domingo, 2 de junio de 2013

Canciones de Bond

Medio nada que ver con nada y fuera de término, pero el otro día estaba en el auto escuchando la radio y pasaron el tema de Adele para la última película de James Bond, Skyfall. Ya la había escuchado pero no le había prestado mucha atención. Las canciones de Bond pertenecen a una categoría especial de música. Como las películas de Bond, tienen sus propias reglas. El drama en la orquestación, letras sin mucho sentido pero que parecen pasar mensajes relevantes sobre la vida y la muerte, la auto-referencia al tema de Bond. Y un poco de queso rallado encima, que una canción de Bond sin un toque de mersada no es una buena canción de Bond.

Es una categoría que nos ha dado grandes clásicos. Como Goldfinger, de Shirley Bassey, A View to a Kill de Duran Duran, o You Only Live Twice, de Nancy Sinatra. E incluso un treintañero Paul McCartney cantando "Cuando eras joven y tu vida era un libro abierto, solías decir "viví y dejá vivir". Pero si este mundo siempre cambiante te desespera y te hace llorar, decí "viví y dejá morir"" en "Live and Let Die".

Pero que en estas últimas dos décadas no había producido canciones memorables. Casi como si no les importara más. De 1990 para acá, las canciones de Bond varían entre lo casi bueno (Sheryl Crow cantando Tomorrow Never Dies), lo malo (Garbage, The World is Not Enough) y lo insufrible (Madonna, Die Another Day), pasando por lo olvidable (Tina Turner, Goldeneye) y lo inexplicable (Chris Cornell, You Know My Name).

Como todo en la música, no es posible crear una teoría científica de qué es lo que hace que un tema sea un digno Bond y otro sea pura basura. ¿Por qué Skyfall ya huele a clásico, y Lulu logra con The Man With the Golden Gun competir con Madonna por el título de peor canción de Bond de la historia? Uno pensaría que la cantidad de queso rallado tiene que ver con el resultado... pero hay buenas canciones de  Bond con poco queso, como la de Nancy Sinatra, y con mucho queso como la de Carly Simon, Nobody Does It Better. Bueno, y en una categoría aparte está Tom Jones, que le tira un tambo entero de grasa de cerdo rallada y logra salir con la suya con Thunderball (pero bueno, es Tom Jones, y como a Sandro uno le perdona TODO).

Es verdad que Adele tiene casi todos los elementos que mencioné en el primer párrafo y eso ayuda: el drama en la orquesta introductoria, una letra que no hace ningún sentido pero con toda la mística y toda la épica (Let the skyfall when it crumbles, we will stand tall and face it al together at skyfall). No habla específicamente de vida y muerte pero hace referencias grandilocuentes al tema (This is the end, hold your breath and count to ten. Feel the earth move and then hear my heart burst again). Tiene las obligatorias referencias a los Bond del pasado (un poco en el 1:55 y bastante a partir del 3:55) y la cantidad necesaria de queso (la parte en el 3:15, y ese final sobreactuado). Pero Tina Turner mezcla los mismos elementos y le salió un menjunje insípido...

Masí, todo esto es muy subjetivo, quizá algún lector exacerbado fanático de Madonna se me indigne y encuentre maligno plan para dividir y para crispar, fans de Madonna contra fans de Adele, argumentando que Die Another Day sería muy superior a tal o cual. Yo igual opino de que uno de los secretos es que el tema tiene que ser esencialmente una buena canción de Bond. McCartney da en el clavo porque se pone en el papel, Live and Let Die es una canción de Bond interpretada por McCartney, y no una canción de Sir Paul para la película de 007. Y lo mismo con A-ha y The Living Daylights. Y en ese rubro creo que también Skyfall es la mejor canción de Bond de las últimas décadas. 

miércoles, 29 de mayo de 2013

El blues de Kilamba Kiaxi (II)

Continuando con el post anterior.

La única vez que entré a Kilamba Kiaxi fue un día de semana a las once de la noche. Una noche al pedo, manejando con Y. que estaba de visita en Luanda. Fuimos por la Rua do Samba hacia el sur, pasando por las calles arboladas y asfaltadas de Talatona y del Futungo de Belas, y por las necesidades básicas insatisfechas del Prenda, Cabolombo y Benfica. Casi sin tránsito, llegamos en menos de 40 minutos a Monobloclándia. Quilómetros y quilómetros de monoblocs de todas las formas, alturas y colores. Calles amplias, asfaltadas, limpias, iluminadas y señalizadas. Paradas de colectivo. Acá y allá, un edificio con algunas luces prendidas. Algunas terrazas con plantas, algunos autos estacionados. Símbolos irregulares de ocupación humana efectiva. Y las calles totalmente desiertas. De personas y de autos.



De símbolo del progreso de Angola y principio de solución del problema habitacional, Kilamba pasó a ser una vergüenza nacional. La innombrable. Pero igual la gente habla. Porque, verdad sea dicha, ¿cómo puede ser que en un país donde la gente vive en condiciones tan precarias haya una Santa Rosa de departamentos terminados y sin ocupar? Y hubo que tomar cartas en el asunto. El gobierno tomó una decisión parecida a las decisiones que se toman en Angola cada vez que hay un problema complicado: que el quilombo de Kilamba lo solucione Sonangol, la estatal de petróleo.

Y se pusieron las pilas. Sumaron unidades en otras nuevas centralidades en Viana, Zungo y Cacuaco, mundos monobloc en distintas etapas de terminación y sub-ocupación, y a principios de 2013 anunciaron con bombos y platillos un corte radical de precios (en muchos casos, a la mitad) y financiamiento a largo plazo en condiciones favorables. Fue como si anunciaran recital de los Rolling Stones en River: la desesperación. Gente haciendo cola toda la noche, la televisión estatal enfocando en los ojos lagrimosos de la emergente clase media angoleña realizando el sueño de la casa propia. ¡Con canillas en el baño y todo, vieja! De las que uno abre y sale agua...

Pero bueno, esto es Africa y las buenas noticias siempre tienen un pero bueno, esto es Africa. A las dos semanas de abiertas las inscripciones para el sueño de la canilla propia, Sonangol colapsó con los pedidos y tuvieron que suspender las ventas. Habían unos temitas de interconexión entre los distintos puntos de venta, y al par de días en realidad ya nadie sabía qué le estaban vendiendo a quién. Se empezó a correr la bola que se habían vendido una serie de departamentos a más de un comprador y que mucha gente iba a quedar en Pampa y la vía después de haber puesto hasta 20 lucas verdes de entrada. Algunos de los compradores indignados (y algún que otro vivillo que no había puesto un mango) empezaron a prepararse para okupar los departamentos. El gobierno anunció refuerzo de la guardia policial para evitar invasiones a los edificios vacíos. La vida en los trópicos...

