miércoles, 20 de agosto de 2014

El teórico riesgo de la aceleración

Que en realidad no existe. Es más o menos como las RUFO, etéreo e incomprensible en su incomensurable magnitud. Porque si un juez americano tiene bloqueados los pagos de la deuda, ¿cómo se podría pagar en el hipotético caso de una aceleración? No es lógico pensar que se puedan separar los efectos de un pago regular de servicio como el realizado el 30 de junio de un pago por una aceleración de un bono, y cancelar con estos fondos a través del New York Mellon u otra institución similar.

Entonces los efectos prácticos de una aceleración son nulos. En el mejor de los casos, la república cumple con el pago y la guita queda retenida. Nadie cobra.

domingo, 3 de agosto de 2014

¿Por qué no se dispara el riesgo país?

Un tema que me viene llamando la atención hace varias semanas es que en el medio de esta sopa en las que nos metió Griesa los mercados no terminan de convalidar precios de default. El otro día Lucas Llach sacó un post sobre ese tema, aunque no termino de convencerme de las razones que expone para esta anomalía. El gráfico sacado del indice de JP Morgan es bastante elocuente: incluso después de la caída de los precios de los bonos del jueves y viernes, seguimos estando en los menores indices de riesgo país de la segunda presidencia de CFK.





Es muy complicado explicar que los mercados vienen celebrando la posibilidad de default con una fuerte baja del riesgo país, entonces me parece importante tratar de entender las razones para este supuesto sinsentido. Lucas cree que hay un telón de fondo de "alegría en los mercados" por la proximidad del fin del kirchnerismo, y que "los mercados miran menos la condición legal de "default" o "no default" que la buena fe del deudor y el grado de certidumbre con los pagos".

En el fondo, más que cuestiones filosóficas o discursivas, el riesgo país tiende a medir casi exclusivamente la sustentabilidad de la deuda. Yo incluso le sacaría el tema de la buena fe del deudor, porque pocos Presidentes argentinos han estado más comprometidos con el temita de la buena fe que De La Rua, pero una vez que quedó en claro que más allá de los discursitos pro-mercado el quía no tenía como garpar, el riesgo país se disparó y no servía de nada su "buena fe". Entonces, si excluimos del análisis la infantilidad de creer que a los acreedores les importa tanto el relato como la biyuya (aclaro por las dudas que el argumento de Lucas no utiliza para nada esta pelotudez), nos quedamos con una dura realidad: cumplir a rajatabla el fallo de Griesa puede ahuyentar el temor de un "default técnico a corto plazo", pero incrementa exponencialmente la posibilidad de una crisis de deuda en serio en el mediano plazo. Pagarles US$ 1,5 mil millones a los buitres genera un mogollón de obligaciones nuevas que serán exigibles en el corto, mediano y largo plazo: los otros holdouts y los exchange a través de las ya-famosas RUFO.

De esa manera, mi hipótesis es que los mercados entienden que el discurso agresivo contra los buitres y contra Lord Gaga es la única manera de asegurar la sustentabilidad en nuestro perfil de deuda a largo plazo, y que los precios de nuestros bonos hoy responden a esa realidad.

Ahora bien, hay una pata filosófica en todo esto que también me parece importante (aunque no tan importante como la sustentabilidad de la deuda). Uno de los efectos indeseados del fallo es que de cierta forma termina estatizando en los tribunales de Nueva York mecanismos de cobranza de deuda soberana que antes estaban regulados por los mercados a través del cálculo de las primas de riesgo de los títulos. En un extremo, el corolario de que Griesa garantice la cobranza de títulos defaulteados es que un juez puede ponerle tope a las tasas de interés de todo un país (ya que eliminando el riesgo de no cobrar, se elimina el racional para que el mercado imponga primas de riesgo a países).

