jueves, 15 de marzo de 2012

E-vocaciones (II)

Sigo con el tema de la vocación... creo que obtuve algunos datos importantes: la pasión de Marilita, el cinismo de D., la mediación de S. Pero todavía me falta. Siento que si bien r. abarcó una parte importante del tema, me falta algo. Así que sigo preguntando.


Eduardo, ministro: en alemán, para vocación se usa la misma palabra que para profesión: beruf, que viene del verbo rufen, llamar. En ese sentido, la vocación es un llamado, y un llamado es algo que viene de afuera. Sin embargo, si uno la entiende como revelación o epifanía, entonces la vocación está dentro de uno. Entonces tenemos que diferenciar el llamado a hacer algo de lo que es una necesidad interior, y en eso yo distingo tres puntos:


  1. En primer lugar, el llamado te puede despertar una vocación interior.
  2. La expectativa interior te lleva a hacer cosas independientemente del resultado: la tarea en sí es la que te satisface.
  3. Ahí logramos entender la diferencia entre la vocación y la necesidad: la necesidad te lleva a elegir algo por una razón (social, económica, psicológica, ganas de viajar), y una vez satisfecha la necesidad el interés disminuye.
Anónima, secretario: por mas que sea un cliché, para mi la vocación va por el lado del servicio. Es una forma de contribuir con la sociedad, colaborar con el argentino de una forma poco vista: en la protección de los intereses del país, al servicio de lo que necesite el país, de una manera que mejore la posición de Argentina en el mundo. No sé si hay límites. Dicen que el diplomático cumple funciones las 24 horas, y algo de verdad hay. Uno está todo el tiempo en funciones, y hay que ser cuidadoso incluso en la vida personal. Hay que balancear con la familia porque uno a veces no tiene horarios. Sin faltar al compromiso como funcionario, hay que saber balancearlo con otros aspectos de la vida que no son la carrera.


Anónimo, embajador: es fácil de entender pero difícil de expresar. Tenés miles de temas, absolutamente distintos unos de otros. Tenés por un lado la vocación diplomática en sí misma, y por el otro lado la vocación de servicio: hay miles de cosas por hacer, y si uno lo hace con ganas todo es interesante. Lo nuestro tiene relación con el exterior, y uno puede tener muchas motivaciones para ingresar: el derecho internacional, las relaciones internacionales, el interés por conocer otras culturas. Pero en el fondo es como la vocación del universitario: ¿por qué uno es abogado, o licenciado en lo que fuere? Quizá no hay mucha razón. Después viene la otra parte, las pilas que uno le pone para dedicarse a esto y dedicarse a esto con todo. La vocación es algo parecido a las ganas de servir, ganas de hacer lo que debés hacer. Y eso también vale para el Ministerio de Justicia o de Salud. En el fondo no te contesté, pero es difícil... la vocación son esas ganas de hacer cosas, de tomar un tema y hacer, de cumplir con el deber de uno.

Anónima, aspirante: me parece muy fuerte usar la palabra vocación, porque siento cuando te preguntan eso (en el ISEN, en el coloquio) que se trata de imponer una sensación de sacrificio, servicio, un verso como si estuvieras yendo a África a curar el hambre. No sé si uno tiene vocación diplomática, uno reconoce algo (un tipo de trabajo, un ambiente). No creo que la gente entre sólo por vocación, hay que considerar que el sueldo no es el de un maestro. Hay gente que le quiere dar un tinte de Jesucristo martirizado. Como toda profesión tiene sus pro y sus contra, tiene sus bemoles, y tiene una cuota de sacrificio, pero con una contraprestación elevada.


A. (varón, secretario): la vocación en mi vida, después de haber sufrido un colegio religioso por 15 años, siempre estuvo asociada al llamado religioso, una especie de iluminación divina que te iba a decir lo que tenías que hacer en la vida. Después te das cuenta que esa vocación por ahí no existe. Analizar tu vida en función de esa vocación que está siempre por llegar y no llega es un motivo de frustración, de sentirte como un tonto que no tiene esa vocación que le debería llegar a los hombres justos y responsables y que quieren hacer algo en la vida, no a los parias que se hacen la paja y les gusta mirar televisión. La vocación diplomática no existe: ser diplomático es tener una profesión que te puede gustar más o menos, es una construcción que vas haciendo de acuerdo primero a la clase de la que venís. Muchos argentinos ni siquiera pueden pensar en tener vocación diplomática porque no saben que existe la diplomacia. Pero ese sentido de la vocación diplomática, del servicio a la Patria, es un derivado de sombra de dios, como diría Nietzche. Sustituís a la Iglesia por una sombra de dios que es el Estado, y ser un funcionario del Estado es como ser una especie de cura.




