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martes, 1 de febrero de 2011

Un ejemplo de lo que quiero decir

Creo que quedó clara mi opinión sobre la Ronda de Doha, después de este post y este. Pero bueno, es fácil criticar por criticar, y si no hay propuestas, viejo, entonces estamos siempre en la misma. Matías, en su comentario de ayer, hizo referencia a esta nota en "la revista favorita de Ana C." (sorry, Musgrave), que a su vez menciona el reciente informe de Sutherland y Bhagwati sobre la Ronda y la posibilidad de cerrarla ya ya.


Yo mantengo mi opinión: que la Ronda está muerta. Y como buen ateo, no creo en la reencarnación ni en la resurrección. Pero hay algo interesante en la nota del Economist:


The authors do, though, admit that there are growing gaps “between 20th-century trade governance and 21st-century trade”. A case in point is the growth and rising complexity of global supply chains, which means that today’s protectionists are more likely to resort to targeted rules rather than tariffs; this makes trade negotiators’ traditional goal of tariff-killing less relevant. But abandoning the present negotiations in favour of an entirely new round of talks with a more up-to-date agenda, as some have advocated, has even less chance of getting anywhere than the Doha effort.

Creo que ahí está el punto. Imposibilitados de avanzar una agenda comercial del siglo XXI, los principales actores del escenario internacional tendrían que decidir que un acuerdo malo es mejor que el no-acuerdo. Y ahí es donde yo disiento.


Además del ejemplo del Economist sobre la creciente irrelevancia de los aranceles como mecanismo de protección, que fue mencionado en mis posts anteriores, quiero agregar la incongruencia de mantener una infraestructura del siglo XX para enfrentar las cuestiones aduaneras actuales. Algunas de las discusiones más técnicas que se dan en el ámbito de la OMC, como valoración aduanera, y algunas de las más estériles, como normas de origen, son sobre temas aduaneros. En el caso de este último, por ejemplo, los países vienen dando vuelta sobre el mismo tema hace más de 20 años; se estima que han concluído un 55% del laburo...


Y los miembros de la OMC seguimos discutiendo en términos pre-informáticos. Las Aduanas son un tema sensible en todos los países, y los aduaneros son uno de los ghettos más cerrados que conozco. Plantear una integración de las aduanas del mundo es casi tan imposible como plantear, por ejemplo, un ejército mundial. Pero no me parece absurdo plantear un sistema informático que, manteniendo la información sensible en manos estrictamentes nacionales, permita vincular cada operación de exportación a su importación en otro país.


Muchos de los problemas que enfrentan los aduaneros en la actualidad (contrabando, subfacturación, triangulaciones, etc) serían resueltos o mitigados si la aduana de importación fuera advertida de antemano de cada operación por su contraparte del país de exportación. En la actualidad, cada venta externa implica una operación en el país de salida, un período en el cual la mercadería está en el limbo, y una segunda operación independiente en el país de entrada.


Probablemente lo que yo digo no sea original. Existe un comité en la OMC de Facilitación del Comercio, y es posible que en ese comité alguien haya propuesto algo similar, son cientos de propuestas, uno no puede leer todo. Pero hay cosas muy valiosas, y me parece que ese tipo de propuestas que realmente tengan un impacto en la facilidad y la rapidez con la que uno hace un trámite de comercio exterior son más importantes que una fórmula suiza para bienes industriales.


Pero bueno, entiendo también que es más fácil aplicar una fórmula mágica para liberalizar el comercio. Una mayor integración de las aduanas para facilitar cada operación implica luchar contra las mafias enquistadas en aduanas de distintos países, implica encontrar soluciones imaginativas (y no mágicas) y también reduce la posibilidad de usar temas aduaneros con fines proteccionistas (y en eso los argentinos somos nenes de pecho frente a otros países...). Sin necesidad de renunciar a elementos válidos de protección, como las licencias o las cuestiones sanitarias.


Creo que es más importante ir planteando los temas de infraestructura del comercio para el siglo XXI, por más utópicos que suenen por el momento, y avanzar en medidas prácticas que permitan aumentar el comercio sin afectar las políticas industriales de los países en desarrollo. Sino, es seguir enfrascados en discusiones sobre un acuerdo que nadie quiere.

lunes, 31 de enero de 2011

Doha: la Ronda (II)

El otro día, con el histórico de la "Agenda de Desarrollo de Doha", empecé a esbozar unas primeras ideas sobre la "garcha" como categoría analítica. En este post pretendo concluir esas ideas:

1. Los elementos del acuerdo eran una garcha: si en el 2001 se vislumbró una "Ronda del Desarrollo", a medida que los textos iban emergiendo, quedaba en claro que de parte de los países desarrollados la intención era proteger sus mercados y pedir apertura para sus productos. Esa postura era más visible en el contraste entre el mantenimiento de distintos sistemas de protección y subsidios para el sector agrícola y la exigencia de esfuerzo en la apertura de mercado para los bienes industriales. Pero actualmente ese clivaje norte industrial-sur agrícola revela una pequeña parte de la realidad. China es gran beneficiaria de cortes en los aranceles industriales. Y a los países desarrollados muchas veces les interesan más los resultados de otras negociaciones: servicios, propiedad intelectual, temas sanitarios.