Un par de semanas después, y de nuevo se pusieron departamentos a la venta. Dicen que en los países que empiezan con la letra "A", como Angola, Alemania y la Argentina, a la gente le gusta mucho quejarse. Debe ser algo gramatical. Acá mucha gente se queja de los plazos de entrega, que no puede ser que uno ponga la tarasca de adelanto y tengan que pasar meses de trámites burocráticos para poder ingresar a departamentos que ya están terminados hace un par de años. Y que mientras tanto hay que seguir pagando el alquiler del musseke... Algunos analistas pronosticaron que este problema se solucionaría si hubiera la opción de empezar el tramiterío mientras los edificios están en construcción. Otros advirtieron que el angoleño jamás va a poner su guita sin tener el edificio terminado. En Angola, sin caniya no hay biyuya.

Este es un interesante artículo sobre las luces y sombras de vivir en Kilamba. Lo bueno: energía y agua constantes (una familia llega a ahorrar US$ 450 por mes en gasoil para generadores y camión cisterna); escuelas cerca de casa, baja criminalidad (por ahora que queda tan lejos y hay tan poca gente que ni los chorros se animan...). Lo malo: pocas opciones para hacer compras, entonces los almacenes practican precios un 50% más salados que los ya absurdos precios de Luanda; la distancia al centro; no dejan entrar a los kandong, perdón, taxistas (o sea que o tenés movilidad o estás en el horno).

Mientras los ciudadanos se quejan y los analistas pronostican qué pasaría en un universo paralelo, Kilamba se va poblando de a poco. En un futuro, probablemente le pase lo mismo que a otras ciudades planificadas como Brasilia, Nueva Delhi, La Plata o Washington: el crecimiento orgánico las llevará por caminos que los planificadores jamás soñaron, y la ciudad pasará a ser patrimonio de sus habitantes y no de los que la diseñaron. Es probable incluso que dentro de 20 años, si el país sigue creciendo, Kilamba deje de ser una unidad aislada y el resto de la ciudad de Luanda la alcance y la invada.

Pero me parece que no hay que perder de vista que implantar una Bariloche en los suburbios representa una solución para el 2,5% del problema habitacional de Luanda. Asegurar viviendas dignas para todos los caluandas implica levantar 40 Kilambas de la nada. Y que en realidad en estos momentos se están solucionando los problemas de vivienda de la clase media: gente que tiene 20 lucas verdes para pagar un adelanto de un departamento y que hasta ahora no tenía opciones para comprar. Garantizar viviendas dignas para las zungueiras, los taxistas (bah, kandongueiros) y los amigos kuduristas del Sambizanga requerirá décadas, mucho petróleo y capacidades institucionales que hoy francamente no existen.

Propiedad intelectual: las fotos las saqué de acá y acá

lunes, 27 de mayo de 2013

El blues de Kilamba Kiaxi (I)

Con todas las carencias en términos de vialidad que tiene Luanda, hay una ruta que verdaderamente puede ser llamada "autopista": son los casi 60 km de la Vía Expresso Benfica-Cacuaco. Es una circunvalación que encierra el aglomerado urbano, pasando a 25-30 km del centro. Ir de Benfica a Cacuaco pasando por el centro te lleva entre 6 y 8 horas, pero por la Vía Expreso uno lo hace en 45 minutos. Principalmente porque como no mucha gente viaja entre esos dos extremos de Luanda, la Vía Expreso siempre está descongestionada.

Pero esa ruta es el futuro. De la misma forma que la clase media después de la guerra inició un sostenido éxodo hacia el sur de Luanda, llenando Talatona de countries, urbanizaciones, shoppings, avenidas, el gobierno espera descongestionar el centro moviendo cosas hacia la Vía Expreso. El nuevo estadio nacional, edificios públicos, hotel cinco estrellas y centro de convenciones al puro estilo neo-cocoliche, el mayor hipermercado de Angola, el World Trade Center, el parque industrial de Viana. Y las nuevas centralidades. Las nuevas centralidades son el intento de mejorar las condiciones de vivienda de la población. Que son muy precarias. Y cuando digo muy precarias, el énfasis es en el muy. MUY. La gran mayoría de la población vive en condiciones que en la Argentina están reservadas para el decil más vulnerable.

Nada nuevo bajo el sol. Las nuevas centralidades son lo que varios países que salen de la pobreza extrema han hecho para solucionar las condiciones de vivienda. Monoblocs. Cientos. Barrios enteros. Ciudades monobloc. Con asfalto, electricidad, agua corriente, escuelas y hospitales. Y ya que estamos hablando de las nuevas centralidades, hay una que es como una epítome de todo lo que está bien y todo lo que está mal en este país: Kilamba Kiaxi.



Empezando por la metodología empleada: Kilamba es una ciudad completa para 125 mil habitantes (como Tandil, por ejemplo), implantada por la empresa estatal china de inversiones, CITIC, a cambio de petróleo. Algo similar a lo que nosotros ya hicimos con éxito con Venezuela, pero más básico. Sin privados vendiendo tractores o leche en polvo o instalando plantas llave en mano. Negocios hechos directamente entre la República Popular China y la ex-República Popular de Angola. Que en este caso tiene además una lógica muy poderosa: no hay empresas angoleñas en condiciones de crear una San Rafael en un par de años. E incluso armar los mecanismos institucionales que permitan contratar internacionalmente es pedir un poco demasiado de las capacidades burocráticas locales. Back to basics: oro negro por departamentos terminados.

Los chinos cumplieron con su parte: Kilamba Kiaxi no es solo un sueño o un proyecto. Es una ciudad fantasma casi terminada, ubicada allá en el c#¡0 del mundo donde el viento hizo la curva y el diablo perdió sus botas. Pero con una gran trampa: mientras las constructoras brasileñas y portuguesas contratan mano de obra local y la entrenan (bueno, más o menos...), los chinos vuelan a los obreros de su wild west. Y muchos se van quedando. Y ponen sus propios negocios: pequeñas empresas constructoras, negocios de material de construcción, importadores mayoristas. Y traen a sus familias de China, y muchas veces instalan sus negocios en el interior del país. Y el gran Matías Damasio ironiza que en esta nueva Angola, en las listas de regalos de casamiento los novios piden "chinos para trabajar terreno de 20x40".