Y en el fondo creo que todos tenemos un poco de razón.... la vocación es lo que uno quiere que sea.

lunes, 12 de marzo de 2012

E-vocaciones (I)

La vocación diplomática. Un término que se usa mucho en la Cancillería. A veces nuestro gerontes lo usan para insinuar que las cosas no son como eran antiguamente, que todo se ha ido al joraca: "los jóvenes que ingresan al ISEN no tienen vocación" o "se ha perdido la vocación". Casi casi como cuando uno escucha a una tía quejarse que el problema de la sociedad actual es que no hay más valores, está todo dado vuelta. Siglo XXI, cambalache, y todos manoseados. Cualquiera es embajador, cualquiera es un ladrón. En otros casos, uno lo escucha como justificación del ingreso a la carrera: "siempre tuve la vocación" o "desde chiquito quise ser diplomático: lo mío es una verdadera vocación".


El primer significado de vocación en el diccionario es el de llamado o inspiración religiosa que por extensión, en lenguaje coloquial pasa a ser una "inclinación a cualquier estado, profesión o carrera". Como buen ateo, me cuesta entender esta acepción. Aunque es práctica para explicar mi ateísmo: si, como dice la Real Academia, la vocación es un llamado de dios, entonces me queda muy claro que en mi caso dios no me llamó. Quizá se olvidaron de pasarle mi teléfono, o justo cuando llamó el celular estaba apagado o fuera del área de cobertura.


La cosa, sin embargo, se me complica cuando trato de entender o justificar mi estado diplomático: la Patria tampoco me llamó, y si llamó no dejó mensajito, y sin embargo acá estoy. De mi parte, puedo decir que el único llamado al que siempre respondo es el llamado de la noche. Y sin embargo no soy DJ ni drag dealer. Entonces me pareció que vale la pena tratar de descubrir qué es eso de la vocación, y volví a mis épocas de periodismo investigativo y salí a preguntar por el Ministerio: ¿qué es la vocación diplomática? ¿Cuáles son los límites de la vocación?


Antes mismo de empezar, discutí el tema con r., que es mucho más riguroso y menos chanta que yo, y me ofreció la siguiente introducción al tema:




"Intentando desbrozar el terreno se me ocurre que como la vocación se adentra profundo en ámbitos de la identidad y la personalidad, lo mejor es tratar de desarmar conceptualmente a un diplomático en esos ámbitos antes de pensar simplemente que es un trabajo como cualquier otro y que la gente lo elige porque no tiene muchas opciones. Bien puede ser el caso pero no tiene sentido pensarlo de esa manera ahora.

  1. Lo primero que uno debería preguntarse es por la vocación por lo público. Yo estoy convencido que la actividad pública y privada se sostienen sobre diferentes valores. Por lo tanto la vocación por la diplomacia debe contener la vocación por lo público.
  2. Lo segundo es la pregunta por el funcionariado público. La vocación por lo público podría expresarse mediante la militancia partidaria, en una ONG, en lugares sin tantas ambigüedades ideológicas ¿Por qué trabajar dentro de los cuadros estables de una burocracia profesional? Yo entiendo que debe haber una respuesta escondida dentro de la vocación de los funcionarios al rol imaginado que uno asigna al estado, a su construcción, y una elaboración acerca de los límites de la lealtad que uno le debe. La vocación diplomática sería una vocación por lo público estatal.
  3. Uno puedo tener 1 y 2 pero podría realizarla trabajando en el Ministerio de Economía ¿Por qué la Cancillería? Yo creo que es muy difícil pensar en definir funcionalmente el trabajo del diplomático. Creo que es el rumbo para el fracaso. Sin embargo, es posible pensar que indispensablemente unida a esta carrera se encuentra la necesidad de vivir largos periodos en el exterior, desarraigarse, relacionarse con otras culturas ¿Es que el concepto vocación puede absorver este tipo de deseo?"
Acto seguido, algunas de las respuestas que obtuve:

Hernán, secretario: es la vocación de servicio de representar al país en cualquier tipo de contexto y situación. Los límites son las cuestiones personales e individuales que hacen a tu vida, por ejemplo, la familia.

Anónima, ministro: poder participar en definiciones de lineamientos y políticas, coadyuvar en el protagonismo del país en un consenso internacional. En el fondo es una utopía. La vocación es llegar temprano, estar todo el día y no darse cuenta.

