lunes, 20 de octubre de 2014

El mundo que pasa por la ventana

Tengo muy poco para escribir. Mi falta total de asunto hace que haya planeado escribir un post sobre cómo se pasan los días y las horas en el Consulado General en Sidney, pero ya lo haya medio agotado en el post anterior - que no tendría que haber sido sobre eso. Así que voy a aprovechar este espacio que tan gentilmente me han asignado para contarles un montón de cosas irrelevantes, poco interesantes y superfluas sobre este Consulado.

Pero antes debo confesarles que esto es algo que me viene pasando bastante seguido desde que llegué a Sidney. Irme por las ramas no, eso siempre me pasó - en Buenos Aires, Angola, Japón, Alemania o donde sea. Esto de terminar las cosas antes. No en el laburo, que los días se me pasan volando y siento que no me alcanza el tiempo. Pero un domingo, ponéle. Planifico algo para hacer. En función de las distancias y el interés, le asigno una determinada cantidad de tiempo. La Lonely Planet o Internet me comentan que es imperdible, y que hay una callecita encantadora llena de restaurantes fascinantes. Me emociono. Imagino un almuerzo en uno de esos lugares encantadores. Me doy un poco más de tiempo para recorrer tranquilo, extasiado.

Una vez que encaro el recorrido planeado, me doy cuenta que hago todo mucho más rápido de lo que había pensado. Y si había calculado llegar a la callecita encantadora llena de restaurantes imperdibles a eso de la 1 de la tarde, famélico y cerca del nirvana, son las 11:45 y ya estoy ahí, medio aburrido y sin nada de hambre. Decido adelantar algunas de las cosas que había pensado para la tarde. En mi cabeza, pienso: "lo de la tarde me va a encantar, me guardé lo mejor para la tarde. Es cuestión de abrir un poco el apetito, y estos restaurancitos que ahora parecen medio de morondanga se van a ver bárbaros".

Pero llega la 1:30 de la tarde, ya terminé todo el recorrido de la tarde, estoy cagado de hambre pero esos restaurancitos que en la Lonely Planet o en Internet se ven tan apetecibles no me despiertan emociones violentas. Termino negociando un curry verde de pollo y berenjenas en un tailandés medio pata sucia que vi en una cortada. El curry verde no tiene mucho gusto a nada. Son las dos de la tarde, ya no tengo nada para hacer y cero ganas de seguir caminando. Por otra parte, pienso... "si termino de recorrer toda la ciudad hoy, ¿qué joraca voy a hacer el fin de semana que viene? ¿Y los fines de semana por los próximos cuatro años?".

Me doy cuenta que si me siento de nuevo en un parque a leer o vuelvo a mi departamento temporario a escuchar música o ver una película me van a crecer hongos. Entro a un pub. Como la gente empieza a beber en el desayuno, no me siento culpable de pedir una cerveza después del almuerzo. Por lo menos la cerveza en Australia es buena. Es domingo, al fin y al cabo. L@s locales son muy charletas, y en seguida empiezan a darle a la lengua:

Local - ¿De dónde sos, mate?
Yo - De Argentina
L: Ajá, mirá vos. ¿Hace mucho en Sidney?
Y: 2/3/4/5 semanas (depende del domingo)
L: Ahhhh, ¡Qué suerte tenés!
Y: ¿Por qué?
L: Por estar en Sidney.
Y: Bah, qué sé yo, estoy por laburo.
L: Sí, pero te podría haber tocado laburar en cualquier otro lugar en el mundo y justo tenés la suerte que te tocó Sidney.

A esta altura ya estoy bastante crispado, la falta total de cosas para hacer y la cerveza hacen su efecto. Termino conteniendo mis emociones violentas y decido no tirarle lo que queda de la cerveza en la cara. No le digo que "sí, podría estar comiendo ravioles en casa con mi familia o estar pasándola bomba en Río de Janeiro, pero no, estoy en un pub inmundo en el fin del mundo rodeado de borrachos a las 2:30 de la tarde por falta total de opciones. Yo sí que me saqué el gordo de Navidad en la lotería de la vida".