2. Era imposible alcanzar un resultado global equilibrado: si bien en todos los documentos proliferó el bla bla bla sobre el equilibrio, en la práctica la contabilidad del equilibrio se hacía sobre una doble base de cálculo (equilibrio en agricultura y equilibrio entre agricultura, industriales y servicios) que le permitió a los desarrollados equilibrar en su favor. Y al excluir del cálculo otros temas laterales (como propiedad intelectual, por ejemplo) que generalmente benefician a los desarrollados hubiera inclinado la balanza de resultados más aún a su favor.

3. El enfoque de los temas laterales era una garcha. Ejemplo 1: los ADPIC (propiedad intelectual). Yo creo en el poder de los mercados (obviamente que regulados), y no puede ser que una cuestión tan esencial al desarrollo económico como el pago por las ideas se rija por un esquema pre-capitalista y medieval como las patentes monopólicas. Este esquemita anti-mercado que tanto les gusta a los países desarrollados permite que los dueños de la patente fijen el precio que quieren por las ideas. Ahora, un esquema más moderno que estableciera principios de mercado beneficiaría a los países en desarrollo, que pagarían un precio justo por las ideas que necesitan importar. Ejemplo 2: comercio y medio ambiente. El bla bla bla es lindo: "muchachos, ¡hay que salvar el planeta!". La realidad es triste: un mero intento de pasar por izquierda una mayor liberación de bienes industriales que les interesa exportar a los desarrollados: turbinas de viento, motores de bajo consumo, y otras chucherías "eco". A cambio de una rebaja de aranceles para bienes "hippie-eco" como sandalias de yute y sahumerios naturales.

4. El trato especial y diferenciado era una garcha. Otro ejemplo de distancia entre el discurso y la acción. El TED debería ayudar a los países en desarrollo (principalmente los más pobres) a beneficiarse del sistema de comercio, pero termina medio en la siguiente grasada: a los PMD y PHM (países menos desarrollados y países hechos mierda) se les exige poco y nada, y se les reducen unilateralmente aranceles (total no pueden vender nada porque su capacidad productiva es mínima y no cumplen con estándares de nada). A los países en desarrollo importantes se les conceden un par de añitos de gracia y unas flexibilidades adicionales para cumplir con los compromisos, a regañadientes.


5. El Sr. Director General y la Secretaría de la OMC eran una... no, no lo voy a decir. De última, no me molesta que el Sr. tenga sus ambiciones políticas. Digo, si él estima que cerrar la Ronda le facilitaría el camino al Palacio del Elíseo, y logra cerrar un buen acuerdo, lo aplaudo y le deseo suerte. Pero su accionar siempre fue bastante berreta. Por un lado, esa visión simplista de tratar de lograr un acuerdo que no le restara el voto agrícola francés. Por otro lado, el uso alevoso de la Secretaría de la OMC para imponer su visión berreta de como las cosas deberían ser. Ya sé que no soy parcial, siempre me molestó su pomposidad y su elección de vocabulario. Tampoco creo que el fracaso de la Ronda sea su culpa, ¿eh?


6. El marketing de la Ronda era una garcha. El fracaso en el cumplimiento del mandato de desarrollo hizo que las Conferencias Ministeriales de la OMC fueran eventos conflictivos, con toda la tropa anti-globalización con los colmillos afilados. El exceso de tecnicismo no ayuda, y la atmosfera insular de Ginebra tampoco. Pero en definitiva, lo que faltó fue una visión. ¿Para qué queríamos una Ronda de negociaciones multilaterales comerciales? La respuesta la tuvo Polaski: para garcar a los pobres.


7. El momento político no era oportuno. Ni para la Ronda, ni para los participantes. Nadie quiso pagar costos políticos por cerrar un acuerdo. Y creo que la razón principal es porque el acuerdo era, como ya he dicho, una garcha. A nosotros en particular nos era imposible. Los últimos intentos desesperados de revivir la Ronda empiezan en Ginebra el 21 de julio de 2008, 4 días después del voto no positivo de Cobos a la 125. El gobierno argentino no tenía razones ni interés en cerrar un acuerdo en Ginebra que implicara reducir aranceles industriales a cambio de mejor acceso para nuestros productos agrícolas.