M. (mujer, Res. 48): es algo que yo no tengo y que se está perdiendo.

D. (varón, consejero): la vocación es una garcha.

S. (mujer, ministro): es un carácter, un temperamento. Somos personas componedoras, no de ruptura. En mi familia estoy siempre en el medio, para negociar entre unos y otros, buscando vías de contacto. Te tienen que interesar otras culturas, y una cierta facilidad de adaptación es esencial. El límite es la familia: ¿hasta dónde estás dispuesto a alejarte de los tuyos?

Marilita, funcionaria: es una pasión, un desafío permanente. Son las ganas de asumir riesgos, decir lo que uno piensa y aportar a una posición nacional para contribuir al desarrollo de nuestro país. El límite es el respeto a uno mismo, y a los valores y principios fundamentales de la condición humana.

Sigue en el próximo post.

viernes, 9 de marzo de 2012

La inteligencia del maracuyá

En el fondo de la casa de mi vieja hay una planta de maracuyá. A veces me cuelgo observando su crecimiento. El maracuyá, o passiflora edulis, es una planta trepadora sudamericana cuya llamativa flor es la flor nacional del Paraguay, y de la que sale una fruta con un sabor cítrico y un poco ácido que está muy de moda en los restaurantes de Palermo en diversas preparaciones. Como buena trepadora, el maracuyá no tiene un tronco que sostiene el crecimiento de la planta, sino que el mismo depende de su capacidad de adherirse a otras superficies que la orientan y le dan sustento.


Ese movimiento del maracuyá tiene como objetivo (como buena parte de todo lo que hacen las plantas) buscar mejor acceso a la luz solar para realizar la fotosíntesis de una manera más eficiente. Para eso, se trepan sobre otras plantas, postes o mismo sobre el cablerío extendido. Distintos tipos de trepadoras usan distintos mecanismos para trepar: el maracuyá utiliza zarcillos, que son como pequeños tallos que salen de las hojas buscando una superficie a la cual adherirse. Esa adhesión es la que le permite su crecimiento.


El zarcillo del maracuyá es como un rulo, como un cable telefónico que se extiende hasta encontrar la superficie indicada, y una vez que la encuentra se le enrosca armando una especie de trampa. Los animales tenemos el sentido de la visión, y nuestro movimiento generalmente se basa en función de un estímulo o reconocimiento visual. Como todos sabemos, las plantas no tienen ojos, entonces los zarcillos se valen de algo parecido al tacto para agarrarse de una superficie de apoyo. Ese "tacto vegetal" se denomina haptotropismo.

A veces me cuelgo largo rato observando el lento avance de los zarcillos, y el rápido avance de la enredadera una vez que encuentra el apoyo adecuado. La estrategia del maracuyá es inteligente, ya que al no necesitar gastar recursos en un tronco fuerte puede dedicarlos a la producción de una flor vistosa y un fruto suculento. Pero también necesita de un control externo porque, librada a sus propias fuerzas, la trepadora puede terminar sofocando a otras plantas al quitarles todo el acceso a la luz solar.

martes, 6 de marzo de 2012

Everyday is like Sunday

No me pasa seguido, eso de querer que todos los días sean domingo. Pero bueno, el domingo fui a ver a Morrissey en vivo por primera vez. No voy a hacerme el cool y decir que fue como ir a un recital cualquiera. Fue una larga espera, desde que el día que cumplí 15 años me regalaron mi primer caset de The Smiths, un super gastado TDK que sonó a morir con los 16 temas de Hatful of Hollow. Han pasado décadas, pero todavía me las conozco de memoria, y en el orden correcto...


Es una historia de desencuentros. Las dos veces que vino a la Argentina yo estaba fuera, y una vez fui contento a verlo en el Fuji Rock, para enterarme que Mozza se había enfermado y habían programado a Primal Scream en su lugar. Igual me contuve en las expectativas... no tiene sentido ilusionarse que uno de repente va a volver a tener 16 años y va a hacer agujeros en el vinilo de The Queen is Dead de tanto rodarlo. Tampoco soñé con que de repente iba a surgir Johnny Marr con su guitarra, Morrissey sacando gladiolos de su bolsillo y que el mundo volvería a ser lo que fue, en los '80.


Aunque por unos minutos lo fue. Cuando empezó con "The first of the gang to die", por ejemplo. Esa oda a los pandilleros chicanos de Los Angeles, seguida por "You have killed me" y "You're the one for me, fatty". La banda sonaba muy bien, y Morrissey retrocedió 25 años en el tiempo, a una época en la que pocas cosas sonaban tan atractivas como ser atropellados por un camión de 10 toneladas, y le siguió con una versión melódica de "Everyday is like Sunday".


