viernes, 4 de noviembre de 2011

Un día como hoy

Es imposible reducir las líneas generales de la política exterior (o cualquier política) de una sociedad compleja y plural como la Argentina en una frase, una fecha, un principio, una cumbre, una persona o una reunión. Pero es común hacerlo, quizá sea un requisito del método histórico. La necesidad de poder construir un relato accesible, y de poder condensarlo hasta que se transforme en parte de la curricula escolar. No tiene que ver con la Argentina, pero siempre me pareció medio absurdo eso de que "el asesinato de Franz Ferdinand desencadenó la Primera Guerra Mundial". Como el exceso del reduccionismo. Pero a veces uno no resiste a la tentación de reducir.


Un día como mañana, pero en diciembre de 1990, un PNA recibía la primera visita de un Presidente de EE.UU. a Buenos Aires en 30 años. Cuenta la leyenda que varios de sus principales asesores le habrían recomendado al POTUS en cuestión cancelar la etapa Buenos Aires de su gira latinoamericana, esencialmente porque en esas horas se producía el último levantamiento carapintada. Pero que el Presidente de EE.UU. insistió personalmente en venir a respaldar a un Presidente que había cambiado en pocos meses los ejes históricos de la política exterior argentina, enviando naves al Golfo Pérsico en una fuerza multinacional a pedido de EE.UU. En su discurso en la Casa Rosada, Bush padre dijo:


Argentina ha marcado el camino en la restauración de la democracia. Y el Presidente Menem y los argentinos han demostrado esta semana su firme decisión de no permitir que ningún grupo lleve de vuelta al país a los días de violencia y dictadura. Una muestra excepcional de fuerza y determinación.


También cuenta la leyenda que cuando Bush se encontró a solas con Menem, lo felicitó por todas sus victorias recientes (contra los carapintadas, contra los iraquíes, contra la inflación) con la siguiente frase: "Carlos, you are the winner" ¿Cómo resistir la tentación de decir que justo ese día de diciembre nacieron las relaciones carnales?


Otro día de diciembre, pero hace 10 años, un PNA quisó presentar en el Parlamento la quiebra como una reafirmación de la soberanía nacional. Como si Papandreu hubiera querido ponerle un tono de jolgorio y festejo a todo lo que está pasando ahora. Quizá no sea correcto decir que ese día hayan muerto las relaciones carnales, pero si queremos reducir, condensar, explicar y justificar, podríamos presentar el argumento que esos aplausos en nuestro Congreso festejaron el nacimiento de una nueva etapa en la política exterior argentina, lo que muchos dieron por llamar el aislamiento.

Si se ponen a revisar los primeros posts de este bloj, una de las primeras discusiones que se dio fue justamente sobre el aislacionismo: ¿estuvimos realmente tan aislados del mundo en la primera década del siglo XXI? ¿habían opciones más "integradoras"?

Un día de diciembre, el mes que viene, una PNA inaugurará su segundo mandato después de haber recibido un respaldo plebiscitario. Es posible que en su discurso en el Congreso Nacional establezca las líneas rectoras de la política exterior para los próximos años, y diría que es probable que de cierta forma se anuncie el fin del aislamiento. Los historiadores discutirán si el aislamiento fue tal, si fue inevitable, si habían alternativas, etc etc. Pero la Argentina de hoy ha dejado la crisis del 2001 para atrás, y ahora tenemos que mirar hacia adelante, hacia el futuro.

Un día como hoy, en un minuto como este en el que escribo, una PNA mantiene una postergada reunión con un POTUS para tratar los temas de la agenda bilateral. En esta reunión no se van a definir los ejes de la PEA, pero sí de cierta forma se definirá el marco internacional en el que podremos actuar. El margen de acción. Nuestra relación con la principal potencia del mundo, lo que no es poco. Quizá en el futuro podamos condensar y reducir tendencias, construir un nuevo relato superador a partir de lo que se diga y del tono en que se lo diga en una reunión como la de hoy.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

La idea de democracia directa

Hace unos días empecé a escribir sobre este tema, y ahora llegó la hora de concluirlo. Una aclaración: yo creo en el ideal de la democracia directa. Reconozco la imposibilidad de llegar a un sistema político puro y perfecto, pero considero que el esfuerzo colectivo debe estar orientado hacia el perfeccionamiento y creación de herramientas que permitan incrementar el rango de las decisiones de carácter político que son tomadas por el soberano en forma directa.