Sabemos muy bien que los mercados detestan cualquier tufillo a estatización o socialismo, entonces cuando Lucas observa que hoy un mismo título tiene más valor bajo jurisdicción argentina que bajo jurisdicción Stalingriesa, lo que se está premiando es la jurisdicción que garantiza un enfoque más pro-mercado en contraposición a los tribunales bolivarianos de Nueva York.

domingo, 2 de junio de 2013

Canciones de Bond

Medio nada que ver con nada y fuera de término, pero el otro día estaba en el auto escuchando la radio y pasaron el tema de Adele para la última película de James Bond, Skyfall. Ya la había escuchado pero no le había prestado mucha atención. Las canciones de Bond pertenecen a una categoría especial de música. Como las películas de Bond, tienen sus propias reglas. El drama en la orquestación, letras sin mucho sentido pero que parecen pasar mensajes relevantes sobre la vida y la muerte, la auto-referencia al tema de Bond. Y un poco de queso rallado encima, que una canción de Bond sin un toque de mersada no es una buena canción de Bond.

Es una categoría que nos ha dado grandes clásicos. Como Goldfinger, de Shirley Bassey, A View to a Kill de Duran Duran, o You Only Live Twice, de Nancy Sinatra. E incluso un treintañero Paul McCartney cantando "Cuando eras joven y tu vida era un libro abierto, solías decir "viví y dejá vivir". Pero si este mundo siempre cambiante te desespera y te hace llorar, decí "viví y dejá morir"" en "Live and Let Die".

Pero que en estas últimas dos décadas no había producido canciones memorables. Casi como si no les importara más. De 1990 para acá, las canciones de Bond varían entre lo casi bueno (Sheryl Crow cantando Tomorrow Never Dies), lo malo (Garbage, The World is Not Enough) y lo insufrible (Madonna, Die Another Day), pasando por lo olvidable (Tina Turner, Goldeneye) y lo inexplicable (Chris Cornell, You Know My Name).

Como todo en la música, no es posible crear una teoría científica de qué es lo que hace que un tema sea un digno Bond y otro sea pura basura. ¿Por qué Skyfall ya huele a clásico, y Lulu logra con The Man With the Golden Gun competir con Madonna por el título de peor canción de Bond de la historia? Uno pensaría que la cantidad de queso rallado tiene que ver con el resultado... pero hay buenas canciones de  Bond con poco queso, como la de Nancy Sinatra, y con mucho queso como la de Carly Simon, Nobody Does It Better. Bueno, y en una categoría aparte está Tom Jones, que le tira un tambo entero de grasa de cerdo rallada y logra salir con la suya con Thunderball (pero bueno, es Tom Jones, y como a Sandro uno le perdona TODO).

Es verdad que Adele tiene casi todos los elementos que mencioné en el primer párrafo y eso ayuda: el drama en la orquesta introductoria, una letra que no hace ningún sentido pero con toda la mística y toda la épica (Let the skyfall when it crumbles, we will stand tall and face it al together at skyfall). No habla específicamente de vida y muerte pero hace referencias grandilocuentes al tema (This is the end, hold your breath and count to ten. Feel the earth move and then hear my heart burst again). Tiene las obligatorias referencias a los Bond del pasado (un poco en el 1:55 y bastante a partir del 3:55) y la cantidad necesaria de queso (la parte en el 3:15, y ese final sobreactuado). Pero Tina Turner mezcla los mismos elementos y le salió un menjunje insípido...

Masí, todo esto es muy subjetivo, quizá algún lector exacerbado fanático de Madonna se me indigne y encuentre maligno plan para dividir y para crispar, fans de Madonna contra fans de Adele, argumentando que Die Another Day sería muy superior a tal o cual. Yo igual opino de que uno de los secretos es que el tema tiene que ser esencialmente una buena canción de Bond. McCartney da en el clavo porque se pone en el papel, Live and Let Die es una canción de Bond interpretada por McCartney, y no una canción de Sir Paul para la película de 007. Y lo mismo con A-ha y The Living Daylights. Y en ese rubro creo que también Skyfall es la mejor canción de Bond de las últimas décadas. 

miércoles, 29 de mayo de 2013

El blues de Kilamba Kiaxi (II)

Continuando con el post anterior.

