lunes, 12 de marzo de 2012

E-vocaciones (I)

La vocación diplomática. Un término que se usa mucho en la Cancillería. A veces nuestro gerontes lo usan para insinuar que las cosas no son como eran antiguamente, que todo se ha ido al joraca: "los jóvenes que ingresan al ISEN no tienen vocación" o "se ha perdido la vocación". Casi casi como cuando uno escucha a una tía quejarse que el problema de la sociedad actual es que no hay más valores, está todo dado vuelta. Siglo XXI, cambalache, y todos manoseados. Cualquiera es embajador, cualquiera es un ladrón. En otros casos, uno lo escucha como justificación del ingreso a la carrera: "siempre tuve la vocación" o "desde chiquito quise ser diplomático: lo mío es una verdadera vocación".


El primer significado de vocación en el diccionario es el de llamado o inspiración religiosa que por extensión, en lenguaje coloquial pasa a ser una "inclinación a cualquier estado, profesión o carrera". Como buen ateo, me cuesta entender esta acepción. Aunque es práctica para explicar mi ateísmo: si, como dice la Real Academia, la vocación es un llamado de dios, entonces me queda muy claro que en mi caso dios no me llamó. Quizá se olvidaron de pasarle mi teléfono, o justo cuando llamó el celular estaba apagado o fuera del área de cobertura.


La cosa, sin embargo, se me complica cuando trato de entender o justificar mi estado diplomático: la Patria tampoco me llamó, y si llamó no dejó mensajito, y sin embargo acá estoy. De mi parte, puedo decir que el único llamado al que siempre respondo es el llamado de la noche. Y sin embargo no soy DJ ni drag dealer. Entonces me pareció que vale la pena tratar de descubrir qué es eso de la vocación, y volví a mis épocas de periodismo investigativo y salí a preguntar por el Ministerio: ¿qué es la vocación diplomática? ¿Cuáles son los límites de la vocación?


Antes mismo de empezar, discutí el tema con r., que es mucho más riguroso y menos chanta que yo, y me ofreció la siguiente introducción al tema:




"Intentando desbrozar el terreno se me ocurre que como la vocación se adentra profundo en ámbitos de la identidad y la personalidad, lo mejor es tratar de desarmar conceptualmente a un diplomático en esos ámbitos antes de pensar simplemente que es un trabajo como cualquier otro y que la gente lo elige porque no tiene muchas opciones. Bien puede ser el caso pero no tiene sentido pensarlo de esa manera ahora.

  1. Lo primero que uno debería preguntarse es por la vocación por lo público. Yo estoy convencido que la actividad pública y privada se sostienen sobre diferentes valores. Por lo tanto la vocación por la diplomacia debe contener la vocación por lo público.
  2. Lo segundo es la pregunta por el funcionariado público. La vocación por lo público podría expresarse mediante la militancia partidaria, en una ONG, en lugares sin tantas ambigüedades ideológicas ¿Por qué trabajar dentro de los cuadros estables de una burocracia profesional? Yo entiendo que debe haber una respuesta escondida dentro de la vocación de los funcionarios al rol imaginado que uno asigna al estado, a su construcción, y una elaboración acerca de los límites de la lealtad que uno le debe. La vocación diplomática sería una vocación por lo público estatal.
  3. Uno puedo tener 1 y 2 pero podría realizarla trabajando en el Ministerio de Economía ¿Por qué la Cancillería? Yo creo que es muy difícil pensar en definir funcionalmente el trabajo del diplomático. Creo que es el rumbo para el fracaso. Sin embargo, es posible pensar que indispensablemente unida a esta carrera se encuentra la necesidad de vivir largos periodos en el exterior, desarraigarse, relacionarse con otras culturas ¿Es que el concepto vocación puede absorver este tipo de deseo?"
Acto seguido, algunas de las respuestas que obtuve:

Hernán, secretario: es la vocación de servicio de representar al país en cualquier tipo de contexto y situación. Los límites son las cuestiones personales e individuales que hacen a tu vida, por ejemplo, la familia.

Anónima, ministro: poder participar en definiciones de lineamientos y políticas, coadyuvar en el protagonismo del país en un consenso internacional. En el fondo es una utopía. La vocación es llegar temprano, estar todo el día y no darse cuenta.

M. (mujer, Res. 48): es algo que yo no tengo y que se está perdiendo.

D. (varón, consejero): la vocación es una garcha.

S. (mujer, ministro): es un carácter, un temperamento. Somos personas componedoras, no de ruptura. En mi familia estoy siempre en el medio, para negociar entre unos y otros, buscando vías de contacto. Te tienen que interesar otras culturas, y una cierta facilidad de adaptación es esencial. El límite es la familia: ¿hasta dónde estás dispuesto a alejarte de los tuyos?

Marilita, funcionaria: es una pasión, un desafío permanente. Son las ganas de asumir riesgos, decir lo que uno piensa y aportar a una posición nacional para contribuir al desarrollo de nuestro país. El límite es el respeto a uno mismo, y a los valores y principios fundamentales de la condición humana.