En ese post, mencioné algunos elementos que permiten ser optimistas sobre las posibilidades de más democracia directa en nuestras sociedades. Para empezar, está internet. Hace "apenas" 27 años, Bobbio escribía sobre la democracia plebiscitaria:


(E)l referendum ... es un expediente extraordinario para situaciones extraordinarias. Nadie puede imaginar un Estado que pueda ser gobernado mediante el llamado continuo al pueblo... Excepción hecha de la hipótesis, que hasta ahora parece de ciencia ficción, de que cada ciudadano pueda trasmitir su voto a un cerebro electrónico con sólo oprimir un botón en su casa.


Bueno, excepto que eso aún no es posible por cuestiones de seguridad, se puede decir que ya no es una hipótesis de ciencia ficción, sino una meta alcanzable. Y revolucionaría a la gobernabilidad como la conocemos: la posibilidad de ejercer un verdadero control popular sobre el proceso legislativo, por ejemplo.


Bobbio identifica dos fenómenos simultáneos de descentralización de poder, vertical y horizontal, que en forma conjunta representan lo que se llama "democracia participativa". El vertical se da con una transferencia de poder de la Nación a sus divisiones, y la creación de unidades de toma de decisiones (auto-gobiernos) a niveles cada vez más locales - la barrialización de la política. La descentralización horizontal es lo que se entiende como pluralismo: en la democracia directa de los antiguos, el poder estaba concentrado en la pólis. En las democracias modernas, el poder se reparte en forma creciente desde el Estado hacia otros centros de poder en las sociedades civiles.


No existen en teoría política definiciones que permitan marcar fronteras claras entre conceptos como "democracia directa" y "democracia participativa". Si bien en algunos casos ambos conceptos son usados de forma intercambiable, como si fueran sinónimos, Bobbio destaca que más allá de una posible genesis asambleísta, tanto las instancias de auto-gobierno barrial como los centros plurales de poder (sindicatos, asociaciones empresarias, ONGs) terminan funcionando bajo un marco de representatividad.

Y nos queda un último tema para tratar en este post, que es la democratización de las distintas instancias de la sociedad civil que no tienen que ver exclusivamente con la participación del votante en los comicios para elegir representantes. Hasta hace algunas décadas, el nivel de democracia de un país se podía medir en función de la amplitud de los derechos políticos, pero hoy en día se ha establecido un estándar por el cual un país no es verdaderamente democrático si no se establece el sufragio universal y no existen minorías excluidas. Para Bobbio, medir el nivel de democracia hoy no implica "ver si aumentó el número de electores, sino el espacio en el que el ciudadano puede ejercer su poder como elector":

De cualquier manera, una cosa es cierta: los dos grandes bloques de poder descendente y jerárquico en toda sociedad compleja, la gran empresa y la administración pública, hasta ahora no han sido afectados por el proceso de democratización; y hasta que estos dos bloques resistan la presión de las fuerzas que vienen de abajo, no se puede decir que la transformación democrática de la sociedad se haya realizado.

Entonces el pluralismo es una forma de entender la descentralización del poder, pero si el poder fluye hacia entidades con un bajo índice de democracia en su proceso decisorio, la descentralización puede no ser sinónimo de democratización. Un caso claro es la por algunos deseada independencia de los Bancos Centrales: el sometimiento de la autoridad monetaria al poder político es una forma de garantizar el control del soberano sobre las decisiones de política monetaria. Garantizar su independencia puede ser deseable desde un punto de vista de la eficiencia del manejo de ciertas variables, pero es claramente anti-democrático.

Y no deja de ser curioso que este post sea publicado esta semana, cuando los mercados mundiales se encuentran en estado de convulsión por la decisión de Papandreu de someter al soberano el plan de ajuste acordado por la UE. Más allá de las posiciones personales que cada uno de nosotros pueda tener sobre el tema (la mía está explícita en el primer párrafo de este post), me parece que de cierta forma el tratamiento del tema permite transparentar posiciones. Y entender un poco mejor la fragilidad de nuestros sistemas democráticos, y las verdaderas amenazas a su estabilidad.

miércoles, 26 de octubre de 2011

On bullshit

Hoy les voy a hablar de mi libro de cabecera. Es un ensayo escrito por un filósofo estadounidense, Harry Frankfurt, un intento de teorización del bullshit. Paidos lo traduce como "fantochada", que no me termina de convencer. El mini-libro empieza con la siguiente frase:


One of the most salient features of our culture is that there is so much bullshit. Everyone knows this. Each of us contributes his share. Una de las características más sobresalientes de nuestra cultura es la gran abundancia de bullshit. Todos lo sabemos. Cada uno de nosotros contribuye con su parte.