2/3/4/5 semanas en Sidney (depende del domingo) y ya me estoy transformando en Violencia Rivas. Volver a mi departamento temporario a escuchar música ya no suena la peor opción del mundo, ni la más decadente. El clima es espectacular, se acerca el verano, mi humor va a cambiar. Lo sé porque miro la tarde que pasa por la ventana de mi departamento temporario.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Destino Sidney

Después de muuuuuchos años en la Argentina, intercalados con algunas misiones cortas, otras medianas y otras largas, un día me tocaba salir destinado al exterior. Y el día finalmente llegó. Así, después de mucho cavilar, especular, rosquear y resignar, desde el 4 de septiembre estoy destinado en Sidney, Estado de Nueva Gales del Sur, en Australia, sede de uno de nuestros 62 Consulados.

Funcionalmente, dependemos de la Embajada Argentina en Canberra (Canberra es como la Brasilia de Australia). Es la Capital, así que allá se hace el trabajo más glamuroso: las relaciones políticas, económicas, culturales, sociales. Los temas importantes. A diferencia de la mayoría de nuestras Embajadas en el resto del mundo, Canberra no tiene una sección consular. Y como no hay otro consulado en el país que no sea este, en Sidney nos toca atender a los aproximadamente 35.000 argentinos desparramados en los 7,7 millones de km2 de este país-continente – lo que representa un territorio ligeramente menor al de Brasil.

Si el laburo glamuroso acá no llega, ¿Qué es exactamente lo que nos toca hacer? La verdad, bastante. Tramitar pasaportes, DNIs, certificados de antecedentes penales, emitir certificados de supervivencia, de residencia. Hacemos poderes, emitimos visas, legalizamos firmas. Otorgamos opciones de nacionalidad a hij@s de argentin@s nacid@s en Australia – lo que está muy copado, los bebés entran en el consulado siendo apátridas o con nacionalidad australiana, los identificamos, y un par de horas de trámites después salen argentin@s, con número de DNI 52 millones y todo!!!!! Atendemos a argentin@s en problemas, y a veces nos toca visitar cárceles u hospitales – en algunos casos incluso jugamos al psicólogo. Para muchos de esos trámites, y para tratar de facilitarles la vida a nuestros compatriotas, nos toca actuar de intermediarios con la ANSES, el ReNaPer, la policía australiana, migraciones de ambos países y un sinnúmero de siglas que yo ni sabía que existían… De todo un poco, realmente. Sólo entre esas cuestiones y mantener la máquina funcionando y el Consulado abierto, los días se me pasan volando.

Todo esto para mí es un gran desafío. Es la primera vez que me toca hacer laburo consular en gran escala. Y la verdad es que hay pocas escalas mayores que 35.000 argentinos distribuidos en 7,7 millones de km2. Igual no me puedo quejar. Bah, no me quejo. En lo personal, hay lugares peores para vivir que Sidney – aunque no conozco ningún lugar más caro que este. En lo profesional, el Consulado funciona bien. Funciona muy bien. El equipo es bueno, con la Embajada nos llevamos de diez, el laburo está sistematizado y la comunidad argentina en un 85% (más o menos) está satisfecha y es encantadora.

Igual por suerte hay detalles para mejorar, así no me transformo en un simple agente del status quo. La central telefónica, por ejemplo. Necesitamos cambiarla, urgente. Tiene como 20 años, y cobró vida propia, tomando decisiones arbitrarias sobre el destino y el eventual almacenamiento (o no) de cada uno de los llamados y de cada uno de los mensajes. Nos putean un poco por este tema… el otro gran problema es que no tengo los equipos necesarios para tramitar pasaportes fuera de Sidney, entonces la comunidad que vive por ejemplo en Perth (4.000 km de distancia, ponéle) tiene que viajar 5 horas en avión para documentarse. Son mis desafíos para los próximos meses, creo que si los soluciono subo del 85% de satisfacción a un 95. Y me voy a la playa tranquilo...

miércoles, 20 de agosto de 2014

El teórico riesgo de la aceleración

Que en realidad no existe. Es más o menos como las RUFO, etéreo e incomprensible en su incomensurable magnitud. Porque si un juez americano tiene bloqueados los pagos de la deuda, ¿cómo se podría pagar en el hipotético caso de una aceleración? No es lógico pensar que se puedan separar los efectos de un pago regular de servicio como el realizado el 30 de junio de un pago por una aceleración de un bono, y cancelar con estos fondos a través del New York Mellon u otra institución similar.

Entonces los efectos prácticos de una aceleración son nulos. En el mejor de los casos, la república cumple con el pago y la guita queda retenida. Nadie cobra.

domingo, 3 de agosto de 2014

¿Por qué no se dispara el riesgo país?