Sigue en el próximo post.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Interesante post.
Coincido en la existencia de una inclinación por el ámbito público o privado.
Lo que diferencia a cancillería es la existencia de ciertos plus, que nada tienen que ver con la vocación, sino con la personalidad. Como, por ejemplo, tener espíritu aventurero, capacidad de adaptarse a diferentes situaciones y circunstancias, poseer un gran sentido de la responsabilidad, etc.
Ahora, el tema de la vocación me suena absolutamente elitista, como si hubiese gente "elegida" o tocada con una varita.
Opino que, como en todos los ámbitos, se debe amar lo que se hace. Ese es el quid de la cuestión.
"Vocación" son sólo unas galletitas insulsas sabor vainilla o limón.
Besos y buen comienzo de semana,
Flor

Teodorico dijo...

Posible argumento I:

Funcionario de muchos años:

"Yo no entiendo lo que hacen los nuevos funcionarios. A mí apenas recibido, me mandaron a Ginebra, y bueno, tuve que ir. Despues me tocó Nueva York, y también fui, sin quejarme. Para colmo después me enchufaron Roma. Y fui, y me la banqué como cualquier hijo de vecino, porque en mi generación teníamos vocación."

Momento, eso no es de ayuda. Veamos el posible argumento II:

Situación: Coloquio final del ingreso.

Pregunta: ¿Ud. por qué se interesa en la diplomacia?
Respuesta: Mire, cuando estaba en salita de cuatro, me puse a leer el libro "De Chapultepec al Beagle", y desde ese día quedé impactado con la política exterior de nuestro país, a la que creo tener mucho para contribuir, desde que en el colegio me tocó representar a Tonga en el simulacro de Naciones Unidas y la rompí."

Tampoco sirve.
Me rindo...

Anónimo dijo...

Ante la rendiciòn de Teodorico, continuo con su comentario.
Argumento III (final, lapidario, incontestable):
"Yo ingresé al ISEN porque me dijeron que con la credencial de diplomático la pongo seguro".

el de adentro dijo...

Flor: por eso la pregunta, ¿qué es la vocación? Como dice A. en la segunda parte, buena parte del argumento de la vocación es como una sombra de dios. Como si la varita mágica lo hubiera tocado a uno, y uno respondiera a ese llamado. No me convence..

Teodorico: el argumento I es el de la vocación como hipocresía. Vocación es el argumento de unos elegidos para terminar siempre bien parados. Ahora, evidentemente en el caso del II hay una predisposición hacia la diplomacia, que yo respeto un montón aunque no la haya sentido jamás. ¿Esa predisposición es la famosa vocación? Y lo más importante: los que lo sienten desde la salita de cuatro, tienden a ser mejores diplomáticos que los que no?

Anónimo: esa es una muy buena razón para ingresar al ISEN. Habría que hacer una encuesta: ¿los diplomáticos la ponemos más o mejor que el varón argentino promedio? ¿Y cómo sería el argumento para las mujeres? ¿Qué hace un diplomático argentino en Pakistán, por ejemplo?

Mazingerkid dijo...

Buenas, se agradece el retorno a los posts "del palo".
Me anoto entre los que no tienen vocación, ah eso si tengo pasta de campeón y nunca me rindo ;)
Abrazo!

wind dijo...

La vocacion es el "deseo de emprender una carrera o profesion ...", en algun momento todos tenemos una vocacion, a partir de ahi es un proceso subjetivo el que no hace elegir la forma de expresarla.
La Diplomacia es para muchos el climax de esa vocacion, por que? Porque en cierta forma es lo maximo a lo que se puede aspirar dentro del marco del pais, por lo menos del nuestro.
Economica o comercialmente es hacer negocios para el pais, politicamente es una forma de ejercer politica en forma no partidaria, por el bien comun. En el fondo creo que muchos coincidiran en que por medio de esa vocacion uno pretende ayudar a su pais.
El gran problema de la vocacion y la Diplomacia es el idealismo … que pasa cuando nos damos cuenta que estamos trabajando para un pais ideal y no para el real.
Cuando vemos como el idealismo (vocacion?) se vende por ascensos o destinos.
Esta la vocacion vinculada al idealismo?
Me parece que si.
Y la Diplomacia es un muy buen ejemplo, cuantos vieron en la Diplomacia la posibilidad de “crecer”. Hasta que, cuando realmente la tomamos en serio, chocamos contra la pared de la realidad. Ahi hay que decidir, vendemos nuestro idealismo y seguimos disfrutando de las apariencias o ....
Perdon por irme un poco de la pregunta, pero me parece que la vocacion es un medio hacia algo y no un fin en si mismo. Y vocacion y Diplomacia es algo que me toca de cerca, tuve la mala fortuna de ver las cosas como son, y eso es como tomar la pildora roja (ver The Matrix).