Un par de temas del último disco, con "Alma Matters" en el medio, y un poco de tortura con la inefable "Ouija board, ouija board". "I will see you in far-off places" fue como un alivio, en una versión orientalizada, y el punto alto de la noche vino con "I know it's over", una de las canciones de ruptura más impresionantes de la historia, esa fotografía del momento en que la necesidad es más fuerte que el amor, y en el que uno se aferra a algo por absoluta incapacidad de saber hacia donde ir.


"Let me kiss you" y "Black cloud" calmaron un poco las aguas. Si bien yo creía que el público iba a ser onda nostalgia, me sorprendió la cantidad de veinteañeros acompañando canciones compuestas en una época anterior a su mismo nacimiento. Igual, hacia demasiado calor para el festival de Morrissettes. Y la temperatura volvió a subir con "Meat is Murder", acompañada de un video (el único de la noche) con escenas tremendas de maltrato de animales en la industria de procesamiento de alimentos. El refrán modificado (Kill, Eat, Murder) le da una fuerza nueva a la canción. Era el momento político del show, y Mozza volvió a repetir que las Malvinas son argentinas.


A esa altura a Morrissey ya le quedaba poca voz, en un momento puteó por haber salido a hacer un jogging largo durante el día, y "Please please please let me get what I want" sufrió un poco por esa falta de voz. Un tema nuevo ("Scandinavia") y el show cerró con una versión bien ochentosa (y casi instrumental) de "How soon is now", y un bis cortito con "One day goodbye will be farewell".


Con el cancionero acumulado a lo largo de tres décadas, era imposible satisfacer a todo el mundo. V. se quejó de la ausencia de "The more you ignore me, the closer I get", otros querían "Suedehead". A mi me hubiera gustado alguna de "Strangeways, here we come". Pero fueron 85 intensos minutos de un más que digno recital. Y hasta me dieron ganas de postear algo de nuevo....

miércoles, 1 de febrero de 2012

¿Qué opina la BBC de Alicia Castro?

Un post corto, para linkear esta nota de la BBC sobre la designación de Alicia Castro como embajadora argentina ante el Reino Unido. Con el título "La señal que manda Argentina con su nueva embajadora en Reino Unido", se puede resumir en la siguiente frase:


Por su fuerte carácter y por ser señalada como muy nacionalista, se considera que Argentina aumenta con la nueva embajadora la presión sobre Reino Unido en la disputa territorial.

La nota empieza contando que Alicia Castro se hizo conocida nacionalmente al desplegar una bandera norteamericana en el Congreso en 2002, y repasa su historial con mucho destaque a su rol como embajadora argentina en Venezuela: "fue de hecho un actor clave en el acercamiento que se inició entre Venezuela y Argentina con la llegada a la presidencia de Néstor Kirchner en ese año" (2003). Resbala un poco al mencionar los rumores de un acercamiento sentimental con Hugo Chávez, aunque reconoce que los mismos siempre fueron circulados por la oposición venezolana y nunca fueron confirmados seriamente. Con un poco más de carne, citan a la siguiente declaración de Taiana:

Cubrir la embajada (antes vacante) es un paso positivo. Nosotros tenemos que lograr que Gran Bretaña se siente a negociar, y eso lo vamos a lograr generando presión internacional y actuando sobre la opinión pública británica.

Mi opinión personal, de charlas con la Embajadora, es que no existe en la clase política argentina una persona mejor preparada que Alicia Castro para realizar un trabajo de actuación sobre la opinión pública británica. Tiene un conocimiento profundo y sofisticado de la sociedad británica, y la verdad es que nunca escuché a un político argentino que hable tan bien inglés.

Pero también debo mencionar las otras cuestiones de la gestión de Alicia Castro en Venezuela, que son fácilmente encontrables en la web cuando uno googlea "alicia castro violencia laboral". El resumen más completo está en esta nota de Perfil. Y acá hay que separar las operaciones basura de la realidad. Buena parte de las boludeces que afirma Perfil son nada más que eso, boludeces. Perfil critica a Castro por tener buena relación con la clase política venezolana y por tener acceso directo al Presidente Hugo Chávez. En otras palabras, la critica por hacer bien su laburo.

También aparece bajo el rubro "excentricidades" el hecho de traer carne argentina desde Buenos Aires. Me da un poco de bronca ver que, después de años de esfuerzo para que nuestras Embajadas sean una vidriera de la producción argentina, un diario de ese porte considere que el hecho que un Embajador promocione la carne argentina, los vinos argentinos o los diseñadores argentinos sea considerado una "excentricidad". Quizá Perfil prefiera volver a las épocas en las que los embajadores argentinos consumían whisky escocés, vinos franceses y diseñadores italianos.

