lunes, 25 de febrero de 2013

¿Qué onda con los encendedores?

Me encanta escuchar las historias de la Angola de antes. De las épocas del socialismo científico y la República Popular. De los tiempos del kwanza burro, cuando María no conocía el dólar y era todo por amor. Antes de los chinos y los brasileños, cuando los médicos y constructores cubanos reinaban absolutos en la Maianga. Las buenas épocas, antes que llegaran energía y comida en abundancia. La gente te cuenta historias buenísimas, de educación estalinista y apagones que duraban semanas enteras. De una ciudad sin embotellamientos, porque no había nafta para los pocos autos que podrían circular.

En esas épocas, el abastecimiento era fuente de dolor de cabeza constante. Moscú era Miami al lado de esto. Te cuentan que cuando llegaban contenedores con comida u otros productos del exterior, todo el mundo (bah, los que tenían algo de plata con la que comprar esos productos) se enteraba y se apuraba a actuar en consecuencia. Amarrocando, que le dicen. Si justo llegaba una carga de papel higiénico, u ollas, o harina de maíz, había que tratar de conseguir lo máximo que se pudiera, que uno nunca sabía cuando volvería a encontrarse con dichos bienes. El trueque también era moneda corriente, porque quizá uno había logrado valerse de buenas cantidades de aceite pero se había quedado sin jabón...

Aunque cambia todo cambia, todo cambia lentamente y viejas costumbres tardan en morir. Una cosa que queda es, por ejemplo, cierta inconstancia en las formas de distribución. Claramente la modernidad son los supermercados. A medida que avanza la infraestructura en la ciudad de Luanda y se van creando avenidas que conectan los barrios, empiezan a surgir supermercados y otras bocas de expendio formales de productos. Pero aún es raro que uno encuentre en un supermercado todo lo que necesita, entonces la práctica indica que para hacer compras hay que recurrir a varios puntos de venta - lo que además en Luanda implica coordinar las cosas para no perder el día en el tránsito.

Para citar un ejemplo, estuve dos meses sin encontrar encendedores. En un supermercado no tenían. En otro me olvidé de preguntar. Me dijeron que los zungueiros que venden cigarrillos en el largo de Kinaxixi tienen encendedores. Fui pero justo no tenían. Otro en la Rocha Pinto me quiso cobrar cinco dólares por un encendedor chino, así que lo mandé a freír mandioca. Pasamos frente a una tabaquería-papelería, me bajo del auto pero había como diez personas esperando y no tuve paciencia. En otro supermercado me dicen que "tendrían que estar acá", diez minutos después aparecen pero no les encuentran el código de barra.

Tampoco es tan grave, siempre se consiguen fósforos. Son más incómodos pero no es el fin del mundo. Pero aún así el otro día me puse chocho cuando tenían unos encendedores muy berretas en el Martal. Comprarlos no fue sencillo, ya que la cola normal del supermercado no servía para pagar encendedores, había que hacer otra cola especial para algunos productos seleccionados (maquinitas de afeitar, encendedores, alisadores de pelo), lo que implicaba un montón de boletas por duplicado ya que a la salida del Martal uno siempre tiene que dejar una copia de las facturas con el guardia de seguridad. Aproveché y compré como diez encendedores. Algunos incluso prenden.

4 comentarios:

Comandante Cansado dijo...

Me hizo acordar a algunas cosas que cuenta Delisle en Crónicas birmanas.

Ezequiel Avila dijo...

Estimado EDA, felicitaciones por el blog. Este año ingreso al ISEN y me parecen muy interesantes tus posteos. Te mandé mail a este correo: heldeadentro@gmail.com

Si no es el correcto, te pediría que me pases otro para consultarte algo. Saludo
Ezequiel Ávila

el de adentro dijo...

Comandante, muy bueno el de Delisle, voy a ver de bajar crónicas birmanas.

Ezequiel, el mail es el correcto, el que no es correcto soy yo que hace meses no lo abro. Prometo que lo abro y te contesto!!!

Ezequiel Avila dijo...

ok, gracias EDA, espero tu respuesta. abrazo!!!