Y bueno, creo haber concluído esta pequeña historia de un naufragio llamado Doha.

miércoles, 26 de enero de 2011

Doha: la Ronda (I)

Como para salir un poco de la coyuntura, traigo a colación un tema pasado de moda. La Ronda de Doha, o como es oficialmente conocido, el Programa de Doha para el Desarrollo. No guarda ninguna relación con el reciente viaje de la PNA a esa ciudad y aledañas, reseñado por Manolo aquí. Lo que pasa es que en este post me referí a la Ronda como una "garcha", y me parece que es necesario explayarse en la definición y tipificación de esa categoría analítica.


La Ronda de Doha de negociaciones multilaterales fue lanzada en noviembre de 2001, a escasos dos meses de los ataques terroristas en Nueva York, y fue originalmente concebida como parte de una respuesta de la comunidad internacional a la amenaza del terrorismo. El uso de la palabra desarrollo era parte de esa idea: el desarrollo económico como respuesta al terrorismo. La Declaración Ministerial planteaba un programa ambicioso, con exigencias severas a los países desarrollados en materia de acceso a mercados para bienes agrícolas y eliminación de subsidios a la agricultura. También planteaba concesiones generosas a los países en vías de desarrollo, lo que se llama "trato especial y diferenciado".


De ahí en más, fue todo de mal en peor. Las negociaciones tendrían que haber avanzado hasta presentar modalidades (el borrador del acuerdo) en la Ministerial de Cancún (septiembre de 2003) para cerrar la ronda en enero de 2005. Pero Cancún fue un puterío. Todo empezó a derrapar el primer día de negociaciones, cuando un agricultor activista coreano, Lee Kyung Hae, se suicidó frente a las cámaras de TV para protestar contra la globalización y la liberalización comercial. Dentro del Centro de Convenciones, era lucha de clases: ricos contra pobres, norte contra sur.


En Cancún surgió el G20 de los "en vías de desarrollo" (no confundir con el G-20 financiero), frente a lo que se observaba como una deformación del propósito original de desarrollo de la Ronda. Como resultado del puterío en México, las negociaciones quedaron suspendidas. La dinámica de los próximos años por momentos parecía inclinarse por la agenda del desarrollo y por momentos por los temas de interés de un grupo de desarrollados (los llamados Temas de Singapur).


En Ginebra (2004) EE.UU. pareció dispuesto a avanzar en el sentido deseado por el G-20 y se opuso a ciertas posturas maximalistas de la Unión Europea. Se logró cerrar un acuerdo conocido como "Paquete de Julio" con una hoja de ruta para finalizar la Ronda, extendiendo el plazo de las negociaciones en un año. En mayo de 2005 los negociadores se encontraron en París, y de nuevo los acuerdos se fueron al carajo.


En noviembre de 2005, a un mes de la Ministerial de Hong Kong, el verborrágico y narcisista Director General de la OMC, el francés Pascal Lamy, anunció que no se llegaría a un acuerdo. Pero parecían haber avances tangibles, especialmente el anuncio de que los desarrollados aceptaban eliminar los subsidios a las exportaciones agrícolas en el 2013. Se extendió en un año más el plazo para finalizar la ronda.


A partir de mayo de 2006 mi vinculación con la Ronda pasa a ser más directa: volviendo de Japón, me asignan funciones en la Dirección de Cancillería que se encarga de las negociaciones de la OMC. Fue todo medio una comedia de errores: no me interesa el multilateralismo, no me interesaban los temas pero no podía irme. Y había además la situación de la Ronda esa, que ya en ese momento era difunta. Más allá de que el artículo de wikipedia diga que las negociaciones están "suspendidas" desde julio de 2008. Y más allá que en el sitio de la OMC ("mi sitio", Pascal Lamy dixit) aparezca el sonriente director general diciendo incoherencias como:


Durante una reunión del Comité de Negociaciones Comerciales celebrada el 30 de noviembre de 2010, el Director General Pascal Lamy anunció un “programa de trabajo intenso” encaminado a finalizar la Ronda de Doha para finales del próximo año. Dijo así: “Tenemos la señal política, tenemos los conocimientos técnicos y tenemos el programa de trabajo. Ahora es necesario traducir todo eso en un acuerdo global que todos ustedes puedan llevarse a casa.”
No sé que señales políticas ve ese señor. Para mi la única señal visible es que Doha no existe más. Probablemente Cancún haya sido el fin de Doha, pero de lo que no queda duda es que después del último fracaso (Ginebra 2008) no existe ninguna posibilidad de llegar a un acuerdo sustancial con los elementos que ahí están. Porque hasta ahora escribí mucho bla bla bla pero no llegué al corazón del asunto. El porqué del fracaso de la Ronda.