El ensayo empieza tratando de definir al bullshit, y al no lograr coincidir con las definiciones formales, pasa a un intento de desarrollar una "apreciación preliminar pero más enfocada de (sus) características centrales". Primero opone la rigurosidad al bullshit, utilizando como ejemplo la cruzada personal y profesional de Wittgenstein contra la charlatanería. Wittgenstein consideraba que los artesanos de antiguamente dedicaban el mayor esfuerzo a cada parte mínima de su trabajo, ya que "los Dioses están en todas partes".


Como opuesto a esa seriedad del artesano, Frankfurt compara el bullshit a un producto hecho sin cuidado, de forma desprolija. Como algunos de los chiches que vienen en los huevitos Kinder, hechos por mano de obra semi-esclava en el oeste de China, con la pintura corrida o el plástico mal formado. Hilando más fino, transcribe una anécdota relatada por Fania Pascal:


Me habían extraído las amígdalas, y me auto-compadecía en el Sanatorio Evelyn cuando Wittgenstein me pasó a visitar. Grazné: "me siento como un perro atropellado". Se indignó: "¡Vos no sabés qué es lo que siente un perro que fue atropellado!".


Ahora bien, se pregunta Frankfurt, ¿qué es exactamente lo que indigna a Wittgenstein en ese comentario tan trivial de Pascal? Evidentemente no es una cuestión de que Pascal esté mintiendo. Pascal estaría mintiendo si supiera como se siente un perro atropellado y de hecho se sintiera de otra forma. Tampoco es una equivocación: se equivoca el que trata de explicar algo correctamente. Es otro tipo de preocupación, sobre la falta de rigurosidad en la caracterización que Pascal hace de sus sentimientos: "su problema no es que no logra hacer las cosas bien, es que ni siquiera lo intenta".


Lo que me lleva a un civilizado intercambio de ideas en los comentarios a este post, con el amigo Constantino Roblas. Todo empezó ante una pregunta de Vino Francés sobre el uso de "la Ministro" o "la Secretario" en el Ministerio, y C. saltó con que:


CON EL PRESIDENTE LO CORRECTO ES DECIR PRESIDENTE TAMBIEN PARA UNA MUJER... LA GRAMATICA A VECES NO SE LLEVA BIEN CON CIERTO FEMINISMO."


Yo dije que creía que el debate gramatical estaba saldado, y que también se había saldado el debate político con el 54%. CR contestó que su comentario era gramatical, no político. Civilizadamente habló de la obsecuencia y de las cuestiones incorrectas y no saldadas. Yo civilizadamente le contesté que ese debate me tenía los huevos por el piso, y que si la Real Academia Española dice que presidenta es la "mujer que preside" y que la palabra presidente puede ser "común en cuanto al género ... pero el uso mayoritario ha consolidado el femenino específico presidenta", basta ya con la boludezCR se ofendió con mi mención al órgano reproductor masculino, dijo que no había dicho exactamente lo que dijo, y se despidió como ingresó a este bloj con una de Embajadores políticos y boy scouts, teatral y definitivamente (?).


Wittgenstein no hubiera aprobado la falta de rigurosidad de este bloj. Uno debe siempre ser auto-crítico, y reconozco que no es verdad que tenga los huevos por el piso. Aunque no padezco ni he padecido elefantiasis, respeto enormemente a las personas que sufren de esa terrible enfermedad. Mi caracterización de ese sentimiento en particular fue errónea, no porque sea una mentira (como en el caso de Pascal, para poder mentir yo tendría que saber como se siente tener los huevos por el piso), sino porque demuestra un desinterés absoluto por la verdad. Es bullshit, y pido perdón.


