domingo, 19 de mayo de 2013

El temita ese del agua

Las luces de la Baía de Luanda pueden encandilar. Las grúas y las obras pueden hacer soñar con la Dubai africana. Las 4x4 por todas partes pueden llevar a conclusiones apresuradas. Pero a veces el subdesarrollo muestra su cara en los pequeños detalles. Cuestiones triviales y de importancia menor, que casi casi podrían pasar desapercibidas. Como el agua.

Es una mezcla de un montón de cuestiones relacionadas. Para empezar, de falta de acceso a cualquier tipo de agua corriente: la ONG WaterAid estima que esto alcanza casi el 50% de la población. Siguiendo en la lista, el tema de la calidad del agua que sale de las canillas. Que los médicos te dicen que no debe ser usada ni para lavarse los dientes. Ni siquiera hervida. Pero que los angoleños toman sin más. Y logran una expectativa de vida que mal supera los 50 años.

Pero incluso entre el 50% que tiene acceso a agua corriente de dudosa calidad el panorama no es del todo claro. Una noche dormí en un musseke, en Benguela. Típico hogar de la nueva clase media angoleña: marido enfermero, esposa encargada de limpieza en hotel. Los dos con buenos laburos. Hijos en la escuela. Auto, televisor con parabólica, heladera. Una única canilla para toda la casa, en el patio. Esa canillita abastece cocina, baño, lavadero. El baño, un agujero en el piso y una palangana. En la cena, atentos, nos sirvieron agua mineral. Aclarando que es el agua "de ustedes". Momento apartheid involuntario - pero necesario.


Y no todo es cuestión de infraestructura - aunque es seguro que se necesitan más caños, más cloacas, más estaciones de tratamiento. Visitamos una escuela pública secundaria: un muchacho regaba las plantas con una manguera pero en el baño no había agua. Fuimos a una fiesta: la escalera para llegar a la pista de baile era una catarata de agua perdida pero en el baño no había agua. En estos casos, uno rápidamente decide no tomar cerveza o nada que sea ni remotamente diurético.

En las esquinas de los barrios ricos de Luanda es común encontrar caños que pierden e inundan las calles durante días, semanas o meses. Y ahí donde hay un caño roto chorreando litros de agua, hay angoleños bañándose, lavando la ropa o cocinando. O juntando galones para revenderlos. Porque la escasez y la mala distribución son oportunidades de negocios. El galón de agua cuesta normalmente entre 1 y 2 dólares, pero si hay falta de agua generalizada te lo cobran 5. El camión cisterna con 10.000 litros llega a tu casa por 300 dólares.

Pero los caños rotos son un privilegio de pocos, porque la realidad es que en barrios enteros de la ciudad de Luanda no pasa un caño de agua. En esos barrios, los camiones cisterna reparten agua más barata - agua que viene del río sin tratamiento. Los vecinos descartan el agua usada en las calles. Otros vecinos aprovechan los charcos de agua descartada para bañarse o lavar su ropa. Los charcos se transforman en reservas ecológicas para la proliferación de mosquitos que transmiten malaria y dengue. Y en los baños de los centros de salud del Sambizanga el agua directamente no corre.



Y entonces uno se da cuenta de la magnitud de determinados desafíos. WaterAid estima que 16.000 niños mueren por año en Angola de diarrea causada por las condiciones sanitarias y del agua...
Propiedad intelectual: las fotos las saqué de acá, acá, acá y acá.

martes, 2 de abril de 2013

Teleyoruba

Luanda es una ciudad divertida. Como buena metrópolis, siempre pasan cosas. Pero es una ciudad muy intensa, y a veces está bueno quedarse en casa. En casa, si no estoy tomando un curso acelerado de estalinismo, muchas horas me dedico a ver el canal yoruba de televisión. No, yorugua no, yoruba. No, no me voy a poner a explicar que son los yorubas. Hagan como hice yo la primera vez que vi esa palabra y la busqué en wikipedia.
 
Resulta que las películas en yoruba son una parte importante de la industria cinematográfica de Nigeria, Nollywood. Las películas nigerianas son increíblemente berretas. Los interiores son muy feos, las actuaciones un mamarracho, en exteriores el sonido es pésimo (se escucha todo lo que ocurre alrededor y el viento tapa las voces), la edición es muy poco profesional (los cortes de una escena a otra muchas veces no tienen lógica), la banda de sonido no acompaña el desarrollo de la historia, y así por delante. Pero todo eso lo ignoro totalmente, porque siempre me fascinan los guiones.
 