La única vez que entré a Kilamba Kiaxi fue un día de semana a las once de la noche. Una noche al pedo, manejando con Y. que estaba de visita en Luanda. Fuimos por la Rua do Samba hacia el sur, pasando por las calles arboladas y asfaltadas de Talatona y del Futungo de Belas, y por las necesidades básicas insatisfechas del Prenda, Cabolombo y Benfica. Casi sin tránsito, llegamos en menos de 40 minutos a Monobloclándia. Quilómetros y quilómetros de monoblocs de todas las formas, alturas y colores. Calles amplias, asfaltadas, limpias, iluminadas y señalizadas. Paradas de colectivo. Acá y allá, un edificio con algunas luces prendidas. Algunas terrazas con plantas, algunos autos estacionados. Símbolos irregulares de ocupación humana efectiva. Y las calles totalmente desiertas. De personas y de autos.



De símbolo del progreso de Angola y principio de solución del problema habitacional, Kilamba pasó a ser una vergüenza nacional. La innombrable. Pero igual la gente habla. Porque, verdad sea dicha, ¿cómo puede ser que en un país donde la gente vive en condiciones tan precarias haya una Santa Rosa de departamentos terminados y sin ocupar? Y hubo que tomar cartas en el asunto. El gobierno tomó una decisión parecida a las decisiones que se toman en Angola cada vez que hay un problema complicado: que el quilombo de Kilamba lo solucione Sonangol, la estatal de petróleo.

Y se pusieron las pilas. Sumaron unidades en otras nuevas centralidades en Viana, Zungo y Cacuaco, mundos monobloc en distintas etapas de terminación y sub-ocupación, y a principios de 2013 anunciaron con bombos y platillos un corte radical de precios (en muchos casos, a la mitad) y financiamiento a largo plazo en condiciones favorables. Fue como si anunciaran recital de los Rolling Stones en River: la desesperación. Gente haciendo cola toda la noche, la televisión estatal enfocando en los ojos lagrimosos de la emergente clase media angoleña realizando el sueño de la casa propia. ¡Con canillas en el baño y todo, vieja! De las que uno abre y sale agua...

Pero bueno, esto es Africa y las buenas noticias siempre tienen un pero bueno, esto es Africa. A las dos semanas de abiertas las inscripciones para el sueño de la canilla propia, Sonangol colapsó con los pedidos y tuvieron que suspender las ventas. Habían unos temitas de interconexión entre los distintos puntos de venta, y al par de días en realidad ya nadie sabía qué le estaban vendiendo a quién. Se empezó a correr la bola que se habían vendido una serie de departamentos a más de un comprador y que mucha gente iba a quedar en Pampa y la vía después de haber puesto hasta 20 lucas verdes de entrada. Algunos de los compradores indignados (y algún que otro vivillo que no había puesto un mango) empezaron a prepararse para okupar los departamentos. El gobierno anunció refuerzo de la guardia policial para evitar invasiones a los edificios vacíos. La vida en los trópicos...

Un par de semanas después, y de nuevo se pusieron departamentos a la venta. Dicen que en los países que empiezan con la letra "A", como Angola, Alemania y la Argentina, a la gente le gusta mucho quejarse. Debe ser algo gramatical. Acá mucha gente se queja de los plazos de entrega, que no puede ser que uno ponga la tarasca de adelanto y tengan que pasar meses de trámites burocráticos para poder ingresar a departamentos que ya están terminados hace un par de años. Y que mientras tanto hay que seguir pagando el alquiler del musseke... Algunos analistas pronosticaron que este problema se solucionaría si hubiera la opción de empezar el tramiterío mientras los edificios están en construcción. Otros advirtieron que el angoleño jamás va a poner su guita sin tener el edificio terminado. En Angola, sin caniya no hay biyuya.