Pero volviendo al blues de Kilamba Kiaxi, el gran problema no es la ubicación - que es bastante mala por cierto: 20 km de embotellamiento hacia el sur o hacia el oeste, y después 15 km despejados en la otra dirección por la vía expreso. El diablo siempre mete la cola en los detalles, y acá el detallecito que se les pasó no fue el de construir dos Ciudad Evita en un par de años, sino el de poblarlas una vez terminadas. El primer intento de solución fue el de vender a Kilamba como si fuera un residencial de lujo - y en efectivo. Y sí, comparado con las condiciones de vivienda de la gran mayoría de la población, un departamento nuevo en una calle asfaltada con luz y agua constantes es Barrio Parque. Pero la triste realidad es que se quiso cobrar por departamentos de Lugano ubicados en Nordelta como si fueran Puerto Madero. Y nadie los compró...


¿Achanchados por la triste realidad africana? Una luz de esperanza, en la próxima entrega de este bloj.

Propiedad intelectual: fotos bajadas de acá, acá, acáacá.

viernes, 24 de mayo de 2013

Kandongueiro sagrado

En el post anterior les comenté un poco sobre el trance roller sheeba boogie zombadicto sónico tránsito de Luanda. Les comenté que casi no existe el transporte público. Casi. Hay un par de líneas de colectivo, y están rehabilitando algunas líneas de tren de la época de la colonia. Creo que son dos líneas, pero que no se cruzan. De resto, reinan soberanos los kandongueiros. Que no les gustan que les digan kandongueiros, hay que llamarlos taxistas que si no se te ofenden. Y al kandongue, le decimos taxi.


No es exactamente lo que nosotros conocemos como taxi. Son en su mayoría unas Toyotas llamadas Hiace pintadas de escarapela argentina y hechas bolsa - aunque hay que reconocer que algunos taxis, bah, kandongues, están impecables. La capacidad nominal de esos bichos es de 9 pasajeros, pero quien dice 9 dice 15. Y media docena de gallinas vivas para la cabidela, que total van en un canasto y no molestan. El calor en Luanda puede ser algo tremendo, pero como total la mayoría de los kandongueiros, digo, taxis tienen varios vidrios partidos la ventilación está siempre garantizada. Haciendo un cálculo de carniceros, si pensamos que mitad de la población no tiene acceso a agua corriente y se higieniza a base del palanganazo duro, en un vehículo para 9 pasajeros cómodos a 35 grados, unas 7-8 personas no se ducharon. Más media docena de gallinas vivas, el aroma a humanidad puede ser nauseabundo.

No me queda en claro el grado de formalidad del kandongue. No parece ser un "servicio público regulado", pero tampoco se crean que es el viva la pepa total. La policía los para normalmente, como a otros autos. Es común ver a los canas charlando con los taxistas, bueno, kandongueiros. Impresiona el olor a T.R.A.N.S.A. de esas charlas... se siente de lejos... Muchos tienen recorridos regulares o semi-regulares, y los anuncian a viva voz mientras van pasando: Aeropuerto, São Paulo, Gamek, Samba, Viana, Artesanato. Pero por unos manguitos también se pueden desviar del recorrido para acercarte.

El sistema tarifario de los kandong, perdón, taxis, es peculiar. Se basa en el sistema binario. El pasaje pueden ser 100 kwanzas o 200 kwanzas (uno o dos dólares), dependiendo de la distancia y de los embotellamientos. Se arregla en el momento, y lo curioso es que de 100 pasa a 200, sin hacer escala en, ponéle, un 150.

Es común que en diversas situaciones, particularmente cuando uno tiene la mano en un volante y hace su mejor esfuerzo para sobrevivir al trance roller sheeba boogie zombadicto sónico tránsito de Luanda, le agarren ganas de gritarle a los taxistas: ¿qué m!#%d4 hacés, kandongueiro? Tienen este truco, en calles estrechas de doble mano embotelladas en un sólo sentido, de pasar a los autos embotellados y cuando viene un auto en la dirección contraria tirarte el kandongue encima para generar un tercer carril a la fuerza. Te pueden parar el taxi en el carril de la izquierda de una avenida para levantar a un pasajero que justo cruzaba en ese momento. O por la razón que sea (goma pinchada, pescado a la parrilla, venta de gallinas vivas, charla con amigo kandongueiro) dejarlo parado en el medio de una ruta sin banquina justo a la entrada de una curva cuando uno no puede ver si se te viene encima un camión a 120 por hora.

Muchos de ellos le ponen onda a su escarapela ambulante. Obviamente no me refiero a los evangélicos, que le meten los slogans de la iglesia universal. Me gustan particularmente los que hacen referencia al black power o al kuduro. Aunque a veces me imagino que pasar dos horas arriba de un taxi con el kuduro al mango te debe taladrar la cabeza. Algunos le cargan mucho animal print, o le meten slogans al vidrio de atrás. ¡Otros hasta tienen un LCD de 32" para los pasajeros!

Aunque la mayoría de los kandonguei, no, no, no quise decir eso, la mayoría de los taxistas son unas bestias que no les importa nada, a veces muestran toques de humanidad. No me voy a olvidar de uno, yo tratando de hacer la rotonda en el São Paulo, ocho de la noche, corte de luz en todo el barrio no se veía una goma, miles de personas cruzando la avenida de los Combatentes por todos lados, tres camiones me encerraron contra la rotonda y de repente tengo el auto trabado y no lo puedo mover. Ataque de pánico, aire condicionado a full y yo sudando como un cerdo todos los vidrios empañados, señoras con bebés pasando por los 13 mm que separan a mi auto de los camiones. Un taxista buena onda me ve la cara de quien está a punto de ingresar en una conversión religiosa de emergencia, despeja un poco el camino y me hace señales para que suba a la rotonda para salir del embroglio. Le hago caso, paso con el auto por encima de la rotonda y me meto en el hueco que el taxista me hizo. Casi me pongo a llorar de la emoción.

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martes, 21 de mayo de 2013

Espíd Reicer

No es algo sencillo de describir. El tránsito en Luanda. Imaginemos una ciudad de 500.000 habitantes, con infraestructura adecuada. Como San Juan, por ejemplo. Le tiramos cuarenta años de guerra encima, y 6.000.000 de refugiados. 10 años de boom petrolero después, sumamos cientos de miles de 4x4. Y las calles y avenidas que las constructoras chinas, portuguesas y brasileñas van metiendo en el medio de todo eso, a los ponchazos. Le restamos casi toda forma de transporte público.


Dividimos los nuevos carriles por el número de zungueiras que tienen que vender pescado, harina de maíz, alfombras y raquetas mata-mosquito en los embotellamientos. Sacamos los nombres de las calles, que total son de la época de la colonia y nadie los conoce. Es más práctico guiarse por la farmacia con el cartel azul, la panadería "Bolo Real", la esquina con dos bancos enfrentados o la tía que vende pescado a la parrilla, la de las sillas de plástico azules. Ya que estamos en minimalistas, sacamos todo tipo de cartelería urbana que indique algo. Multiplicamos el resultado por la falta de semáforos en los cruces de las nuevas avenidas, y los cortes de luz que todas las noches afectan barrios enteros.