No porque sean buenos. Al contrario, generalmente son películas muy malas porque parten de guiones pobres y previsibles. Pero revelan formas de pensar y de encarar la realidad muy distintas a las nuestras. En las películas yoruba existen ricos y pobres, existen tramas amorosas, hay crímenes y cuestiones de dinero como en las nuestras. Pero en todas las relaciones, en cada twist de la trama siempre hay un gualicho de por medio. Para conquistar a alguien, para cerrar un negocio, para vengarse de una mala de novela, la solución es siempre la misma: consultar al baba (brujo) del pueblo y hacerle una encomienda.
 
  • Abowaba Laye, por ejemplo, cuenta la triste historia de Labake, enfermerita de pueblo, casada con un hijo de una relación anterior. Cuando se encuentra de casualidad con unas amigas que se fueron a vivir a Lagos, Labake se encandila con las luces de la ciudad y se inventa un curso de especialización en enfermería. Se prostituye, abandona y maldice a su familia, y cuando el hijo se muere le dice al (ex-)marido: "todo el vínculo que existía entre nosotros se terminó". Conoce a un tipo, un caballero que maneja un Mercedes Benz, y se enamoran. Cuando van a consumar su amor, el "caballero" la obliga a punta de pistola a lamerle una llaga supurada en la pierna. A los pocos días Labake se enferma, vuelve a su pueblo, consulta al baba que le dice "este gualicho es fuerte. No tengo poderes para enfrentarlo. Es para atraer plata". Y Labake se muere.
  • En otra película, un señor cambia a su hija por cinco baldes de pescado. Los baldes le vienen bien servidos.
  • Otra película cuyo nombre no grabé trata la historia de un estudiante universitario que afana libros de la biblioteca para venderlos. Una noche por accidente mata a un seguridad. Desesperado frente a la posible pena de muerte, el padre del joven va a visitar a la jueza que tiene la causa en su casa. El seguridad de la jueza lo deja entrar a cambio de quince mil nairas. El señor charla con la jueza, le explica su caso, y la jueza le recomienda que contrate a un buen abogado porque si queda probado que el hijo mató, morirá porque así son las leyes del país y no hay nada que ella pueda hacer. Entra la madre de la jueza y dice que "mientras yo viva, una hija mía no va a condenar a nadie a la muerte, leyes del país o no leyes del país". La jueza promete pensar, y le dice al padre que la llame en dos, tres días. El guardia le cobra otras quince mil nairas para darle el teléfono. En la corte se encuentran con una antigua novia del padre, que tuvo un hijo no reconocido de él. El baba le dice al padre que todos sus problemas derivan de un gualicho debido a un talisman que usó esa vieja novia la primera vez que se acostaron, y que para deshacer el gualicho él (el padre) se tiene que acostar de nuevo con la ex-novia mientras los dos rezan. La película termina con los dos en la cama en un mantra.
  • En una película de guerra, un grupo de mujeres decide tomar armas para defender a su nación. Aunque los hombres les dicen que sin experiencia no van a poder luchar, las mujeres contestan que "no necesitamos saber luchar, nuestros antepasados luchan por nosotros y nos dan sabiduría". Varios se convencen con ese argumento y les entregan las armas a las mujeres. Algunos siguen sin estar convencidos, hasta que el baba dice que los antepasados efectivamente luchan por ellas y entonces se terminan de convencer. Las mujeres ganan la guerra gracias a los antepasados que les indican la posición de los enemigos (que como son malos no tienen antepasados).

Nadie entiende como puedo pasarme casi dos horas viendo uno de esos bodrios. La verdad es que yo tampoco. No se los recomiendo, pero hay un montón en you tube.

domingo, 24 de marzo de 2013

EANGO

Hmmmm, me doy cuenta que en este periplo por Angola hasta ahora me he dedicado principalmente a hablar de boludeces. Bueno, no necesariamente boludeces, pero temas más light. Música, las cataratas, mujeres con baldes en la cabeza, encendedores. Tuve mis momentos serios como este, pero en términos generales no he escrito sobre el laburo. Bueno, creo que es hora de contar un poco sobre el motivo principal que me trae a Luanda (además del kuduro y la tarrachinha, obvio).