Un tema que me viene llamando la atención hace varias semanas es que en el medio de esta sopa en las que nos metió Griesa los mercados no terminan de convalidar precios de default. El otro día Lucas Llach sacó un post sobre ese tema, aunque no termino de convencerme de las razones que expone para esta anomalía. El gráfico sacado del indice de JP Morgan es bastante elocuente: incluso después de la caída de los precios de los bonos del jueves y viernes, seguimos estando en los menores indices de riesgo país de la segunda presidencia de CFK.





Es muy complicado explicar que los mercados vienen celebrando la posibilidad de default con una fuerte baja del riesgo país, entonces me parece importante tratar de entender las razones para este supuesto sinsentido. Lucas cree que hay un telón de fondo de "alegría en los mercados" por la proximidad del fin del kirchnerismo, y que "los mercados miran menos la condición legal de "default" o "no default" que la buena fe del deudor y el grado de certidumbre con los pagos".

En el fondo, más que cuestiones filosóficas o discursivas, el riesgo país tiende a medir casi exclusivamente la sustentabilidad de la deuda. Yo incluso le sacaría el tema de la buena fe del deudor, porque pocos Presidentes argentinos han estado más comprometidos con el temita de la buena fe que De La Rua, pero una vez que quedó en claro que más allá de los discursitos pro-mercado el quía no tenía como garpar, el riesgo país se disparó y no servía de nada su "buena fe". Entonces, si excluimos del análisis la infantilidad de creer que a los acreedores les importa tanto el relato como la biyuya (aclaro por las dudas que el argumento de Lucas no utiliza para nada esta pelotudez), nos quedamos con una dura realidad: cumplir a rajatabla el fallo de Griesa puede ahuyentar el temor de un "default técnico a corto plazo", pero incrementa exponencialmente la posibilidad de una crisis de deuda en serio en el mediano plazo. Pagarles US$ 1,5 mil millones a los buitres genera un mogollón de obligaciones nuevas que serán exigibles en el corto, mediano y largo plazo: los otros holdouts y los exchange a través de las ya-famosas RUFO.

De esa manera, mi hipótesis es que los mercados entienden que el discurso agresivo contra los buitres y contra Lord Gaga es la única manera de asegurar la sustentabilidad en nuestro perfil de deuda a largo plazo, y que los precios de nuestros bonos hoy responden a esa realidad.

Ahora bien, hay una pata filosófica en todo esto que también me parece importante (aunque no tan importante como la sustentabilidad de la deuda). Uno de los efectos indeseados del fallo es que de cierta forma termina estatizando en los tribunales de Nueva York mecanismos de cobranza de deuda soberana que antes estaban regulados por los mercados a través del cálculo de las primas de riesgo de los títulos. En un extremo, el corolario de que Griesa garantice la cobranza de títulos defaulteados es que un juez puede ponerle tope a las tasas de interés de todo un país (ya que eliminando el riesgo de no cobrar, se elimina el racional para que el mercado imponga primas de riesgo a países).

Sabemos muy bien que los mercados detestan cualquier tufillo a estatización o socialismo, entonces cuando Lucas observa que hoy un mismo título tiene más valor bajo jurisdicción argentina que bajo jurisdicción Stalingriesa, lo que se está premiando es la jurisdicción que garantiza un enfoque más pro-mercado en contraposición a los tribunales bolivarianos de Nueva York.

domingo, 2 de junio de 2013

Canciones de Bond

Medio nada que ver con nada y fuera de término, pero el otro día estaba en el auto escuchando la radio y pasaron el tema de Adele para la última película de James Bond, Skyfall. Ya la había escuchado pero no le había prestado mucha atención. Las canciones de Bond pertenecen a una categoría especial de música. Como las películas de Bond, tienen sus propias reglas. El drama en la orquestación, letras sin mucho sentido pero que parecen pasar mensajes relevantes sobre la vida y la muerte, la auto-referencia al tema de Bond. Y un poco de queso rallado encima, que una canción de Bond sin un toque de mersada no es una buena canción de Bond.

Es una categoría que nos ha dado grandes clásicos. Como Goldfinger, de Shirley Bassey, A View to a Kill de Duran Duran, o You Only Live Twice, de Nancy Sinatra. E incluso un treintañero Paul McCartney cantando "Cuando eras joven y tu vida era un libro abierto, solías decir "viví y dejá vivir". Pero si este mundo siempre cambiante te desespera y te hace llorar, decí "viví y dejá morir"" en "Live and Let Die".