Este es un interesante artículo sobre las luces y sombras de vivir en Kilamba. Lo bueno: energía y agua constantes (una familia llega a ahorrar US$ 450 por mes en gasoil para generadores y camión cisterna); escuelas cerca de casa, baja criminalidad (por ahora que queda tan lejos y hay tan poca gente que ni los chorros se animan...). Lo malo: pocas opciones para hacer compras, entonces los almacenes practican precios un 50% más salados que los ya absurdos precios de Luanda; la distancia al centro; no dejan entrar a los kandong, perdón, taxistas (o sea que o tenés movilidad o estás en el horno).

Mientras los ciudadanos se quejan y los analistas pronostican qué pasaría en un universo paralelo, Kilamba se va poblando de a poco. En un futuro, probablemente le pase lo mismo que a otras ciudades planificadas como Brasilia, Nueva Delhi, La Plata o Washington: el crecimiento orgánico las llevará por caminos que los planificadores jamás soñaron, y la ciudad pasará a ser patrimonio de sus habitantes y no de los que la diseñaron. Es probable incluso que dentro de 20 años, si el país sigue creciendo, Kilamba deje de ser una unidad aislada y el resto de la ciudad de Luanda la alcance y la invada.

Pero me parece que no hay que perder de vista que implantar una Bariloche en los suburbios representa una solución para el 2,5% del problema habitacional de Luanda. Asegurar viviendas dignas para todos los caluandas implica levantar 40 Kilambas de la nada. Y que en realidad en estos momentos se están solucionando los problemas de vivienda de la clase media: gente que tiene 20 lucas verdes para pagar un adelanto de un departamento y que hasta ahora no tenía opciones para comprar. Garantizar viviendas dignas para las zungueiras, los taxistas (bah, kandongueiros) y los amigos kuduristas del Sambizanga requerirá décadas, mucho petróleo y capacidades institucionales que hoy francamente no existen.

Propiedad intelectual: las fotos las saqué de acá y acá

lunes, 27 de mayo de 2013

El blues de Kilamba Kiaxi (I)

Con todas las carencias en términos de vialidad que tiene Luanda, hay una ruta que verdaderamente puede ser llamada "autopista": son los casi 60 km de la Vía Expresso Benfica-Cacuaco. Es una circunvalación que encierra el aglomerado urbano, pasando a 25-30 km del centro. Ir de Benfica a Cacuaco pasando por el centro te lleva entre 6 y 8 horas, pero por la Vía Expreso uno lo hace en 45 minutos. Principalmente porque como no mucha gente viaja entre esos dos extremos de Luanda, la Vía Expreso siempre está descongestionada.

Pero esa ruta es el futuro. De la misma forma que la clase media después de la guerra inició un sostenido éxodo hacia el sur de Luanda, llenando Talatona de countries, urbanizaciones, shoppings, avenidas, el gobierno espera descongestionar el centro moviendo cosas hacia la Vía Expreso. El nuevo estadio nacional, edificios públicos, hotel cinco estrellas y centro de convenciones al puro estilo neo-cocoliche, el mayor hipermercado de Angola, el World Trade Center, el parque industrial de Viana. Y las nuevas centralidades. Las nuevas centralidades son el intento de mejorar las condiciones de vivienda de la población. Que son muy precarias. Y cuando digo muy precarias, el énfasis es en el muy. MUY. La gran mayoría de la población vive en condiciones que en la Argentina están reservadas para el decil más vulnerable.

Nada nuevo bajo el sol. Las nuevas centralidades son lo que varios países que salen de la pobreza extrema han hecho para solucionar las condiciones de vivienda. Monoblocs. Cientos. Barrios enteros. Ciudades monobloc. Con asfalto, electricidad, agua corriente, escuelas y hospitales. Y ya que estamos hablando de las nuevas centralidades, hay una que es como una epítome de todo lo que está bien y todo lo que está mal en este país: Kilamba Kiaxi.