Esta es nuestra Embajada en Angola. Queda ubicada en la calle Comandante Stona, nº 190, en el barrio del Alvalade, distrito de Maianga, provincia de Luanda. Está abierta de lunes a viernes de 8:30 a 16:30.  Anteriormente he escrito sobre sedes argentinas grandes como nuestra Embajada en Alemania o el Centro de Promoción en San Pablo. Embajadas y consulados con muchos funcionarios, con divisiones funcionales en "secciones", con mucha gente laburando en los temas.

Esto es otra escala. Somos 9 personas en total, de las cuales 2 venimos de Buenos Aires. Es medio como una embajada DIY. En primer lugar, atendemos una colonia argentina de aproximadamente 200 personas. Emitimos unas 10 visas por semana en promedio. Preparamos estudios y perfiles de mercado a pedido de empresas argentinas. Difundimos oportunidades comerciales para nuestros productos. Políticamente, trabajamos con la Cancillería, por ejemplo, en la visita del Ministro de Administración del Territorio con dos gobernadores y tres intendentes a la Argentina la semana pasada.

Sí, hacemos muchas cosas interesantes, y quedan muchas otras por hacer. Pero bueno, una vez ya les comenté que más allá de las hipérboles, la rutina es algo que a muy poca gente le puede interesar. Como por ejemplo las horas del día que uno gasta controlando que haya gasoil en el generador, que el tanque de agua se llene correctamente, que la chica que se encarga de la limpieza se encargue de la limpieza y no de dormir unas buenas siestas en algún sillón escondido mientras escucha a Rihanna en su celular.


O el tiempo que se pierde averiguando que la razón por la que todas las transferencias de la Embajada están paralizadas hace quince días es porque en el banco se perdieron las fichas con las firmas. Y no se les ocurrió avisar. O puteando a la empresa de internet porque estamos sin servicio durante 48 horas. O frenando la catarata que sale del aire condicionado que tiene que mantener frío el servidor que nos conecta a Buenos Aires, tratando de evitar un corto circuito y sin esperanzas de mantener el cuarto a la temperatura siberiana necesaria.

Tratando de a dos de frenar los chorros de agua, secar el piso, levantar los equipos para que no se mojen y llamar a la empresa de mantenimiento, me di cuenta lo importantísimo e interesantísimo de mi laburo. Es casi como que estuviera por salvar el mundo de un momento a otro. Mejor vuelvo a escribir sobre las boludeces de siempre...

miércoles, 20 de marzo de 2013

¿Quién es el más malo?

Alien vs predator
Jason vs Freddy
Mirta vs Moria
Hitler vs Stalin

Con tanta maldad suelta en este mundo, es difícil contestar la pregunta. Entre los (muchos) libros que me traje a Angola, el más mamotreto de todos es "La corte del zar rojo", una especie de biografía de Stálin escrita por Simon Sebag Montefiore, de quien ya había leído "El joven Stalin". Aunque yo ya había leído anteriormente sobre la historia de la URSS, lo que me sorprendió de El joven Stalin es que se concentra justamente en la formación de Iosif Dzhugashvilli y entra a fondo en la vida privada del joven que vendría a ser Stalin.

En la corte del zar rojo sigue por el mismo camino, y en lugar de discutir sobre las políticas o las consecuencias de dichas políticas (lo que uno puede leer en un libro de historia), pone el foco en las personas que tomaban las decisiones, el ambiente en el cual las decisiones eran tomadas y las relaciones entre ese círculo íntimo que concentraba la suma del poder político en la Unión Soviética.

Ya al inicio del libro, cuando se trata el periodo de colectivización de la agricultura iniciado en 1928 y la gran hambruna de 1929-30, ese enfoque queda en evidencia. Las razones y las herramientas utilizadas pasan a un plano totalmente secundario, y la narración se concentra en las reacciones de los líderes (incluyendo a Stalin) a las noticias de hambruna, las discusiones que tenían, las distintas posturas incluso personales. En ese sentido, el libro oscila entre la humanización de los personajes y la constatación de que dotarlos de humanidad no los excusa de los crímenes que cometieron.

Y con relación a la pregunta del título, en el prólogo del libro Montefiore hace una observación muy interesante sobre el tema:


Casi todo el mundo ha caído en la tentación de echar la culpa de todos los crímenes a un solo hombre, Stalin. En la actualidad hay en Occidente una obsesión por el culto a la maldad: una competición tan macabra como inútil entre Stalin y Hitler para determinar cuál fue "el dictador más malvado del mundo" mediante el cómputo de sus supuestas víctimas. Eso es demonología, no historia. Semejante actitud tiene como consecuencia inculpar de todos los crímenes únicamente a un loco y no nos permite extraer ninguna lección ni respecto al peligro de las ideas y sistemas utópicos ni en lo concerniente a la responsabilidad de los individuos.