Pero que en estas últimas dos décadas no había producido canciones memorables. Casi como si no les importara más. De 1990 para acá, las canciones de Bond varían entre lo casi bueno (Sheryl Crow cantando Tomorrow Never Dies), lo malo (Garbage, The World is Not Enough) y lo insufrible (Madonna, Die Another Day), pasando por lo olvidable (Tina Turner, Goldeneye) y lo inexplicable (Chris Cornell, You Know My Name).

Como todo en la música, no es posible crear una teoría científica de qué es lo que hace que un tema sea un digno Bond y otro sea pura basura. ¿Por qué Skyfall ya huele a clásico, y Lulu logra con The Man With the Golden Gun competir con Madonna por el título de peor canción de Bond de la historia? Uno pensaría que la cantidad de queso rallado tiene que ver con el resultado... pero hay buenas canciones de  Bond con poco queso, como la de Nancy Sinatra, y con mucho queso como la de Carly Simon, Nobody Does It Better. Bueno, y en una categoría aparte está Tom Jones, que le tira un tambo entero de grasa de cerdo rallada y logra salir con la suya con Thunderball (pero bueno, es Tom Jones, y como a Sandro uno le perdona TODO).

Es verdad que Adele tiene casi todos los elementos que mencioné en el primer párrafo y eso ayuda: el drama en la orquesta introductoria, una letra que no hace ningún sentido pero con toda la mística y toda la épica (Let the skyfall when it crumbles, we will stand tall and face it al together at skyfall). No habla específicamente de vida y muerte pero hace referencias grandilocuentes al tema (This is the end, hold your breath and count to ten. Feel the earth move and then hear my heart burst again). Tiene las obligatorias referencias a los Bond del pasado (un poco en el 1:55 y bastante a partir del 3:55) y la cantidad necesaria de queso (la parte en el 3:15, y ese final sobreactuado). Pero Tina Turner mezcla los mismos elementos y le salió un menjunje insípido...

Masí, todo esto es muy subjetivo, quizá algún lector exacerbado fanático de Madonna se me indigne y encuentre maligno plan para dividir y para crispar, fans de Madonna contra fans de Adele, argumentando que Die Another Day sería muy superior a tal o cual. Yo igual opino de que uno de los secretos es que el tema tiene que ser esencialmente una buena canción de Bond. McCartney da en el clavo porque se pone en el papel, Live and Let Die es una canción de Bond interpretada por McCartney, y no una canción de Sir Paul para la película de 007. Y lo mismo con A-ha y The Living Daylights. Y en ese rubro creo que también Skyfall es la mejor canción de Bond de las últimas décadas. 

miércoles, 29 de mayo de 2013

El blues de Kilamba Kiaxi (II)

Continuando con el post anterior.

La única vez que entré a Kilamba Kiaxi fue un día de semana a las once de la noche. Una noche al pedo, manejando con Y. que estaba de visita en Luanda. Fuimos por la Rua do Samba hacia el sur, pasando por las calles arboladas y asfaltadas de Talatona y del Futungo de Belas, y por las necesidades básicas insatisfechas del Prenda, Cabolombo y Benfica. Casi sin tránsito, llegamos en menos de 40 minutos a Monobloclándia. Quilómetros y quilómetros de monoblocs de todas las formas, alturas y colores. Calles amplias, asfaltadas, limpias, iluminadas y señalizadas. Paradas de colectivo. Acá y allá, un edificio con algunas luces prendidas. Algunas terrazas con plantas, algunos autos estacionados. Símbolos irregulares de ocupación humana efectiva. Y las calles totalmente desiertas. De personas y de autos.



De símbolo del progreso de Angola y principio de solución del problema habitacional, Kilamba pasó a ser una vergüenza nacional. La innombrable. Pero igual la gente habla. Porque, verdad sea dicha, ¿cómo puede ser que en un país donde la gente vive en condiciones tan precarias haya una Santa Rosa de departamentos terminados y sin ocupar? Y hubo que tomar cartas en el asunto. El gobierno tomó una decisión parecida a las decisiones que se toman en Angola cada vez que hay un problema complicado: que el quilombo de Kilamba lo solucione Sonangol, la estatal de petróleo.