Ya que estamos restamos las veredas. ¿Para qué mantener esa tradicional separación careta entre autos y peatones? A las calles llenas de baches, les tiramos agua y basura. Mucha agua, y mucha basura. Para que uno no sepa exactamente donde está metiendo su auto. Sacamos todos los estacionamientos de la ciudad. Es más fácil dar vueltas por la vía pública buscando un trapito que te indique como dejar el auto en triple fila, que total el señor del Borat azul es raro que salga antes de las 6 de la tarde. Por las dudas, dejamos cartelitos con el número de celular en el parabrisas.

Sumamos un montón de motos chinas nuevas, con nombres como Keweseki o Kiwisiki. Se las damos a miles de pendejos que no las saben manejar, y los largamos a la calle. Aprovechamos y sacamos las tapas de desague, que se funden y se revenden en los mercados informales. Y le sumamos mucho asfalto brasileño, de ese que es económico porque se le saca casi todo el petróleo que es caro y se lo cambia por basura más barata. Es bárbaro. Hasta la primera lluvia, que lo derrite como si fuera hecho de azúcar.

A todo eso le sumamos al Camarada Presidente: cuando él decide salir, las calles por donde va a pasar quedan cortadas desde dos horas antes.

Y al final de todo este proceso, nos sacamos las máscaras: si yo te digo que nos vamos a encontrar a las cuatro de la tarde, bueno, eso ya se verá. Lo que pasó es que tenía que pasar por el banco, que queda acá a quince cuadras. A la ida fuimos bien, pero a la vuelta mejor ni te cuento. Justo enfrente a la Sagrada Familia volcó un camión de chinos, que estaban puestos en gradas como de coca-cola. La mar en coche, un mar de chinos tirados por la calle, y cuando fuimos a hacer la rotonda frente a la radio nacional estaba cortada, que están en obras. Quisimos agarrar un atajo, pero unos pibes habían parado los autos para charlar y se armó la podrida, que parece que uno le quería birlar la novia al otro, y estaban en ese tole tole y no pasaba nadie.

Y justo cayó la cana que nos quiso poner una multa por estacionar en lugar prohibido y les tratamos de explicar que no estamos estacionados, que esto es un embotellamiento y queremos salir de acá. Pero no hubo caso, al final arreglamos con 2000 kwanzas. Sí, ya sé, son seis menos cuarto, estoy a tres cuadras pero por acá el auto no pasa, ahora meto el cuatro por cuatro y lo saco. Poné la birra en el congelador que en quince, sin falta, llego.

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domingo, 19 de mayo de 2013

El temita ese del agua

Las luces de la Baía de Luanda pueden encandilar. Las grúas y las obras pueden hacer soñar con la Dubai africana. Las 4x4 por todas partes pueden llevar a conclusiones apresuradas. Pero a veces el subdesarrollo muestra su cara en los pequeños detalles. Cuestiones triviales y de importancia menor, que casi casi podrían pasar desapercibidas. Como el agua.

Es una mezcla de un montón de cuestiones relacionadas. Para empezar, de falta de acceso a cualquier tipo de agua corriente: la ONG WaterAid estima que esto alcanza casi el 50% de la población. Siguiendo en la lista, el tema de la calidad del agua que sale de las canillas. Que los médicos te dicen que no debe ser usada ni para lavarse los dientes. Ni siquiera hervida. Pero que los angoleños toman sin más. Y logran una expectativa de vida que mal supera los 50 años.

Pero incluso entre el 50% que tiene acceso a agua corriente de dudosa calidad el panorama no es del todo claro. Una noche dormí en un musseke, en Benguela. Típico hogar de la nueva clase media angoleña: marido enfermero, esposa encargada de limpieza en hotel. Los dos con buenos laburos. Hijos en la escuela. Auto, televisor con parabólica, heladera. Una única canilla para toda la casa, en el patio. Esa canillita abastece cocina, baño, lavadero. El baño, un agujero en el piso y una palangana. En la cena, atentos, nos sirvieron agua mineral. Aclarando que es el agua "de ustedes". Momento apartheid involuntario - pero necesario.


Y no todo es cuestión de infraestructura - aunque es seguro que se necesitan más caños, más cloacas, más estaciones de tratamiento. Visitamos una escuela pública secundaria: un muchacho regaba las plantas con una manguera pero en el baño no había agua. Fuimos a una fiesta: la escalera para llegar a la pista de baile era una catarata de agua perdida pero en el baño no había agua. En estos casos, uno rápidamente decide no tomar cerveza o nada que sea ni remotamente diurético.

En las esquinas de los barrios ricos de Luanda es común encontrar caños que pierden e inundan las calles durante días, semanas o meses. Y ahí donde hay un caño roto chorreando litros de agua, hay angoleños bañándose, lavando la ropa o cocinando. O juntando galones para revenderlos. Porque la escasez y la mala distribución son oportunidades de negocios. El galón de agua cuesta normalmente entre 1 y 2 dólares, pero si hay falta de agua generalizada te lo cobran 5. El camión cisterna con 10.000 litros llega a tu casa por 300 dólares.

Pero los caños rotos son un privilegio de pocos, porque la realidad es que en barrios enteros de la ciudad de Luanda no pasa un caño de agua. En esos barrios, los camiones cisterna reparten agua más barata - agua que viene del río sin tratamiento. Los vecinos descartan el agua usada en las calles. Otros vecinos aprovechan los charcos de agua descartada para bañarse o lavar su ropa. Los charcos se transforman en reservas ecológicas para la proliferación de mosquitos que transmiten malaria y dengue. Y en los baños de los centros de salud del Sambizanga el agua directamente no corre.



Y entonces uno se da cuenta de la magnitud de determinados desafíos. WaterAid estima que 16.000 niños mueren por año en Angola de diarrea causada por las condiciones sanitarias y del agua...
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martes, 2 de abril de 2013

Teleyoruba

Luanda es una ciudad divertida. Como buena metrópolis, siempre pasan cosas. Pero es una ciudad muy intensa, y a veces está bueno quedarse en casa. En casa, si no estoy tomando un curso acelerado de estalinismo, muchas horas me dedico a ver el canal yoruba de televisión. No, yorugua no, yoruba. No, no me voy a poner a explicar que son los yorubas. Hagan como hice yo la primera vez que vi esa palabra y la busqué en wikipedia.
 
Resulta que las películas en yoruba son una parte importante de la industria cinematográfica de Nigeria, Nollywood. Las películas nigerianas son increíblemente berretas. Los interiores son muy feos, las actuaciones un mamarracho, en exteriores el sonido es pésimo (se escucha todo lo que ocurre alrededor y el viento tapa las voces), la edición es muy poco profesional (los cortes de una escena a otra muchas veces no tienen lógica), la banda de sonido no acompaña el desarrollo de la historia, y así por delante. Pero todo eso lo ignoro totalmente, porque siempre me fascinan los guiones.
 