Debo ser más riguroso, y por eso vuelvo a Frankfurt. En su intento por llegar al corazón del bullshit, explora los usos del verbo bull, las implicancias del shit, instancias del discurso donde se ha usado el término. Siempre presente la vinculación entre la mentira y el bullshit. En una de las partes más brillantes, defiende la superioridad moral de la mentira: el mentiroso tiene una preocupación inexorable con el valor de la verdad. Para crear una mentira efectiva, tiene que creer conocer la verdad, y diseñar la falsedad bajo la luz de esa verdad. Es un trabajo de artesanos. El practicante del bullshit, a su vez, no tiene particular apego por conceptos como verdad o mentira. Los hechos son elegidos y declamados con el objetivo de zafar de algo, lograr algo. Si son verdaderos o falsos, no es su preocupación.


Lo que me lleva de vuelta a Constantino y sus idas y vueltas. En su primer comentario, afirmó que el vocablo presidenta sería incorrecto. En el segundo, reafirmó su vocación gramatical y mandó algunas bravuconadas ("procuro ser coherente", "la obsecuencia no es lo mío", "te voy a decir siempre la hora que es"). Pero en el fondo su preocupación no es exactamente con la verdad. La única verdad, la realidad, es la que sale de la Real Academia. O bueno, alguna fuente alternativa, pero encontrable. Contrastado con esa verdad, en último comentario se pone a hablar del órgano reproductor masculino.


Si su preocupación fuera la verdad, y su comentario una inocente equivocación, probablemente nos lo haría saber de alguna forma. "Mirá vos, así que todos estos años que Clarín nos dijo que está mal decir Presidenta, era un error...". Si lo que uno busca es la verdad, no puede más que manifestar satisfacción al encontrarla. Constantino encuentra la verdad y se indigna.


Pero tampoco se puede decir que sea mentiroso el amigo Constantino. Para ser mentiroso, tendría que conocer la verdad (presidenta es la mujer que preside) y deliberadamente querer engañarnos, afirmando algo que él sabe ser falso. No creo que sea ese el caso. Este parece ser un caso clásico de despreocupación con la verdad o la mentira. No importa si presidenta es la mujer que preside o un invento de una loca pastillera. Lo que importa es la utilidad del argumento, su eficacia, no su veracidad.


Y vuelvo a Frankfurt, que se pregunta por qué hay tanto bullshit hoy en día. Confiesa no poder medir la incidencia del bullshit hoy para poder compararlo con eras pasadas, pero agrega algunas observaciones interesantes. Para empezar, que el bullshit es inevitable cuando las circunstancias requieren que uno hable de un tema sobre el cual no conoce. En la vida pública (incluso en un ámbito tan reducido como este bloj), ello ocurre a diario.


Pero a Frankfurt también le preocupa cierto anti-realismo relativista, que rechaza la posibilidad de acceder a la realidad objetiva. Al no existir una "verdad" a la que uno pueda llegar, algunas corrientes proponen el ideal alternativo de "sinceridad". Si la verdad no tiene una naturaleza inherente, el individuo debería abocarse a ser fiel a su propia naturaleza. Pero la fidelidad requiere conocer esa naturaleza, y "no existe nada en la teoría, y seguramente nada en la experiencia, que apoye el increíble juicio de que la verdad sobre uno mismo es la más fácil de aprehender".


Volvamos a Constantino, y su (no tan) elíptica acusación de obsecuencia. Si quiero ser riguroso, no me puedo defender. No tengo elementos para afirmar con seguridad "Yo no soy obsecuente". Las personas más obsecuentes que conozco son también las primeras en negar su propia obsecuencia. Algunas serán mentirosas: se saben obsecuentes y buscan falsificar esa verdad. En otros casos, es simplemente bullshit. Creo que muchos obsecuentes sinceramente no se creen tal, en cuyo caso yo tranquilamente podría ser uno de ellos. Pero quizá los esté aburriendo con tantas disquisiciones. Así que bueno, Constantino, siempre sos bienvenido en El adentro y el afuera, con tu ternura y tu sinceridad ("yo, en cambio, te voy a decir siempre la hora que es").


