domingo, 19 de diciembre de 2010

Dilma y la Argentina

Si me preguntaran cuál es el hecho más destacable de nuestra polex desde la recuperación de la democracia, sin duda tendría que empezar por la creación de un eje de paz y prosperidad en Sudamérica junto a Brasil. La relación con Brasil ha aumentado en todas sus dimensiones del '83 para acá, tanto en forma bilateral como en el ámbito del Mercosur, Unasur u otros foros.


Por un carril, las relaciones entre Argentina y Brasil se han institucionalizado, generando una serie de marcos legales, regímenes, e instituciones bi o plurinacionales. Desde los acuerdos de Foz de Iguazú de 1985 y el PICE (Programa de Integración y Cooperación Económica) de 1986, la Agencia Argentino-Brasileña de Contabilidad y Control de Material Nuclear, el Tratado de Asunción creando el Mercosur en 1991, todos los protocolos adicionales (Ouro Preto, Fortaleza, Ushuaia), hasta llegar a los avances más recientes como el Código Aduanero o el Consejo de Defensa Sudamericano (CDS) de Unasur, tema que traté en este post.


Pero también hay otro aspecto relevante que ha sido el impulso para las relaciones bilaterales (y para la estabilidad en Sudamérica) de las relaciones personales y de trabajo entre l@s sucesiv@s PNAs y sus contrapartes de la República Federativa de Brasil. Con mayores o menores afinidades personales, las relaciones bilaterales fueron marcadas por tres "ejes": Alfonsín-Sarney, Menem-FHC, Kirchners-Lula.


Hay muy poco en común entre Raúl Alfonsín y José Sarney. De un lado, el Padre de la Democracia, el radical que logró ganarle una Presidencial al PJ, la niña mimada del establishment internacional. Del otro lado, un Presidente por accidente: el caudillo nordestino apadrinado por el gobierno militar, que fue impuesto como Vice-Presidente de Tancredo Neves para brindar "gobernabilidad" a la fórmula, ridicularizado por sus pretensiones de poeta y sus trajes cruzados.


La situación medio que se invirtió en los '90, cuando las relaciones pasaron a ser conducidas por el multi-publicado, multi-condecorado y multi-doctorado honoris causa Fernando Henrique Cardoso y el caudillo del NOA Carlos Saúl, ridicularizado por sus pretensiones de astronauta y sus corbatas brishosas. Pero en ambos casos, compuestos por personajes que por momentos más parecían dúos de comedia que los hombres fuertes de Sudamérica, se lograron sentar las bases de una relación sólida.


Es evidente que en los últimos años se ha logrado un cambio cualitativo. Lo que existió entre Lula y los Kirchner fue una alianza política y un sistema de coordinación de posiciones en asuntos internacionales que, basados en una visión coincidente del mundo, lograron instalar la idea de que todas las voces todas de Sudamérica cantan en coro. Esa voz se ha hecho escuchar en cuestiones tan diversas como el secuestro de Correa, Palestina, el FMI o el Bicentenario de Argentina.


También es evidente que en materia comercial no se ha avanzado demasiado en esta década. Digo, que ahora se nos quiera presentar como un gran logro un cronograma que establece la Unión Aduanera en el 2019 es medio triste. Es verdad que la devaluación brasilera de 1999 y la crisis argentina del 2001 impidieron cumplir los plazos originales, pero el 2019 me suena a demasiado lejano.


A partir del próximo 1 de enero, tanto Argentina como Brasil tendremos Presidentas, y Dilma aún es un misterio. No se le conoce una agenda internacional propia, sino que se destaca como garantía de continuidad (al igual que en materia de política interna). Luego de las elecciones, el infaltable Marco Aurelio García salió a confirmar la continuidad de las políticas de Lula en la región y en el mundo, pero a Dilma mucho no se la escuchó.


En un momento pareció que vendría a la Argentina antes de asumir, a la Cumbre Iberoamericana, pero finalmente terminó no asistiendo. Después amagó con encontrarse con CFK en la Cumbre de Foz de Iguaçu, pero terminó no participando de la Cumbre. Eso me pareció un poco insólito, pero bueno, tendría otras prioridades.


No quiero dar con esto la impresión de malos augurios para las relaciones entre Argentina y Brasil, ni mucho menos insinuar anti-argentinismo por parte de Dilma. Pero las relaciones bilaterales también se componen de señales, y todo Presidente electo tiene como parte de su trabajo mandar ondas de amor y de paz a sus aliados. Me parece que seguimos esperando una señal...