No porque sean buenos. Al contrario, generalmente son películas muy malas porque parten de guiones pobres y previsibles. Pero revelan formas de pensar y de encarar la realidad muy distintas a las nuestras. En las películas yoruba existen ricos y pobres, existen tramas amorosas, hay crímenes y cuestiones de dinero como en las nuestras. Pero en todas las relaciones, en cada twist de la trama siempre hay un gualicho de por medio. Para conquistar a alguien, para cerrar un negocio, para vengarse de una mala de novela, la solución es siempre la misma: consultar al baba (brujo) del pueblo y hacerle una encomienda.
 
  • Abowaba Laye, por ejemplo, cuenta la triste historia de Labake, enfermerita de pueblo, casada con un hijo de una relación anterior. Cuando se encuentra de casualidad con unas amigas que se fueron a vivir a Lagos, Labake se encandila con las luces de la ciudad y se inventa un curso de especialización en enfermería. Se prostituye, abandona y maldice a su familia, y cuando el hijo se muere le dice al (ex-)marido: "todo el vínculo que existía entre nosotros se terminó". Conoce a un tipo, un caballero que maneja un Mercedes Benz, y se enamoran. Cuando van a consumar su amor, el "caballero" la obliga a punta de pistola a lamerle una llaga supurada en la pierna. A los pocos días Labake se enferma, vuelve a su pueblo, consulta al baba que le dice "este gualicho es fuerte. No tengo poderes para enfrentarlo. Es para atraer plata". Y Labake se muere.
  • En otra película, un señor cambia a su hija por cinco baldes de pescado. Los baldes le vienen bien servidos.
  • Otra película cuyo nombre no grabé trata la historia de un estudiante universitario que afana libros de la biblioteca para venderlos. Una noche por accidente mata a un seguridad. Desesperado frente a la posible pena de muerte, el padre del joven va a visitar a la jueza que tiene la causa en su casa. El seguridad de la jueza lo deja entrar a cambio de quince mil nairas. El señor charla con la jueza, le explica su caso, y la jueza le recomienda que contrate a un buen abogado porque si queda probado que el hijo mató, morirá porque así son las leyes del país y no hay nada que ella pueda hacer. Entra la madre de la jueza y dice que "mientras yo viva, una hija mía no va a condenar a nadie a la muerte, leyes del país o no leyes del país". La jueza promete pensar, y le dice al padre que la llame en dos, tres días. El guardia le cobra otras quince mil nairas para darle el teléfono. En la corte se encuentran con una antigua novia del padre, que tuvo un hijo no reconocido de él. El baba le dice al padre que todos sus problemas derivan de un gualicho debido a un talisman que usó esa vieja novia la primera vez que se acostaron, y que para deshacer el gualicho él (el padre) se tiene que acostar de nuevo con la ex-novia mientras los dos rezan. La película termina con los dos en la cama en un mantra.
  • En una película de guerra, un grupo de mujeres decide tomar armas para defender a su nación. Aunque los hombres les dicen que sin experiencia no van a poder luchar, las mujeres contestan que "no necesitamos saber luchar, nuestros antepasados luchan por nosotros y nos dan sabiduría". Varios se convencen con ese argumento y les entregan las armas a las mujeres. Algunos siguen sin estar convencidos, hasta que el baba dice que los antepasados efectivamente luchan por ellas y entonces se terminan de convencer. Las mujeres ganan la guerra gracias a los antepasados que les indican la posición de los enemigos (que como son malos no tienen antepasados).

Nadie entiende como puedo pasarme casi dos horas viendo uno de esos bodrios. La verdad es que yo tampoco. No se los recomiendo, pero hay un montón en you tube.

domingo, 24 de marzo de 2013

EANGO

Hmmmm, me doy cuenta que en este periplo por Angola hasta ahora me he dedicado principalmente a hablar de boludeces. Bueno, no necesariamente boludeces, pero temas más light. Música, las cataratas, mujeres con baldes en la cabeza, encendedores. Tuve mis momentos serios como este, pero en términos generales no he escrito sobre el laburo. Bueno, creo que es hora de contar un poco sobre el motivo principal que me trae a Luanda (además del kuduro y la tarrachinha, obvio).


Esta es nuestra Embajada en Angola. Queda ubicada en la calle Comandante Stona, nº 190, en el barrio del Alvalade, distrito de Maianga, provincia de Luanda. Está abierta de lunes a viernes de 8:30 a 16:30.  Anteriormente he escrito sobre sedes argentinas grandes como nuestra Embajada en Alemania o el Centro de Promoción en San Pablo. Embajadas y consulados con muchos funcionarios, con divisiones funcionales en "secciones", con mucha gente laburando en los temas.

Esto es otra escala. Somos 9 personas en total, de las cuales 2 venimos de Buenos Aires. Es medio como una embajada DIY. En primer lugar, atendemos una colonia argentina de aproximadamente 200 personas. Emitimos unas 10 visas por semana en promedio. Preparamos estudios y perfiles de mercado a pedido de empresas argentinas. Difundimos oportunidades comerciales para nuestros productos. Políticamente, trabajamos con la Cancillería, por ejemplo, en la visita del Ministro de Administración del Territorio con dos gobernadores y tres intendentes a la Argentina la semana pasada.

Sí, hacemos muchas cosas interesantes, y quedan muchas otras por hacer. Pero bueno, una vez ya les comenté que más allá de las hipérboles, la rutina es algo que a muy poca gente le puede interesar. Como por ejemplo las horas del día que uno gasta controlando que haya gasoil en el generador, que el tanque de agua se llene correctamente, que la chica que se encarga de la limpieza se encargue de la limpieza y no de dormir unas buenas siestas en algún sillón escondido mientras escucha a Rihanna en su celular.


O el tiempo que se pierde averiguando que la razón por la que todas las transferencias de la Embajada están paralizadas hace quince días es porque en el banco se perdieron las fichas con las firmas. Y no se les ocurrió avisar. O puteando a la empresa de internet porque estamos sin servicio durante 48 horas. O frenando la catarata que sale del aire condicionado que tiene que mantener frío el servidor que nos conecta a Buenos Aires, tratando de evitar un corto circuito y sin esperanzas de mantener el cuarto a la temperatura siberiana necesaria.

Tratando de a dos de frenar los chorros de agua, secar el piso, levantar los equipos para que no se mojen y llamar a la empresa de mantenimiento, me di cuenta lo importantísimo e interesantísimo de mi laburo. Es casi como que estuviera por salvar el mundo de un momento a otro. Mejor vuelvo a escribir sobre las boludeces de siempre...

miércoles, 20 de marzo de 2013

¿Quién es el más malo?