Empezando por la metodología empleada: Kilamba es una ciudad completa para 125 mil habitantes (como Tandil, por ejemplo), implantada por la empresa estatal china de inversiones, CITIC, a cambio de petróleo. Algo similar a lo que nosotros ya hicimos con éxito con Venezuela, pero más básico. Sin privados vendiendo tractores o leche en polvo o instalando plantas llave en mano. Negocios hechos directamente entre la República Popular China y la ex-República Popular de Angola. Que en este caso tiene además una lógica muy poderosa: no hay empresas angoleñas en condiciones de crear una San Rafael en un par de años. E incluso armar los mecanismos institucionales que permitan contratar internacionalmente es pedir un poco demasiado de las capacidades burocráticas locales. Back to basics: oro negro por departamentos terminados.

Los chinos cumplieron con su parte: Kilamba Kiaxi no es solo un sueño o un proyecto. Es una ciudad fantasma casi terminada, ubicada allá en el c#¡0 del mundo donde el viento hizo la curva y el diablo perdió sus botas. Pero con una gran trampa: mientras las constructoras brasileñas y portuguesas contratan mano de obra local y la entrenan (bueno, más o menos...), los chinos vuelan a los obreros de su wild west. Y muchos se van quedando. Y ponen sus propios negocios: pequeñas empresas constructoras, negocios de material de construcción, importadores mayoristas. Y traen a sus familias de China, y muchas veces instalan sus negocios en el interior del país. Y el gran Matías Damasio ironiza que en esta nueva Angola, en las listas de regalos de casamiento los novios piden "chinos para trabajar terreno de 20x40".

Pero volviendo al blues de Kilamba Kiaxi, el gran problema no es la ubicación - que es bastante mala por cierto: 20 km de embotellamiento hacia el sur o hacia el oeste, y después 15 km despejados en la otra dirección por la vía expreso. El diablo siempre mete la cola en los detalles, y acá el detallecito que se les pasó no fue el de construir dos Ciudad Evita en un par de años, sino el de poblarlas una vez terminadas. El primer intento de solución fue el de vender a Kilamba como si fuera un residencial de lujo - y en efectivo. Y sí, comparado con las condiciones de vivienda de la gran mayoría de la población, un departamento nuevo en una calle asfaltada con luz y agua constantes es Barrio Parque. Pero la triste realidad es que se quiso cobrar por departamentos de Lugano ubicados en Nordelta como si fueran Puerto Madero. Y nadie los compró...


¿Achanchados por la triste realidad africana? Una luz de esperanza, en la próxima entrega de este bloj.

Propiedad intelectual: fotos bajadas de acá, acá, acáacá.

viernes, 24 de mayo de 2013

Kandongueiro sagrado

En el post anterior les comenté un poco sobre el trance roller sheeba boogie zombadicto sónico tránsito de Luanda. Les comenté que casi no existe el transporte público. Casi. Hay un par de líneas de colectivo, y están rehabilitando algunas líneas de tren de la época de la colonia. Creo que son dos líneas, pero que no se cruzan. De resto, reinan soberanos los kandongueiros. Que no les gustan que les digan kandongueiros, hay que llamarlos taxistas que si no se te ofenden. Y al kandongue, le decimos taxi.


No es exactamente lo que nosotros conocemos como taxi. Son en su mayoría unas Toyotas llamadas Hiace pintadas de escarapela argentina y hechas bolsa - aunque hay que reconocer que algunos taxis, bah, kandongues, están impecables. La capacidad nominal de esos bichos es de 9 pasajeros, pero quien dice 9 dice 15. Y media docena de gallinas vivas para la cabidela, que total van en un canasto y no molestan. El calor en Luanda puede ser algo tremendo, pero como total la mayoría de los kandongueiros, digo, taxis tienen varios vidrios partidos la ventilación está siempre garantizada. Haciendo un cálculo de carniceros, si pensamos que mitad de la población no tiene acceso a agua corriente y se higieniza a base del palanganazo duro, en un vehículo para 9 pasajeros cómodos a 35 grados, unas 7-8 personas no se ducharon. Más media docena de gallinas vivas, el aroma a humanidad puede ser nauseabundo.