Y vuelvo a Frankfurt, que es mucho más riguroso que yo. Está dispuesto a llegar al corazón del asunto, y plantea la incoherencia central del argumento: la arrogancia de creer que uno mismo es un ser determinado al que se le pueden adscribir descripciones correctas e incorrectas, al mismo tiempo en el que se le niega esa determinación a todo lo demás:


Facts about ourselves are not peculiarly solid and resistant to skeptical dissolution. Our natures are, indeed, elusively insubstantial - notoriously less stable and less inherent than the natures of other things. And insofar as this is the case, sincerity itself is bullshit.




PS 1: Ayj, este es otro paso en la dirección del post que un día voy a escribir sobre UCR y Cancillería

miércoles, 19 de octubre de 2011

El domingo se vota hasta en la China

No crean que me olvidé de la democracia directa. Pero la realidad asoma su cabeza, y como ciudadano les debo decir que mientras no se pueda realizar el sueño de la democracia directa, tenemos que festejar que vivimos en democracia. Una de las cosas copadas de vivir en el exterior es que el voto es un derecho, y no una obligación - y donde hay una sede diplomática argentina, hay mesas habilitadas para ejercer el derecho.


Hay mucha información sobre el tema: acá tienen el portal de Cancillería sobre Elecciones 2011, con información para el elector sobre cómo votar en el exterior (o justificar el no-voto); acá está el perfil de facebook para el elector argentino en el exterior; acá hay un video en You Tube sobre el mismo tema. Por primera vez, se están habilitando mesas en ciudades donde hay muchos electores registrados pero no tenemos consulado: Boston (EE.UU.), Munich (Alemania) y Camboriu (Brasil).


Así que no hay excusas: argentinos en el exterior, a votar.

lunes, 17 de octubre de 2011

Democracia representativa y democracia directa

Es una de las cuestiones fundacionales de la ciencia política, y una de las más fascinantes. Ya lo identificó Rousseau en el Contrato Social: "la soberanía no puede ser representada por la misma razón de ser inalienable". Sin embargo, la democracia moderna (o sea, representativa) surge en buena medida de las ideas contenidas en ese libro. Esa contradicción fue desmenuzada en el blog español Autogobierno, por lo que no me voy a detener en este punto.


Norberto Bobbio publicó en 1984 una colección de ensayos titulada "El futuro de la democracia". El segundo de ellos se llama igual que este post, y empieza con la siguiente frase:


Parto de una constatación sobre la que todos podemos estar de acuerdo: la petición de mayor democracia, tan insistente en estos últimos años, se manifiesta en la exigencia de que la democracia representativa sea acompañada e incluso sustituida por la democracia directa.


Esto sigue siendo válido hoy, 27 años después. Para empezar cualquier crítica de la democracia representativa, es necesario hablar de la representación. Una vez que queda definido que A representa a B, surgen dos cuestiones centrales para Bobbio: los poderes del representante (¿cómo representa?) y el contenido de la representación (¿qué cosa representa?). Generalmente, las respuestas a la primera pregunta se ubican en dos grandes campos: A puede representar a B como delegado (como vocero, sin poder de decisión) o como fiduciario (con cierto margen de acción, sin vinculo de mandato imperativo).


Las respuestas a la segunda pregunta también se dividen en dos grandes ramas: de un lado, la representación del interés general; del otro, la representación de intereses particulares (como trabajador, como empresario, como mujer, como estudiante). La teoría política moderna de cierta forma vincula la representación de los intereses particulares bajo la forma de delegación, y la representación del interés general con el carácter fiduciario.


La crítica de la democracia representativa no lleva necesariamente a la democracia directa. De hecho, buena parte del pensamiento clásico socialista sobre la democracia liberal-burguesa se basa en dos pilares: la crítica a la prohibición del mandato imperativo (que un diputado, una vez elegido, pueda hacer lo que se le antoje) y la crítica a la representación del interés general (en específico, a lo poco "general" que resulta ser el "interés general" defendido por los parlamentarios). La tradición política del último siglo ha visto intentos de solucionar estos problemas sin abrir mano de la representatividad: las democracias populares instituyendo elementos de vinculación imperativa de mandato en los representantes, y los regímenes fascistas a través de la representación corporativa.


Bobbio plantea que, al contrario de lo que afirma la politología tradicional, no existen sistemas puros de democracia representativa o democracia directa, sino que existe un continuo en el cual los sistemas políticos se componen de elementos de ambos tipos de democracia. Incorporar algun grado de mandato imperativo en un parlamento (por ejemplo, estableciendo un sistema de sustitución rápida de representantes cuando incumplen determinado mandato popular) incorpora elementos de democracia directa a un sistema representativo, sin cambiar del todo su naturaleza.