Alien vs predator
Jason vs Freddy
Mirta vs Moria
Hitler vs Stalin

Con tanta maldad suelta en este mundo, es difícil contestar la pregunta. Entre los (muchos) libros que me traje a Angola, el más mamotreto de todos es "La corte del zar rojo", una especie de biografía de Stálin escrita por Simon Sebag Montefiore, de quien ya había leído "El joven Stalin". Aunque yo ya había leído anteriormente sobre la historia de la URSS, lo que me sorprendió de El joven Stalin es que se concentra justamente en la formación de Iosif Dzhugashvilli y entra a fondo en la vida privada del joven que vendría a ser Stalin.

En la corte del zar rojo sigue por el mismo camino, y en lugar de discutir sobre las políticas o las consecuencias de dichas políticas (lo que uno puede leer en un libro de historia), pone el foco en las personas que tomaban las decisiones, el ambiente en el cual las decisiones eran tomadas y las relaciones entre ese círculo íntimo que concentraba la suma del poder político en la Unión Soviética.

Ya al inicio del libro, cuando se trata el periodo de colectivización de la agricultura iniciado en 1928 y la gran hambruna de 1929-30, ese enfoque queda en evidencia. Las razones y las herramientas utilizadas pasan a un plano totalmente secundario, y la narración se concentra en las reacciones de los líderes (incluyendo a Stalin) a las noticias de hambruna, las discusiones que tenían, las distintas posturas incluso personales. En ese sentido, el libro oscila entre la humanización de los personajes y la constatación de que dotarlos de humanidad no los excusa de los crímenes que cometieron.

Y con relación a la pregunta del título, en el prólogo del libro Montefiore hace una observación muy interesante sobre el tema:


Casi todo el mundo ha caído en la tentación de echar la culpa de todos los crímenes a un solo hombre, Stalin. En la actualidad hay en Occidente una obsesión por el culto a la maldad: una competición tan macabra como inútil entre Stalin y Hitler para determinar cuál fue "el dictador más malvado del mundo" mediante el cómputo de sus supuestas víctimas. Eso es demonología, no historia. Semejante actitud tiene como consecuencia inculpar de todos los crímenes únicamente a un loco y no nos permite extraer ninguna lección ni respecto al peligro de las ideas y sistemas utópicos ni en lo concerniente a la responsabilidad de los individuos.

En ese sentido, La corte del zar rojo es más bien un retrato de un grupo de personas que condujeron a un Imperio en una coyuntura clave de su historia. En esa composición, los personajes están pintados con distintos colores que indican su relación con el centro del sistema (el propio Stalin) y con los otros personajes de la historia, y el papel que desempeñaban en ese sistema.

lunes, 18 de marzo de 2013

En la provincia de Malanje (II)

Siguiendo con el post del otro día, el domingo nos despertamos en la ciudad de Malanje no muy temprano, desayunamos y partimos en dirección a Cacuso para tomar la ruta hacia el Parque Nacional de Pungo Adongo.


Malanje en sí no dice tanto: es una típica ciudad angoleña, con su parte colonial de principios de siglo XX, edificios públicos de la etapa desarrollista del colonialismo portugués pos II Guerra, vacío arquitectónico entre los '60 y 2002, y mamotretos nuevos y grúas y grúas. Todo rodeado de enormes musseques (favelas), y una panadería por cuadra. Así que nos rajamos rápido.

Mañana tormentosa, nubes espesas en el cielo, tomamos la ruta que sale de Cacuso sin saber muy bien qué esperar, y en menos de media hora empezamos a ver a lo lejos unas formaciones rocosas gigantes emergiendo del antiplano contra el cielo gris. A medida que nos acercábamos, empezamos a distinguir el tamaño y peculiaridad de cada forma de piedra. Y la magnitud de todo el complejo.

Pasando el primer conjunto de piedras, una explotación agrícola respetable. El cartel a la entrada menciona 10.000 hectáreas, un proyecto gubernamental. Parte (necesaria) de la obsesión por lograr abastecerse localmente de alimentos. Si una cooperativa en una provincia empieza a producir pepinos, es noticia en el Jornal de Angola.
Seguimos por la ruta hasta el segundo conjunto de piedras, y la entrada del parque nacional. Todo asfaltado, pero de resto es como si fuera territorio virgen. No hay un centro de información, no existen carteles explicativos, no hay un hotel o restaurante en ninguno de los pueblos de la zona.


Así que nos bajamos del auto, agarramos los caminitos y nos dedicamos a explorar las rocas. Subidas, bajadas, grietas, y vistas a más rocas, valles, y unos escenarios salidos del Señor de los Anillos. Tierra fértil hasta perder de vista. El Africa que uno no ve en los noticieros, un continente lleno de posibilidades, donde cada cosa que falta es señal de un potencial inexplorado.

Habiendo manejado a la ida, la vuelta me dediqué a mirar por la ventana. El auto volvió silencioso. Yo pensaba. Pensaba en las riquezas de un continente que uno tiende a ecualizar con la pobreza. Pensaba en las oportunidades de una tierra que nos enseñan a asociar con la desesperación. Pensaba en todas las semillas que se plantaron el año pasado, y como esas semillas son menos del 1% de todo lo que la Argentina puede hacer en este país. Pensando me quedé dormido. Una linda siestita antes de tomar el volante para entrar a Luanda.


Propiedad intelectual: las fotos las saqué del fb de c, de acá, acá y acá

miércoles, 13 de marzo de 2013

Imaginemos por un instante

Que un día nuestras autoridades decidieran convocar a un plebiscito para conocer la opinión del pueblo argentino sobre si las Malvinas son nuestras o no. Que se llame a un operativo masivo para garantizar que todos y todas puedan votar. Que se grite a los cuatro vientos para que toda la comunidad internacional escuche que esto define la cuestión de una vez por todas. Que el "sí" obtenga una aplastante mayoría y nos juntemos en el Obelisco a festejar esta gran victoria de la democracia. Que se llamen a observadores internacionales y la PNA salga a celebrar la transparencia de los comicios.

Estaríamos haciendo un poco el ridículo, ¿no? Nos estaríamos exponiendo a que en el exterior piensen que somos "poco serios", ¿no? Muchos argentinos incluso lo tomarían como la confirmación que somos una republiqueta bananera, ¿no?