La Ronda no fracasó por "culpa" del G20 o de EE.UU. o de la UE; tampoco fracasó por la inefectividad de Lamy, que empató todos los recursos de la OMC en su proyecto político personal; tampoco fueron la India y la Argentina, que patearon el tablero en julio de 2008 en Ginebra. La Ronda naufragó porque no fue posible en ningún momento armar una coalición de intereses que, empujados por un grupo de países, lograran torcer las voluntades de otros intereses para imponer una nueva ronda de liberalización comercial. En otras palabras: porque a nadie le importaba la Ronda. Y la razón para esa falta de interés es el corazón de esta cuestión: básicamente, porque los elementos de un posible acuerdo son una garcha.


Pero esto amerita un mayor desarrollo, que vendrá en el próximo post.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Marque G para gobernabilidad

Me detuve leyendo este buenísimo post de Abel, donde se pregunta cómo sigue esto del G-20. Y me puse a pensar un poco en este tema. ¿Qué es el G-20? ¿Qué son los G en general? En el fondo, no puedo dejar de pensar que la proliferación de Gs en las relaciones internacionales es parte de un proceso de desinstitucionalización de la forma en la que los países tratan entre ellos. Un poco el proceso inverso a lo que ocurrió después de la II Guerra Mundial, en la cual se crearon las instituciones que dotarían de gobernabilidad al sistema internacional (Naciones Unidas y Bretton Woods).

Hace un par de meses escribí sobre distintas opciones institucionales para tratar entre todos temas que nos interesan a todos, como el valor del renminbi. En ese post tuve una postura muy entusiasta sobre el rol del G-20 (principalmente por razones pragmáticas: porque estamos adentro) en esto que Abel llama la "gobernanza global". Pero tampoco podemos olvidar que el G-20 es un parche.


El sueño racionalista de la interdependencia compleja, de contar con una colección de organismos internacionales a los que los Estados delegarían soberanía en nombre de la gobernabilidad y legitimidad sistémicas, quedó hecho trizas con la Doctrina Bush. El juego de la interdependencia implica seguridad colectiva y limitaciones al uso de la fuerza, que se reserva para casos de auto-defensa. La Doctrina Bush establece nuevas reglas de juego: unilateralismo y uso preventivo de la fuerza (o sea, ataque).


Si los organismos internacionales son un foro para tratar los temas que nos interesan a todos de forma colectiva estableciendo parámetros comunes a priori dentro de los cuales los Estados llevan a cabo sus políticas nacionales, los G son foros donde los decisores últimos (los Jefes de Estado) se juntan para declamar sus políticas nacionales. Es a posteriori que un grupo de redactores elaboran un documento común, aceptable para los (pocos) participantes, en el cual de cierta forma se baja la línea que deben seguir los demás participantes del sistema, excluídos ahora del proceso decisorio.


Entonces, este proceso de G-veintización de las relaciones internacionales responde a una lógica poderosa: ante la ausencia de mecanismos multilaterales creíbles de resolución de conflictos internacionales, los líderes de los países poderosos reclaman para sí el gerenciamiento temporario de los conflictos. Pero no puede ser más que temporario, aunque más no sea porque los líderes van a necesitar chivos expiatorios para sus eventuales fracasos. Si de hecho se concretara la guerra cambiaria que todos tememos, no sería un fracaso del sistema, de las instituciones o de las reglas: el fracaso es de Obama, Hu Jintao y las/los otros 18 líderes que se sentaron en esa mesa a tratar de evitar la guerra.


Por ahora, estos encuentros ad-hoc (que estoy seguro que se van a mantener en el tiempo, independientemente de la nueva estructura internacional que surja) sirven para lo que Abel correctamente identifica "como caja de resonancia para (que diplomáticos y, en ocasiones, jefes de Estado puedan) decir banalidades sobre los problemas del mundo, reemplazando en eso a las Naciones Unidas." De nuevo, las razones de sistema.


Pero en un momento no muy distante, no sé si en 2012, 2015 o 2020, nos vamos a tener que sentar, todos los países, a ver qué joraca hacemos con las ruinas de San Francisco y Bretton Woods. Va a ser un quilombo, je je je. ¡No me la quiero perder!