Pero ¿qué es entonces la democracia directa? ¿Puede realmente el soberano tomar las riendas del gobierno sin depender de una casta de "representantes profesionales"? Estrictamente hablando, los mecanismos conocidos de democracia directa son dos: la asamblea de ciudadanos y el plebiscito. Y Bobbio tiene razón cuando afirma que "ningún sistema complejo, como es el de un Estado moderno, puede funcionar solamente ... con ambos".


Existen casos clásicos de gobiernos asambleístas (las ciudades-estado de la antigua Grecia, la comuna de París), pero por más presupuesto participativo que uno fomente no es posible imaginar una Ley de Presupuesto Nacional en la Argentina que sea el resultado de asambleas en las plazas. Tampoco es factible un sistema donde todas las decisiones de gobierno requieran ser plebiscitadas. Quizá la gran barrera a la implementación de más democracia directa sea estructural: nuestros sistemas políticos, nuestras empresas, sindicatos, universidades están organizados de manera jerárquica, y la democracia directa es horizontal.


Ahora, existen varios elementos que permiten ser optimistas en relación a las posibilidades de más democracia directa en nuestras sociedades contemporáneas:


  1. La descentralización del poder en forma vertical: poder que fluye de la nación hacia abajo (provincias, ciudades, barrios)
  2. La descentralización del poder en forma horizontal: poder que fluye del Estado hacia otras instancias (empresas, cámaras, ONGs)
  3. Internet y otras tecnologías de la información que facilitan las instancias de la democracia directa
  4. Democratización en diversas instancias de la sociedad civil (corporaciones, administración pública, sistema educativo)
Pero bueno, esto se hace largo, y dejo estas tendencias para el próximo post.

viernes, 14 de octubre de 2011

Los poderes establecidos y la ocupación

Como comenté en el post anterior, me colgué con temas de la ocupación - particularmente con los ríos de bytes que se están produciendo en estos momentos. Sobre el poder de los movimientos populares en EE.UU., sobre la relevancia de la izquierda en el mundo, sobre el populismo de derecha y de izquierda, sobre la importancia de las demandas concretas en la protesta social. Leí dos notas que me interesaron mucho, una de Jeremy Kessler sobre la relación de la ocupación con la policía, y otra de James Reiney en Los Angeles Times sobre el tratamiento que han recibido los okupa por parte de los medios de comunicación de masas.


La relación (generalmente conflictiva) con las fuerzas del orden es crucial en cualquier movimiento de protesta social. Es una relación que tiene muchas aristas: como Kessler identifica claramente en el artículo de la revista n+1, la confrontación puede ser "ideológicamente correcta y tácticamente útil" en casos de luchas por derechos de las minorías, donde las fuerzas del orden son representadas como parte de una mayoría opresora y represiva. Pero para hacerse cargo del 99% que la ocupación dice ser, la policía no puede ser el enemigo: sí o sí es parte del 99%.


Porque además uno de los aspectos más interesantes de la ocupación es su sistema político: reniegan de la democracia participativa y se practica una especie de democracia directa. Entonces, para obtener el éxito en sus propios términos, la ocupación no puede limitarse a representar el 99%. Tiene que serlo. Kessler identifica dos temas cruciales en la relación policía-ocupación para el éxito de esta última:




  1. La amenaza de la represión policial limita la participación de asalariados en las protestas. En una época de crisis y precariedad laboral, donde además las averiguaciones de antecedentes en el proceso de selección personal están a la orden del día, poca gente quiere correr el riesgo de perder el laburo por ir a una marcha.
  2. La ausencia de policiales-okupa debilita el argumento del 99%. A medida que los sindicatos se van sumando a la protesta, es posible que ciertos policías se acerquen en forma individual. Para Kessler, "la simpatía de la policía con el movimiento sólo puede ocurrir con un ensanchamiento de las bases sociales y económicas de la Ocupación".
Una barrera para establecer relaciones más formales con la policía está en el sentimiento de los participantes anarquistas y su aversión por la autoridad. Kessler relata en primera mano las discusiones sobre seguridad que se dan en las reuniones de la ocupación - y la dificultad de conciliar posiciones antagónicas sobre cómo tratar con la policía. Otra barrera es la memoria histórica: si bien Bloomberg ya aceptó que los ocupantes tienen derecho de quedarse, en las primeras semanas la represión fue brutal.