Menos mal que nunca se nos pasó por la cabeza, digo.

lunes, 11 de marzo de 2013

En la provincia de Malanje (I)

Otro fin de semana largo nos deposita nuevamente en rutas angoleñas, escapando de Luanda y camino al interior. Pasando por pueblitos con casas de adobe y con nombres como Quitumbo, Lussue de Baixo, Lussue de Cima, Cambondo. Pueblos donde la bandera del Partido es más visible que la bandera misma de Angola; donde el Partido es el único Estado presente. Pasando por miles y miles de hectáreas de tierra fértil cubierta de monte, esperando una revolución agrícola. Muy de vez en cuando una explotación agropecuaria. En los pueblos, agricultura de subsistencia.


Pasando por ciudades, ciudades chicas como Cacuso, Lucala o Lombe. Asfalto nuevo, escuelas nuevas, puentes nuevos, hospitales nuevos. Sucursales de banco siglo XXI en ciudades tratando de entrar al XX. El Estado marcando presencia a través de la construcción de edificios públicos. Grúas. Conjuntos habitacionales, algunos ocupados. Empresas constructoras chinas. Chinos. Supermercados libaneses. Bon-o-bon made in Mexico. Ciudades grandes y chatas como N'dalatando, capital de la provincia del Kwanza Norte. Con mercados donde se asan pescados a la parrilla y se venden platos con mucho jindungo. Y zungueiras caminando las calles, un balde en la cabeza y un bebé en las espaldas.

Así llegamos, al atardecer del primer día, a las cataratas de Calandula. Desde la ruta, rodeada del verde fosforescente de la selva tropical, se observa a los lejos la bruma de las caídas de agua.


La poca infraestructura hotelera colmada por el fin de semana largo, el sol que cae a pasos acelerados, tomamos la decisión de buscar un lugar para acampar. Del otro lado del valle, a lo lejos se observa una estructura abandonada, como un viejo hotel panorámico. Preguntamos el camino, hacemos unos 20 quilómetros y un viejo cartel indica el camino a la Pousada. Una vieja ruta de asfalto en camino de ser reapropiada por la naturaleza nos lleva a los restos de un hotel.

Nadie a la vista, y nubes amenazadoras en el cielo. Tendemos campamento en la parte de atrás del hotel. Al rato es noche profunda, empieza la tormenta, hacemos un fuego y de golpe estamos en el escenario perfecto para una película de terror. Y sin señal de celular. Asamos una colita de cuadril a resguardo de la lluvia que igual penetra por las grietas de la vieja construcción. La noche es fresca y perfecta para dormir en carpa. Entro en el hotel con la luz de mi celular. Me cago en las patas y salgo corriendo. Repasamos todos los elementos de película de terror contenidos en la escena (campamento, tormenta, hotel abandonado, celulares mudos), pero lo único que me preocupa un poco es que en la oscuridad del valle las luces del auto y la fogata en el hotel abandonado llaman mucho la atención. Pero evidentemente esa preocupación no logra quitarme el sueño. A eso de las 8:30 de la mañana escuchamos voces, angoleños visitando el sitio. Seguimos durmiendo hasta las 10. Llevo una silla portátil a una de las habitaciones y me siento a leer cuentos de Cortázar mientras la bruma de las cataratas me rocía.

Después de un breve pero intenso intercambio de ideas con unos vaguitos locales (que empezaron siendo tres y al cabo de un rato ya eran como ocho) nos tomamos el pire, no sin antes ofrendar a las deidades locales cinco cervezas, tres cocacolas, una fanta y un paquete casi entero de papitas Lays. A cambio de tan generosa oferta, los oráculos nos enseñan el camino a la cascada de Musseleji. Después de un camino en el que pusimos a prueba el 4x4 de la camioneta, llegamos a unas cascadas chicas pero con agua cristalina y fresca en la cual pudimos compensar la ausencia de agua corriente en el hotel donde pasamos la noche.

Y entre rutas intransitables, cascadas, selva y tertulia con familias angoleñas se nos pasó el día. Decidimos seguir camino a Malanje para tratar de conseguir lugar para dormir. Tuvimos suerte y conseguimos una habitación en una hospedaria. Dimos vueltas por la ciudad, comimos en un restaurante portugués pero como no había quorum para salir a bailar tarraxinha terminamos durmiendo temprano, que el día siguiente nos aguardaba con excursión al Parque Nacional de Pungo Andongo y las piedras negras.

Mañana (o pasado) sigue el relato. Propiedad intelectual: las fotos las saqué de acá, acá, acá y acá.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Se te va a extrañar en el rioba

Hoy me tocó con mucha tristeza cumplir con las instrucciones de la PNA. Nuestra bandera flamea a media asta en la Embajada Argentina en Angola, como en los demás edificios públicos del país.

Comandante Hugo Chávez Frías, presente y hasta la victoria, siempre. Sudamérica te extrañará.

martes, 5 de marzo de 2013

El valor de los símbolos

La verdad es que está muy bueno ser un diplomático argentino en Luanda en estos momentos. Eduardo Sguiglia habló del "capital simbólico" de la visita presidencial a Angola, y la verdad es que eso es muy palpable. Se puede decir que la Argentina está en el radar como un socio importante para Angola, lo que ayuda a abrir puertas en distintas áreas. Les doy algunos ejemplos concretos:

  • Hace dos semanas, en el cierre de un seminario sobre comercio exterior, la Ministra de Comercio de Angola anunció la apertura de representaciones comerciales en cinco países relevantes para el comercio exterior angoleño: Francia, Alemania, Argentina, Rusia y Emiratos Árabes Unidos.
  • No hay semana en la que no salga alguna noticia sobre Argentina y sus relaciones con Angola en el Jornal de Angola (único diario del país). Gobernadores provinciales hablando de las potencialidades de la cooperación con la Argentina en agroindustria, la participación del seleccionado de hóquei sobre patines en el Torneo de la Vendimia, artículos apoyando la postura argentina en relación a Malvinas, la próxima entronización en nuestro país de Nuestra Señora de la Muxima.
  • No hay reunión con representante del gobierno, del sector privado o de la sociedad civil angoleños en los que, cuando uno se presenta, no venga el inevitable comentario sobre la feria de productos argentinos, la visita presidencial o algun otro aspecto de los eventos del año pasado.
  • Varios colegas de otras Embajadas nos cuentan, con tono de sana envidia, de los informes que tuvieron que mandar a sus capitales recomendando seguir el "modelo argentino" para posicionar a sus países en Angola. El modelo argentino consiste en misión comercial multitudinaria acompañanado al Canciller o al Ministro de Comercio, y feria dedicada al país con visita presidencial en un espacio de tres meses para asegurar varios meses de cobertura periodística ininterrumpida.
Los resultados concretos uno los observa cotidianamente. Empresarios que vienen a Luanda a continuar los contactos iniciados en el 2012; empresarios angoleños que viajan a la Argentina a conocer a sus contrapartes o participar en ferias; acuerdos entre agencias públicas de los dos países para reforzar la cooperación en distintas materias (industria láctea, educación superior, calidad de medicamentos, medio ambiente); intercambios culturales (coproducciones de cine, viajes de músicos); angoleños interesados en hacer posgrados en la Argentina.

