países importantes como Holanda el protocolo se toma muy en serio, y más cuando es una Monarquía

- Esos países tienen memoria institucional y estos desplantes se pagan

- Por culpa del plantazo, hoy en día las autoridades argentinas no logran obtener audiencias con la Casa Real de Orange

Si a cada diplomático se nos regalara un mes de antigüedad por cada vez que escuchamos en los dos eternos años del ISEN alguna variación de la frase “en nuestra carrera, la Forma es fondo”, con un poco de rosca podríamos egresar del Instituto Embajadores – sin rosca, jubilados 18F. Y creo que de tanto escucharlo, en el fondo lo terminamos creyendo un poquito. Lo que no sería grave, si todo terminara en un “¡qué barbaridad!” o un par de “¿dónde iremos a parar?”. Pero a veces la cosa va un poco más lejos, y se nos alimenta con el siguiente análisis:

Las principales características que rezagaron a la Argentina en el plano de las relaciones internacionales fueron signadas por escasas visitas oficiales, sistemáticas ausencias a cumbres regionales e internacionales, plantazos a mandatarios extranjeros, y un deliberado descuido de las minuciosas -pero imprescindibles- directivas del protocolo por parte del ex mandatario; hechos que le valieron un título propio -el estilo K- que desde entonces relució con orgullo.

Aún sabiendo que corro el doble riesgo de ofender a Rodrigo Mallea, escriba de estas líneas (a quien no conozco y por lo tanto no puedo menos que respetar) y aburrir a mis lectores, me parece importante ir al fondo de esta cuestión, y para eso quiero tratar este plantazo testigo desde un doble punto de vista: del interés nacional y del protocolo.

Empezando por el interés nacional, la realidad es que a menos que uno entienda la política exterior como un suplemento especial de la Revista Gente para diplomáticos, las principales características del aislamiento argentino en la década pasada no fueron justamente el poco uso del Palacio San Martín en eventos con mucha pompa o los atrasos en las fotos de las Cumbres. El aislamiento fue la consecuencia tanto de los eventos que culminaron en ese mes de diciembre de 2001, como de decisiones y procesos políticos racionales en los años post-crisis. Ojo que con racionales simplemente digo que fueron el resultado de un análisis de costos y beneficios por parte de los dirigentes en función del interés nacional, no estoy (por ahora, al menos) implicando que el análisis fue correcto o que los cursos de acción fueron los mejores posibles.

Porque el verdadero costo de terminar rápidamente con el aislamiento no eran dos sonrisas y una agachadita, sino que hubiera sido necesaria una respuesta más “market-friendly” a los temitas de la deuda (bonos y Club de París) y de las privatizadas. Si el interés nacional está definido en términos de bienestar de la población, no es absurdo pensar que en un determinado momento histórico la maximización del bienestar de los de adentro puede ser función de una minimización de los lazos con el afuera. Pensemos en otro plantazo testigo: para la Alemania post-Versailles, el costo de evitar el aislamiento era pagar a los vencedores sumas que claramente la economía no estaba en condiciones de afrontar sin un costo social inmenso.

Reduciendo toda esta situación al absurdo: ¿alguien verdaderamente piensa que, manteniendo las mismas políticas que se llevaron a cabo, las inversiones hubieran venido en borbotones si Rodríguez Sáa no se hubiera cagado de risa mientras declaraba el default, si Néstor le hubiera contado chistes a Bush en Mar del Plata o si Cristina se pasara el tiempo visitando Reinas y Princesas de Europa?

Obviamente que no quiero censurar la siempre jugosa crítica a los defectos de personalidad del otro. Y es claro que la impuntualidad es un rasgo criticable de personalidad. Incluso tengo amigos impuntuales y a veces me molesta mucho tener que esperarlos y les hago un puchero cuando finalmente llegan. Pero para construir una verdadera crítica de la política exterior, no hay que conformarse con formalidades. Plantear un camino alternativo implica contestar satisfactoriamente la siguiente pregunta: ¿qué mix de políticas hubiera permitido disminuir el aislamiento sin al mismo tiempo impactar negativamente en el bienestar de la población, o sea, en el interés nacional?

Entonces, reformulando la frase, podríamos decir algo así como que las principales características del aislamiento (o, si algunos lectores prefieren, “sensación de aislamiento”, je je je) fueron la decisión consciente por parte de los gobiernos de Duhalde y Kirchner (I y, en menor medida, II) de evitar los costos de una normalización de relaciones económicas con los países centrales, y el armado de una red de alianzas, principalmente comerciales, basada en países emergentes. Esta red en un primer momento se basa exclusivamente en los países de la región y China, pero a partir de la elección de Cristina Fernández pasa a abarcar otras potencias regionales como Rusia, India y países árabes.

Porque del otro lado del mostrador no tenés a una elegante Reina o a un simpático Presidente, tenés a un país buscando avanzar su propio interés nacional, y a menos que hayan definido a este como “buena onda en las Cumbres”, del otro lado hay inversores que quieren recuperar su platita, clink caja, con un plus por el trastorno de haber tenido que sufrir en carne propia nuestra crisis, y que no se van a volver contentos a casa con una sonrisa, una foto y un gesto cordial, un emotivo brindis y una lágrima en los ojos de los presentes, satisfechos en la convicción que la AUH puede reducir a la mitad el índice de indigencia de la Argentina.

Se hizo largo, mañana sigo y les voy a hablar de…. Protocolo (?)