El gran desafío ahora es el crecimiento de la ocupación. A medida que los sindicatos, uniones de estudiantes y otros grupos sociales se suman al movimiento, "llegará un momento en el cual la policía no podrá mantener las actuales fronteras de la Ocupación sin el uso activo de la fuerza". Kessler detalla un cambio de actitudes entre los ocupantes, con nuevas voces que defienden una política de seducción y acercamiento.

La conclusión de Kessler es de cierta forma que las relaciones con la policía son parte de una dinámica que tiene que ver con el objetivo mismo de la ocupación: la radicalización del ambiente político. El autor afirma que la verdadera demanda es la ocupación en sí y el experimento de democracia directa que ocurre ahí adentro. En ese sentido, la ocupación es como el sueño del cientista político:

La Ocupación busca auto-conscientemente crear los medios - la radicalización del ambiente político - y no los fines de una política de izquierda.

La nota de Rainey hace una comparación sobre el trato que los medios de comunicación de masa le han brindado a la Ocupación y al Tea Party, afirmando que la siguiente frase se podría aplicar a los inicios de la cobertura de cualquiera de los dos movimientos:


Probablemente viste esos carteles raros y manifestantes afirmando que si fuera por ellos el Gobierno desaparecería. En seguida, un reportero cuidadosamente explicaba que esta gente se había reunido en masa sin un propósito concreto, sin demandas. Los personajes que veías en la pantalla parecerían en general un tanto ridículos, o directamente locos.


Para Rainey, la relación entre movimientos de masa incipientes y medios de comunicación es siempre complicada: los movimientos incipientes están en proceso de formación, y la prensa quiere definir, encasillar y digerir lo que todavía no está completo. Pero por otra parte, se forma una relación perversa entre manifestantes que quieren atención y dar a conocer su movimiento, y medios que quieren un titular instantáneo o una foto que venda. Los manifestantes entienden que los que parecen demasiado normales no ganan cámara, y algunos periodistas tienen buenas intenciones pero ni la menor idea de lo que está ocurriendo a su alrededor.


El autor compara a Fox con MSNBC: mientras con el tea party la primera les hacía propaganda y la segunda se reía de todo el evento, con la ocupación los roles se han invertido. MSNBC abrazó a Occupy Wall Street y Fox se dedica a decir cosas como que los manifestantes se la pasan consumiendo drogas, que el movimiento está infiltrado por criminales terribles, o que sólo quieren comida gratis (el choripan y la coca, vieja).


Las soluciones son complicadas, tanto en la Argentina como en EE.UU. Estos movimientos terminan por transformarse en eventos mediáticos, sujetos a la "demonización o la trivialización" por parte de los medios de comunicación. Rainey considera que en estos casos:


A veces la historia más valiente es la que se anima a admitir: no he visto algo así antes. No estoy seguro qué significa. No tengo idea hacia donde va.


Pero a veces para la prensa es difícil confesarlo. En los países serios y en los otros también.


miércoles, 12 de octubre de 2011

Teorizando (the Jesus stuff)

Muy buen debate en el New York Times del fin de semana sobre el movimiento de los okupa de Wall Street. En el post anterior mencioné la teorización de la protesta social como parte del paquete de servicios especializados que podríamos exportar a países con altos índices de bronca. A España puede ser, pero realmente va a ser muy complicado vender servicios de teorización a EE.UU.


Un tema común en los 7 breves ensayos y la introducción es la fuerza que le da al movimiento el hecho de no presentar demandas concretas, sino que un difuso lema. Eso permite agrupar distintos movimientos con distintas bases y objetivos bajo un mismo paraguas. Esa característica diferencia sensiblemente a movimientos como los indignados, los okupas o el "que se vayan todos" de otros movimientos, como la primavera árabe, donde generalmente lo que se busca el cabeza de un dictador.


Nathan Schneider, único periodista admitido a las reuniones de planeamiento de la protesta y editor del blog pacifista WagingNonviolence, considera que la principal fortaleza del movimiento ha sido su paciencia: seguir ocupando la plaza en forma ininterrumpida, y que el gran riesgo es el de cooptación por la vieja guardia (sindicatos, ONGs, lobbies). Pero reconoce que es imposible plantear un crecimiento sin el apoyo de esas organizaciones que configuran la vieja guardia. ¿Reconocen esa discusión?