En ese sentido, La corte del zar rojo es más bien un retrato de un grupo de personas que condujeron a un Imperio en una coyuntura clave de su historia. En esa composición, los personajes están pintados con distintos colores que indican su relación con el centro del sistema (el propio Stalin) y con los otros personajes de la historia, y el papel que desempeñaban en ese sistema.

lunes, 18 de marzo de 2013

En la provincia de Malanje (II)

Siguiendo con el post del otro día, el domingo nos despertamos en la ciudad de Malanje no muy temprano, desayunamos y partimos en dirección a Cacuso para tomar la ruta hacia el Parque Nacional de Pungo Adongo.


Malanje en sí no dice tanto: es una típica ciudad angoleña, con su parte colonial de principios de siglo XX, edificios públicos de la etapa desarrollista del colonialismo portugués pos II Guerra, vacío arquitectónico entre los '60 y 2002, y mamotretos nuevos y grúas y grúas. Todo rodeado de enormes musseques (favelas), y una panadería por cuadra. Así que nos rajamos rápido.

Mañana tormentosa, nubes espesas en el cielo, tomamos la ruta que sale de Cacuso sin saber muy bien qué esperar, y en menos de media hora empezamos a ver a lo lejos unas formaciones rocosas gigantes emergiendo del antiplano contra el cielo gris. A medida que nos acercábamos, empezamos a distinguir el tamaño y peculiaridad de cada forma de piedra. Y la magnitud de todo el complejo.

Pasando el primer conjunto de piedras, una explotación agrícola respetable. El cartel a la entrada menciona 10.000 hectáreas, un proyecto gubernamental. Parte (necesaria) de la obsesión por lograr abastecerse localmente de alimentos. Si una cooperativa en una provincia empieza a producir pepinos, es noticia en el Jornal de Angola.
Seguimos por la ruta hasta el segundo conjunto de piedras, y la entrada del parque nacional. Todo asfaltado, pero de resto es como si fuera territorio virgen. No hay un centro de información, no existen carteles explicativos, no hay un hotel o restaurante en ninguno de los pueblos de la zona.


Así que nos bajamos del auto, agarramos los caminitos y nos dedicamos a explorar las rocas. Subidas, bajadas, grietas, y vistas a más rocas, valles, y unos escenarios salidos del Señor de los Anillos. Tierra fértil hasta perder de vista. El Africa que uno no ve en los noticieros, un continente lleno de posibilidades, donde cada cosa que falta es señal de un potencial inexplorado.

Habiendo manejado a la ida, la vuelta me dediqué a mirar por la ventana. El auto volvió silencioso. Yo pensaba. Pensaba en las riquezas de un continente que uno tiende a ecualizar con la pobreza. Pensaba en las oportunidades de una tierra que nos enseñan a asociar con la desesperación. Pensaba en todas las semillas que se plantaron el año pasado, y como esas semillas son menos del 1% de todo lo que la Argentina puede hacer en este país. Pensando me quedé dormido. Una linda siestita antes de tomar el volante para entrar a Luanda.


Propiedad intelectual: las fotos las saqué del fb de c, de acá, acá y acá

miércoles, 13 de marzo de 2013

Imaginemos por un instante

Que un día nuestras autoridades decidieran convocar a un plebiscito para conocer la opinión del pueblo argentino sobre si las Malvinas son nuestras o no. Que se llame a un operativo masivo para garantizar que todos y todas puedan votar. Que se grite a los cuatro vientos para que toda la comunidad internacional escuche que esto define la cuestión de una vez por todas. Que el "sí" obtenga una aplastante mayoría y nos juntemos en el Obelisco a festejar esta gran victoria de la democracia. Que se llamen a observadores internacionales y la PNA salga a celebrar la transparencia de los comicios.

Estaríamos haciendo un poco el ridículo, ¿no? Nos estaríamos exponiendo a que en el exterior piensen que somos "poco serios", ¿no? Muchos argentinos incluso lo tomarían como la confirmación que somos una republiqueta bananera, ¿no?