No me queda en claro el grado de formalidad del kandongue. No parece ser un "servicio público regulado", pero tampoco se crean que es el viva la pepa total. La policía los para normalmente, como a otros autos. Es común ver a los canas charlando con los taxistas, bueno, kandongueiros. Impresiona el olor a T.R.A.N.S.A. de esas charlas... se siente de lejos... Muchos tienen recorridos regulares o semi-regulares, y los anuncian a viva voz mientras van pasando: Aeropuerto, São Paulo, Gamek, Samba, Viana, Artesanato. Pero por unos manguitos también se pueden desviar del recorrido para acercarte.

El sistema tarifario de los kandong, perdón, taxis, es peculiar. Se basa en el sistema binario. El pasaje pueden ser 100 kwanzas o 200 kwanzas (uno o dos dólares), dependiendo de la distancia y de los embotellamientos. Se arregla en el momento, y lo curioso es que de 100 pasa a 200, sin hacer escala en, ponéle, un 150.

Es común que en diversas situaciones, particularmente cuando uno tiene la mano en un volante y hace su mejor esfuerzo para sobrevivir al trance roller sheeba boogie zombadicto sónico tránsito de Luanda, le agarren ganas de gritarle a los taxistas: ¿qué m!#%d4 hacés, kandongueiro? Tienen este truco, en calles estrechas de doble mano embotelladas en un sólo sentido, de pasar a los autos embotellados y cuando viene un auto en la dirección contraria tirarte el kandongue encima para generar un tercer carril a la fuerza. Te pueden parar el taxi en el carril de la izquierda de una avenida para levantar a un pasajero que justo cruzaba en ese momento. O por la razón que sea (goma pinchada, pescado a la parrilla, venta de gallinas vivas, charla con amigo kandongueiro) dejarlo parado en el medio de una ruta sin banquina justo a la entrada de una curva cuando uno no puede ver si se te viene encima un camión a 120 por hora.

Muchos de ellos le ponen onda a su escarapela ambulante. Obviamente no me refiero a los evangélicos, que le meten los slogans de la iglesia universal. Me gustan particularmente los que hacen referencia al black power o al kuduro. Aunque a veces me imagino que pasar dos horas arriba de un taxi con el kuduro al mango te debe taladrar la cabeza. Algunos le cargan mucho animal print, o le meten slogans al vidrio de atrás. ¡Otros hasta tienen un LCD de 32" para los pasajeros!

Aunque la mayoría de los kandonguei, no, no, no quise decir eso, la mayoría de los taxistas son unas bestias que no les importa nada, a veces muestran toques de humanidad. No me voy a olvidar de uno, yo tratando de hacer la rotonda en el São Paulo, ocho de la noche, corte de luz en todo el barrio no se veía una goma, miles de personas cruzando la avenida de los Combatentes por todos lados, tres camiones me encerraron contra la rotonda y de repente tengo el auto trabado y no lo puedo mover. Ataque de pánico, aire condicionado a full y yo sudando como un cerdo todos los vidrios empañados, señoras con bebés pasando por los 13 mm que separan a mi auto de los camiones. Un taxista buena onda me ve la cara de quien está a punto de ingresar en una conversión religiosa de emergencia, despeja un poco el camino y me hace señales para que suba a la rotonda para salir del embroglio. Le hago caso, paso con el auto por encima de la rotonda y me meto en el hueco que el taxista me hizo. Casi me pongo a llorar de la emoción.

