lunes, 11 de marzo de 2013

En la provincia de Malanje (I)

Otro fin de semana largo nos deposita nuevamente en rutas angoleñas, escapando de Luanda y camino al interior. Pasando por pueblitos con casas de adobe y con nombres como Quitumbo, Lussue de Baixo, Lussue de Cima, Cambondo. Pueblos donde la bandera del Partido es más visible que la bandera misma de Angola; donde el Partido es el único Estado presente. Pasando por miles y miles de hectáreas de tierra fértil cubierta de monte, esperando una revolución agrícola. Muy de vez en cuando una explotación agropecuaria. En los pueblos, agricultura de subsistencia.


Pasando por ciudades, ciudades chicas como Cacuso, Lucala o Lombe. Asfalto nuevo, escuelas nuevas, puentes nuevos, hospitales nuevos. Sucursales de banco siglo XXI en ciudades tratando de entrar al XX. El Estado marcando presencia a través de la construcción de edificios públicos. Grúas. Conjuntos habitacionales, algunos ocupados. Empresas constructoras chinas. Chinos. Supermercados libaneses. Bon-o-bon made in Mexico. Ciudades grandes y chatas como N'dalatando, capital de la provincia del Kwanza Norte. Con mercados donde se asan pescados a la parrilla y se venden platos con mucho jindungo. Y zungueiras caminando las calles, un balde en la cabeza y un bebé en las espaldas.

Así llegamos, al atardecer del primer día, a las cataratas de Calandula. Desde la ruta, rodeada del verde fosforescente de la selva tropical, se observa a los lejos la bruma de las caídas de agua.


La poca infraestructura hotelera colmada por el fin de semana largo, el sol que cae a pasos acelerados, tomamos la decisión de buscar un lugar para acampar. Del otro lado del valle, a lo lejos se observa una estructura abandonada, como un viejo hotel panorámico. Preguntamos el camino, hacemos unos 20 quilómetros y un viejo cartel indica el camino a la Pousada. Una vieja ruta de asfalto en camino de ser reapropiada por la naturaleza nos lleva a los restos de un hotel.

Nadie a la vista, y nubes amenazadoras en el cielo. Tendemos campamento en la parte de atrás del hotel. Al rato es noche profunda, empieza la tormenta, hacemos un fuego y de golpe estamos en el escenario perfecto para una película de terror. Y sin señal de celular. Asamos una colita de cuadril a resguardo de la lluvia que igual penetra por las grietas de la vieja construcción. La noche es fresca y perfecta para dormir en carpa. Entro en el hotel con la luz de mi celular. Me cago en las patas y salgo corriendo. Repasamos todos los elementos de película de terror contenidos en la escena (campamento, tormenta, hotel abandonado, celulares mudos), pero lo único que me preocupa un poco es que en la oscuridad del valle las luces del auto y la fogata en el hotel abandonado llaman mucho la atención. Pero evidentemente esa preocupación no logra quitarme el sueño. A eso de las 8:30 de la mañana escuchamos voces, angoleños visitando el sitio. Seguimos durmiendo hasta las 10. Llevo una silla portátil a una de las habitaciones y me siento a leer cuentos de Cortázar mientras la bruma de las cataratas me rocía.

Después de un breve pero intenso intercambio de ideas con unos vaguitos locales (que empezaron siendo tres y al cabo de un rato ya eran como ocho) nos tomamos el pire, no sin antes ofrendar a las deidades locales cinco cervezas, tres cocacolas, una fanta y un paquete casi entero de papitas Lays. A cambio de tan generosa oferta, los oráculos nos enseñan el camino a la cascada de Musseleji. Después de un camino en el que pusimos a prueba el 4x4 de la camioneta, llegamos a unas cascadas chicas pero con agua cristalina y fresca en la cual pudimos compensar la ausencia de agua corriente en el hotel donde pasamos la noche.

Y entre rutas intransitables, cascadas, selva y tertulia con familias angoleñas se nos pasó el día. Decidimos seguir camino a Malanje para tratar de conseguir lugar para dormir. Tuvimos suerte y conseguimos una habitación en una hospedaria. Dimos vueltas por la ciudad, comimos en un restaurante portugués pero como no había quorum para salir a bailar tarraxinha terminamos durmiendo temprano, que el día siguiente nos aguardaba con excursión al Parque Nacional de Pungo Andongo y las piedras negras.

Mañana (o pasado) sigue el relato. Propiedad intelectual: las fotos las saqué de acá, acá, acá y acá.

2 comentarios:

Rodrigo Severo dijo...

Tenho lido sempre teu blog e nunca comento nada. Sei lá porque. Pois entre tantos comentários perdidos que esse não se perca: já estou querendo conhecer Angola. Por tua causa.

el de adentro dijo...

Digo!!!! Nem sabia que vc me lia! Tá esperando o quê pra tirar a passagem??? Eu só tenho mais uns dois meses aqui e depois volto para a normalidade da nossa América Latina...