Menos mal que nunca se nos pasó por la cabeza, digo.

lunes, 11 de marzo de 2013

En la provincia de Malanje (I)

Otro fin de semana largo nos deposita nuevamente en rutas angoleñas, escapando de Luanda y camino al interior. Pasando por pueblitos con casas de adobe y con nombres como Quitumbo, Lussue de Baixo, Lussue de Cima, Cambondo. Pueblos donde la bandera del Partido es más visible que la bandera misma de Angola; donde el Partido es el único Estado presente. Pasando por miles y miles de hectáreas de tierra fértil cubierta de monte, esperando una revolución agrícola. Muy de vez en cuando una explotación agropecuaria. En los pueblos, agricultura de subsistencia.


Pasando por ciudades, ciudades chicas como Cacuso, Lucala o Lombe. Asfalto nuevo, escuelas nuevas, puentes nuevos, hospitales nuevos. Sucursales de banco siglo XXI en ciudades tratando de entrar al XX. El Estado marcando presencia a través de la construcción de edificios públicos. Grúas. Conjuntos habitacionales, algunos ocupados. Empresas constructoras chinas. Chinos. Supermercados libaneses. Bon-o-bon made in Mexico. Ciudades grandes y chatas como N'dalatando, capital de la provincia del Kwanza Norte. Con mercados donde se asan pescados a la parrilla y se venden platos con mucho jindungo. Y zungueiras caminando las calles, un balde en la cabeza y un bebé en las espaldas.

Así llegamos, al atardecer del primer día, a las cataratas de Calandula. Desde la ruta, rodeada del verde fosforescente de la selva tropical, se observa a los lejos la bruma de las caídas de agua.


La poca infraestructura hotelera colmada por el fin de semana largo, el sol que cae a pasos acelerados, tomamos la decisión de buscar un lugar para acampar. Del otro lado del valle, a lo lejos se observa una estructura abandonada, como un viejo hotel panorámico. Preguntamos el camino, hacemos unos 20 quilómetros y un viejo cartel indica el camino a la Pousada. Una vieja ruta de asfalto en camino de ser reapropiada por la naturaleza nos lleva a los restos de un hotel.

Nadie a la vista, y nubes amenazadoras en el cielo. Tendemos campamento en la parte de atrás del hotel. Al rato es noche profunda, empieza la tormenta, hacemos un fuego y de golpe estamos en el escenario perfecto para una película de terror. Y sin señal de celular. Asamos una colita de cuadril a resguardo de la lluvia que igual penetra por las grietas de la vieja construcción. La noche es fresca y perfecta para dormir en carpa. Entro en el hotel con la luz de mi celular. Me cago en las patas y salgo corriendo. Repasamos todos los elementos de película de terror contenidos en la escena (campamento, tormenta, hotel abandonado, celulares mudos), pero lo único que me preocupa un poco es que en la oscuridad del valle las luces del auto y la fogata en el hotel abandonado llaman mucho la atención. Pero evidentemente esa preocupación no logra quitarme el sueño. A eso de las 8:30 de la mañana escuchamos voces, angoleños visitando el sitio. Seguimos durmiendo hasta las 10. Llevo una silla portátil a una de las habitaciones y me siento a leer cuentos de Cortázar mientras la bruma de las cataratas me rocía.

Después de un breve pero intenso intercambio de ideas con unos vaguitos locales (que empezaron siendo tres y al cabo de un rato ya eran como ocho) nos tomamos el pire, no sin antes ofrendar a las deidades locales cinco cervezas, tres cocacolas, una fanta y un paquete casi entero de papitas Lays. A cambio de tan generosa oferta, los oráculos nos enseñan el camino a la cascada de Musseleji. Después de un camino en el que pusimos a prueba el 4x4 de la camioneta, llegamos a unas cascadas chicas pero con agua cristalina y fresca en la cual pudimos compensar la ausencia de agua corriente en el hotel donde pasamos la noche.

Y entre rutas intransitables, cascadas, selva y tertulia con familias angoleñas se nos pasó el día. Decidimos seguir camino a Malanje para tratar de conseguir lugar para dormir. Tuvimos suerte y conseguimos una habitación en una hospedaria. Dimos vueltas por la ciudad, comimos en un restaurante portugués pero como no había quorum para salir a bailar tarraxinha terminamos durmiendo temprano, que el día siguiente nos aguardaba con excursión al Parque Nacional de Pungo Andongo y las piedras negras.

Mañana (o pasado) sigue el relato. Propiedad intelectual: las fotos las saqué de acá, acá, acá y acá.