Por eso te da tanta bronca leer que ciertos medios argentinos sigan construyendo un universo paralelo en el cual la Argentina no tiene nada que hacer en Angola más que perder el tiempo. Como esta nota de La Nación de hoy, por ejemplo. Que no es toda mentira. Es verdad, por ejemplo, que las exportaciones argentinas a Angola cayeron en el 2012 en comparación con el 2011. El año pasado exportamos por un total de U$S 197 millones a este país, cuando el año anterior nuestras ventas habían sido de U$S 221 millones. Pero cuando uno empieza a desmenuzar los números, vemos un comportamiento interesante de nuestras exportaciones de mayor valor agregado.

Por eso veamos: ¿cómo se explica la caída de las exportaciones argentinas a Angola en 2012? Esta es fácil: son los aceites, estúpido. Entre aceites de soja y mezclas, en 2011 les vendimos U$S 81 millones y el año pasado fueron US$ 44 millones. La caída de U$$ 37 millones explica la caída global y sobran U$S 13 millones. Entonces la segunda pregunta es: ¿en qué se transformaron esos U$S 13 millones de aceite que nos dejaron de comprar? Y esta también es fácil: en manufacturas de origen industrial (MOI, la cereza de la torta de nuestras exportaciones). En 2012 exportamos a Angola un total de U$S 30 millones en MOI, lo que representó un crecimiento de 60% respecto a los U$S 19 millones exportados el año anterior.

Finalmente ¿cómo se compone ese crecimiento? En vehículos automotores, por ejemplo, pasamos de 1,7 a 5,5 millones de dólares. En bombas para líquidos y volumétricas, iniciamos ventas por 1 millón. En maquinaria agrícola pasamos de 0 a 470 mil dólares. En válvulas pasamos de 250 mil a 900 mil. En grupos electrógenos de 120 mil a 1,2 millones. Otro de los negocios de la misión, las viviendas industrializadas, vendieron 250 mil dólares en 2012. Y si uno lee con detenimiento los datos de exportaciones (no las quejas de los empresarios, que al fin y al cabo son humanos y siempre se van a quejar que la plata no les alcanza) se distinguen montones de pequeños nuevos negocios, ventas que antes no existían y que coinciden con rubros de empresas que vinieron a las misiones.

Yo entiendo que a los medios hegemónicos la realidad les importe muy poco, ya que tienen un relato para construir. Me acuerdo de grandes películas americanas de los ´70, como "Todos los Hombres del Presidente" o "Síndrome de China", en la cual intrépidos periodistas exponían las mentiras del gobierno a una población estupefacta. Y no puedo evitar sentirme un poco como un Robert Redford al revés: un intrépido funcionario público descubriendo indignado las mentiras que te quieren contar los diarios.

miércoles, 27 de febrero de 2013

La guerra

Es omnipresente. Es inevitable. Fueron 40 años. Son 10 de paz. Es la base de la construcción de una identidad nacional. No por nada el Camarada Presidente es el Arquitecto de la Paz. Y es curioso poder observar, medio desde afuera, de qué forma un país utiliza los elementos de su historia reciente en la construcción de su relato. La guerra se usa en casi todos los casos como una explicación de algo. ¿Los hospitales son insuficientes? Fueron destruidos por la guerra. ¿El tránsito en Luanda es un caos? La migración interna hacia Luanda provocada por la guerra hizo colapsar la infraestructura. ¿Hay escasez de mano de obra calificada? Los pibes tenían que ir a la guerra temprano y no podían estudiar. ¿La comida es cara? La guerra afectó principalmente a las zonas rurales.

Uno no escucha, sin embargo, relatos de la guerra en primera persona. Rara vez la guerra es una circunstancia específica que provocó que uno actuara de determinada manera, sino que generalmente es un ente ajeno, una tercera persona que generó muchos inconvenientes y desgracias, pero a todo un pueblo de manera uniforme y no a un relator específico. En lugar de ponerme a escribir sobre cosas que no entiendo mucho (lo que he hecho en muchas ocasiones), le cedo la palabra a alguien que sabe más. En su último libro, "Os Transparentes", el escritor angoleño Ondjaki escribe (la mala traducción es mía, la estructura formal es del autor):

y la novia pensaba que

con excepción de ella misma y de su madre, todos los angoleños tenían alguna paranoia con armas o armamentos, todos tenían una historia que contar que contenía un arma, una pistola, una granada o al menos una buena historia que contuviera un tiro, o una ráfaga de tiros, algunos tenían cicatrices en el cuerpo, otros atribuían a cicatrices varias los episodios que fabulaban por fuerza de necesitar de ellos,

un modo, llamémoslo así, colectivo de revivir la guerra y sus episodios, los combates y sus consecuencias, aunque fuera de oír hablar, o de haberse escuchado en la radio antiguamente, en los días en que la guerra había sido un elemento cruel pero banal de la realidad, y aún hoy disociar a la guerra del cotidiano era casi un pecado

y de arma en arma, de tiro en tiro, de conversa violenta en brutal descripción el fantasma de la guerra continuaba libre - en cada esquina de Angola en algún momento, aunque fuera en los primeros instantes de las mañanas más limpias alguien estaría dispuesto a sacrificar su silencio para hablar, aunque más no fuera implicitamente, de una guerra cualquiera, la suya o la del vecino, de su familia o del hijastro que viene de una provincia más sufrida, inyectando en casamientos, funerales, en las horas de trabajo, en los bailes, en las artes y hasta en el amor una casi innata pericia para hablar sobre ese asunto monstruoso como quien suavemente y sin miedo acariciara las espaldas de un monstruo rabioso y atormentado por una falsa paz con apariencia de agotamiento

así, en la manera de actuar y de reaccionar, de recibir a los otros y de ir afuera a contar en muchas versiones la herida nacional, el angoleño invertía gran parte de su imaginación en recuerdos que la mayoría de las veces no eran suyos, o proyectando en el pasado lo que podría haber ocurrido, o haciendo clarísimas alusiones a un futuro que por suerte no ocurriría y bien revisadas las cosas - al fin y al cabo, tratándose de tamaña cicatriz social - la verdad es que cualquiera sin pedir autorización a los demás podía de hecho recurrir a la llave mágica de la palabra para abrir la gigante caja fuerte donde el monstruo decidió vivir

"la guerra", se decía, "es un recuerdo que siempre sangra, y en cualquier momento uno abre la boca, o hace un gesto, y lo que sale es un esbozo encarnado de cosas que ni sabías saber"