Y se pusieron las pilas. Sumaron unidades en otras nuevas centralidades en Viana, Zungo y Cacuaco, mundos monobloc en distintas etapas de terminación y sub-ocupación, y a principios de 2013 anunciaron con bombos y platillos un corte radical de precios (en muchos casos, a la mitad) y financiamiento a largo plazo en condiciones favorables. Fue como si anunciaran recital de los Rolling Stones en River: la desesperación. Gente haciendo cola toda la noche, la televisión estatal enfocando en los ojos lagrimosos de la emergente clase media angoleña realizando el sueño de la casa propia. ¡Con canillas en el baño y todo, vieja! De las que uno abre y sale agua...

Pero bueno, esto es Africa y las buenas noticias siempre tienen un pero bueno, esto es Africa. A las dos semanas de abiertas las inscripciones para el sueño de la canilla propia, Sonangol colapsó con los pedidos y tuvieron que suspender las ventas. Habían unos temitas de interconexión entre los distintos puntos de venta, y al par de días en realidad ya nadie sabía qué le estaban vendiendo a quién. Se empezó a correr la bola que se habían vendido una serie de departamentos a más de un comprador y que mucha gente iba a quedar en Pampa y la vía después de haber puesto hasta 20 lucas verdes de entrada. Algunos de los compradores indignados (y algún que otro vivillo que no había puesto un mango) empezaron a prepararse para okupar los departamentos. El gobierno anunció refuerzo de la guardia policial para evitar invasiones a los edificios vacíos. La vida en los trópicos...

Un par de semanas después, y de nuevo se pusieron departamentos a la venta. Dicen que en los países que empiezan con la letra "A", como Angola, Alemania y la Argentina, a la gente le gusta mucho quejarse. Debe ser algo gramatical. Acá mucha gente se queja de los plazos de entrega, que no puede ser que uno ponga la tarasca de adelanto y tengan que pasar meses de trámites burocráticos para poder ingresar a departamentos que ya están terminados hace un par de años. Y que mientras tanto hay que seguir pagando el alquiler del musseke... Algunos analistas pronosticaron que este problema se solucionaría si hubiera la opción de empezar el tramiterío mientras los edificios están en construcción. Otros advirtieron que el angoleño jamás va a poner su guita sin tener el edificio terminado. En Angola, sin caniya no hay biyuya.

Este es un interesante artículo sobre las luces y sombras de vivir en Kilamba. Lo bueno: energía y agua constantes (una familia llega a ahorrar US$ 450 por mes en gasoil para generadores y camión cisterna); escuelas cerca de casa, baja criminalidad (por ahora que queda tan lejos y hay tan poca gente que ni los chorros se animan...). Lo malo: pocas opciones para hacer compras, entonces los almacenes practican precios un 50% más salados que los ya absurdos precios de Luanda; la distancia al centro; no dejan entrar a los kandong, perdón, taxistas (o sea que o tenés movilidad o estás en el horno).

Mientras los ciudadanos se quejan y los analistas pronostican qué pasaría en un universo paralelo, Kilamba se va poblando de a poco. En un futuro, probablemente le pase lo mismo que a otras ciudades planificadas como Brasilia, Nueva Delhi, La Plata o Washington: el crecimiento orgánico las llevará por caminos que los planificadores jamás soñaron, y la ciudad pasará a ser patrimonio de sus habitantes y no de los que la diseñaron. Es probable incluso que dentro de 20 años, si el país sigue creciendo, Kilamba deje de ser una unidad aislada y el resto de la ciudad de Luanda la alcance y la invada.

Pero me parece que no hay que perder de vista que implantar una Bariloche en los suburbios representa una solución para el 2,5% del problema habitacional de Luanda. Asegurar viviendas dignas para todos los caluandas implica levantar 40 Kilambas de la nada. Y que en realidad en estos momentos se están solucionando los problemas de vivienda de la clase media: gente que tiene 20 lucas verdes para pagar un adelanto de un departamento y que hasta ahora no tenía opciones para comprar. Garantizar viviendas dignas para las zungueiras, los taxistas (bah, kandongueiros) y los amigos kuduristas del Sambizanga requerirá décadas, mucho petróleo y capacidades institucionales que hoy francamente no existen.