Propiedad intelectual: las fotos las saqué de acá, acá, acá y acá.

martes, 21 de mayo de 2013

Espíd Reicer

No es algo sencillo de describir. El tránsito en Luanda. Imaginemos una ciudad de 500.000 habitantes, con infraestructura adecuada. Como San Juan, por ejemplo. Le tiramos cuarenta años de guerra encima, y 6.000.000 de refugiados. 10 años de boom petrolero después, sumamos cientos de miles de 4x4. Y las calles y avenidas que las constructoras chinas, portuguesas y brasileñas van metiendo en el medio de todo eso, a los ponchazos. Le restamos casi toda forma de transporte público.


Dividimos los nuevos carriles por el número de zungueiras que tienen que vender pescado, harina de maíz, alfombras y raquetas mata-mosquito en los embotellamientos. Sacamos los nombres de las calles, que total son de la época de la colonia y nadie los conoce. Es más práctico guiarse por la farmacia con el cartel azul, la panadería "Bolo Real", la esquina con dos bancos enfrentados o la tía que vende pescado a la parrilla, la de las sillas de plástico azules. Ya que estamos en minimalistas, sacamos todo tipo de cartelería urbana que indique algo. Multiplicamos el resultado por la falta de semáforos en los cruces de las nuevas avenidas, y los cortes de luz que todas las noches afectan barrios enteros.

Ya que estamos restamos las veredas. ¿Para qué mantener esa tradicional separación careta entre autos y peatones? A las calles llenas de baches, les tiramos agua y basura. Mucha agua, y mucha basura. Para que uno no sepa exactamente donde está metiendo su auto. Sacamos todos los estacionamientos de la ciudad. Es más fácil dar vueltas por la vía pública buscando un trapito que te indique como dejar el auto en triple fila, que total el señor del Borat azul es raro que salga antes de las 6 de la tarde. Por las dudas, dejamos cartelitos con el número de celular en el parabrisas.

Sumamos un montón de motos chinas nuevas, con nombres como Keweseki o Kiwisiki. Se las damos a miles de pendejos que no las saben manejar, y los largamos a la calle. Aprovechamos y sacamos las tapas de desague, que se funden y se revenden en los mercados informales. Y le sumamos mucho asfalto brasileño, de ese que es económico porque se le saca casi todo el petróleo que es caro y se lo cambia por basura más barata. Es bárbaro. Hasta la primera lluvia, que lo derrite como si fuera hecho de azúcar.

A todo eso le sumamos al Camarada Presidente: cuando él decide salir, las calles por donde va a pasar quedan cortadas desde dos horas antes.

Y al final de todo este proceso, nos sacamos las máscaras: si yo te digo que nos vamos a encontrar a las cuatro de la tarde, bueno, eso ya se verá. Lo que pasó es que tenía que pasar por el banco, que queda acá a quince cuadras. A la ida fuimos bien, pero a la vuelta mejor ni te cuento. Justo enfrente a la Sagrada Familia volcó un camión de chinos, que estaban puestos en gradas como de coca-cola. La mar en coche, un mar de chinos tirados por la calle, y cuando fuimos a hacer la rotonda frente a la radio nacional estaba cortada, que están en obras. Quisimos agarrar un atajo, pero unos pibes habían parado los autos para charlar y se armó la podrida, que parece que uno le quería birlar la novia al otro, y estaban en ese tole tole y no pasaba nadie.

Y justo cayó la cana que nos quiso poner una multa por estacionar en lugar prohibido y les tratamos de explicar que no estamos estacionados, que esto es un embotellamiento y queremos salir de acá. Pero no hubo caso, al final arreglamos con 2000 kwanzas. Sí, ya sé, son seis menos cuarto, estoy a tres cuadras pero por acá el auto no pasa, ahora meto el cuatro por cuatro y lo saco. Poné la birra en el congelador que en quince, sin falta, llego.

Propiedad intelectual: las fotos las saqué de acá, acá, acá y acá.