Naomi Klein, la Sharapova de los movimientos sociales, plantea que mientras las antiguas marchas anti-globalización se centraban en un evento (cumbre, reunión del FMI o la OMC) y se disipaban cuando el evento terminaba; al tener un objetivo fijo (Wall Street), los okupas tienen la capacidad de arraigarse y darle continuidad al movimiento. Plantea además que apoya la decisión de no ceder a reducir el movimiento a una lista de demandas: "Los movimientos chicos se tienen que contentar con reformas chicas; los grandes tienen la libertad de soñar."


Anton Woronczuk es estudiante y manifestante. Para él, la pureza es la fuerza de la Ocupación: su compromiso con la no-violencia, su dedicación a la democracia directa: "Occupy WS es la antítesis de la cultura política de pasividad de la izquierda que gastó energía y recursos en promover a Barack Obama como la solución para las crisis inmediata y estructural". Anton destaca el sistema de dirigencia rotativa, como experimento en la conducción de movimientos sociales sin un liderazgo formal.


Satya Pattnayak, profesor de sociología y ciencia política, afirma que la Ocupación es más comparable a no se qué movimiento de la India que a la primavera árabe. No tengo ganas de leer sobre la India hoy, así que paso.


Michael Kazin es profesor de historia en Georgetown y co-editor de la revista de izquierda Dissent. Su perspectiva es la de la izquierda tradicional, y en ese sentido considera que la Ocupación es todo muy lindo, un sueño de pendejos, pero que se van a tener que poner los pantalones y lidiar con el mundo real.  Incluso menciona el riesgo que, con una izquierda dividida, los Republicanos retomen el mando. Pero, si bien reconoce la incapacidad de la izquierda estadounidense de plantear un desafío real a los poderes establecidos, afirma que su poder (de la izquierda) siempre estuvo en su capacidad de transformar el sentido común de la sociedad.


Paul Berman, escritor y vocero informal de la actual "izquierda intervencionista" estadounidense, cuenta que "los sindicatos se sumaron el miércoles. Con eso me bastó, y yo me sumé también. Marchamos por Broadway con los camaradas del Comité Obrero Judío." Berman manifiesta su indignación con la incapacidad de la dirigencia de condenar ni siquiera moralmente a los responsables de la crisis, y se lo nota enamorado del movimiento. Optimista a prueba de balas, cree que esto de que no hayan demandas concretas es un activo, porque total "todos sabemos de qué se trata todo esto".


Stephen Zunes, profesor de política de la Universidad de San Francisco, cierra la serie con unas reflexiones sobre el papel limitado de la protesta en generar un verdadero movimiento social, y la necesidad de avanzar sobre una agenda positiva y sintonizada con las corrientes mayoritarias del pensamiento norteamericano.


Pero no me detuve en el NYT, y me puse a navegar un poco la blogosfera política estadounidense. A los argentinos nos gusta teorizar sobre las cosas, es verdad, pero mucha gente + mucho acceso es una combinación imbatible para la teorización. Una placita tomada por tres semanas, un puñado de ocupaciones más en otras ciudades y pareciera que estamos al borde de la #revolución. Aunque sí es verdad que esto es el evento más relevante para la izquierda estadounidense en décadas.


Me colgué leyendo artículos y posts, mirando entrevistas. Este tipo, por ejemplo, en una entrevista que Fox jamás mandó al aire. El poder de los medios para armar la agenda de discusiones de una sociedad, subiendo el volumen de algunas voces y callando otras para que el mensaje sea el que los medios quieren. Como los intereses de los medios se confunden con los intereses de ese 1%. No es una lucha para derribar a un odiado dictador o la lucha por derechos básicos - es nuestra lucha. En un momento, Ray (el entrevistado) menciona que a él en particular y a muchos otros nos gustaría ver políticas más ocupadas "de la justicia económica, la justicia social - Jesus stuff". Los métodos son viejos conocidos nuestros: la deconstrucción del discurso, el ataque a los medios concentrados y a los intereses oligopólicos, la protesta en sí... 6-7-8 stuff.