Propiedad intelectual: las fotos las saqué de acá y acá

lunes, 27 de mayo de 2013

El blues de Kilamba Kiaxi (I)

Con todas las carencias en términos de vialidad que tiene Luanda, hay una ruta que verdaderamente puede ser llamada "autopista": son los casi 60 km de la Vía Expresso Benfica-Cacuaco. Es una circunvalación que encierra el aglomerado urbano, pasando a 25-30 km del centro. Ir de Benfica a Cacuaco pasando por el centro te lleva entre 6 y 8 horas, pero por la Vía Expreso uno lo hace en 45 minutos. Principalmente porque como no mucha gente viaja entre esos dos extremos de Luanda, la Vía Expreso siempre está descongestionada.

Pero esa ruta es el futuro. De la misma forma que la clase media después de la guerra inició un sostenido éxodo hacia el sur de Luanda, llenando Talatona de countries, urbanizaciones, shoppings, avenidas, el gobierno espera descongestionar el centro moviendo cosas hacia la Vía Expreso. El nuevo estadio nacional, edificios públicos, hotel cinco estrellas y centro de convenciones al puro estilo neo-cocoliche, el mayor hipermercado de Angola, el World Trade Center, el parque industrial de Viana. Y las nuevas centralidades. Las nuevas centralidades son el intento de mejorar las condiciones de vivienda de la población. Que son muy precarias. Y cuando digo muy precarias, el énfasis es en el muy. MUY. La gran mayoría de la población vive en condiciones que en la Argentina están reservadas para el decil más vulnerable.

Nada nuevo bajo el sol. Las nuevas centralidades son lo que varios países que salen de la pobreza extrema han hecho para solucionar las condiciones de vivienda. Monoblocs. Cientos. Barrios enteros. Ciudades monobloc. Con asfalto, electricidad, agua corriente, escuelas y hospitales. Y ya que estamos hablando de las nuevas centralidades, hay una que es como una epítome de todo lo que está bien y todo lo que está mal en este país: Kilamba Kiaxi.



Empezando por la metodología empleada: Kilamba es una ciudad completa para 125 mil habitantes (como Tandil, por ejemplo), implantada por la empresa estatal china de inversiones, CITIC, a cambio de petróleo. Algo similar a lo que nosotros ya hicimos con éxito con Venezuela, pero más básico. Sin privados vendiendo tractores o leche en polvo o instalando plantas llave en mano. Negocios hechos directamente entre la República Popular China y la ex-República Popular de Angola. Que en este caso tiene además una lógica muy poderosa: no hay empresas angoleñas en condiciones de crear una San Rafael en un par de años. E incluso armar los mecanismos institucionales que permitan contratar internacionalmente es pedir un poco demasiado de las capacidades burocráticas locales. Back to basics: oro negro por departamentos terminados.

Los chinos cumplieron con su parte: Kilamba Kiaxi no es solo un sueño o un proyecto. Es una ciudad fantasma casi terminada, ubicada allá en el c#¡0 del mundo donde el viento hizo la curva y el diablo perdió sus botas. Pero con una gran trampa: mientras las constructoras brasileñas y portuguesas contratan mano de obra local y la entrenan (bueno, más o menos...), los chinos vuelan a los obreros de su wild west. Y muchos se van quedando. Y ponen sus propios negocios: pequeñas empresas constructoras, negocios de material de construcción, importadores mayoristas. Y traen a sus familias de China, y muchas veces instalan sus negocios en el interior del país. Y el gran Matías Damasio ironiza que en esta nueva Angola, en las listas de regalos de casamiento los novios piden "chinos para trabajar terreno de 20x40".

Pero volviendo al blues de Kilamba Kiaxi, el gran problema no es la ubicación - que es bastante mala por cierto: 20 km de embotellamiento hacia el sur o hacia el oeste, y después 15 km despejados en la otra dirección por la vía expreso. El diablo siempre mete la cola en los detalles, y acá el detallecito que se les pasó no fue el de construir dos Ciudad Evita en un par de años, sino el de poblarlas una vez terminadas. El primer intento de solución fue el de vender a Kilamba como si fuera un residencial de lujo - y en efectivo. Y sí, comparado con las condiciones de vivienda de la gran mayoría de la población, un departamento nuevo en una calle asfaltada con luz y agua constantes es Barrio Parque. Pero la triste realidad es que se quiso cobrar por departamentos de Lugano ubicados en Nordelta como si fueran Puerto Madero. Y nadie los compró...


¿Achanchados por la triste realidad africana? Una luz de esperanza, en la próxima entrega de este bloj.

Propiedad intelectual: fotos bajadas de acá, acá, acáacá.