Pero las denuncias de acoso laboral existen, y no deben ser tomadas a la ligera. De la misma forma que creo que Alicia Castro puede hacer un excelente trabajo de actuación sobre la opinión pública británica, también hay que reconocer que todo puede ser en vano si la prensa amarilla inglesa empieza a levantar testimonios de empleados locales maltratados por la nueva embajadora.

lunes, 30 de enero de 2012

Hombre en la Luna

De una lectura desapasionada de los medios de comunicación argentinos después de las elecciones presidenciales, uno podría pensar que tenemos la peor oposición del mundo. Incluso algunos medios opositores sugirieron que la "culpa" del 54% de votos de la PNA sería de la incapacidad de la oposición de presentar una visión coherente y atractiva de país. Me parece que los argentinos tenemos como una tendencia natural a pensar que lo que nos toca vivir es peor o más desgraciado que lo que les toca vivir a los demás. Creo que hay un poco de amor por el extremo ahí: si no podemos ser los mejores, por lo menos seamos los peores. Pero no seamos un país más del montón.


Y a veces no nos damos cuenta que en todos lados se cuecen habas, y que hay cada político dando vuelta por ahí... Incluso en los llamados "países serios", que son como un espejo en el cual nos queremos reflejar. Por ejemplo, Estados Unidos, que es un país que comparte con nosotros una cierta tendencia a dividir el mundo en "algo" y "anti-algo". Y que está en campaña electoral este año. En un primer momento, parecía que el ex-gobernador de Massachusetts Mitt Romney tendría el camino allanado para la nominación a la candidatura del Partido Republicano. Pero en las últimas semanas, algunos elementos de la extrema derecha del partido han volcado sus fuerzas y su militancia en un movimiento anti-Romney.


El candidato anti-Romney en estos momentos es Newt Gingrich, un exótico ex-diputado que en los '90 lideró el movimiento conocido como "revolución republicana", de acérrima oposición al entonces presidente Clinton. Después de ganar las primarias en Carolina del Sur la semana pasada, se lo empezó a tomar un poco más en serio. Desafortunadamente no encontré traducción al castellano de su discurso en Florida la semana pasada, pero la próxima vez que despotriquemos contra lo peorcito de nuestra oposición (Duhalde, Lilita, Ricardito et al), dediquémosle un minuto de atención a Newt.


Gingrich promete que, al final de su segundo mandato como Presidente en el año 2020, Estados Unidos tendrá la primera colonia permanente en la Luna. Y va más allá en su visión: resucitó un proyecto de Ley suyo de 1981, donde propone recrear la Ordenanza Noroeste (la ley de 1787 que estableció la expansión de EE.UU. al oeste), pero esta vez para el espacio sideral. Y establece las condiciones para que, cuando la colonia llegue a los 13.000 habitantes, puede pedir su incorporación como Estado.


ELY define esta situación como "el freak show de candidatos republicanos". El New York Times propone que se vaya a candidatear como Presidente de la Luna. Y ya que estamos, que se lo lleve a Duhalde de asesor.

jueves, 19 de enero de 2012

¿Dónde queda la Argentina?

Bueno, después del quejoso tono de mi post anterior, decidí tomar el toro por las astas y empezar a tratar Los Grandes Temas. Si algo me quedó de mis clases de teoría de las relaciones internacionales es que, al hablar de cualquier tema de política internacional, la ausencia de un marco teórico implica que uno padece de una opinologitis (también conocida como doñarosismo) y termina cayendo en un artículo de diario. Por eso, antes de empezar con Los Grandes Temas me parece esencial hacerse un par de Grandes Preguntas (la metafísica de la blogudez): ¿Qué somos? ¿De dónde venimos? ¿Cuál es la razón de nuestra existencia? En otras palabras: ¿Qué lugar ocupa la Argentina en el mundo?


Creo que todos podemos estar de acuerdo en que no somos una Superpotencia - aunque escucho argumentos en contrario. En el otro extremo, en un post llamado "Lectores que diferencian entre información y campañas pagadas por el Estado", uno de los bloggeros que sí tratan Los Grandes Temas de la Política Internacional recoge un comentario (en el sentido de información y no campaña) que afirma lo siguiente:


Cada vez estoy más convencido que esta comarca, no puedo llamarla nación ya, se encamina a la fragmentación geográfica y política.


Quizá tenga razón el comentarista y esto que llamamos República Argentina sea un invento a sueldo de Fuerza Bruta, así que me voy a apurar para terminar este post rápido rápido, antes que nos desintegremos y no tenga sentido hablar del lugar de esta comarca en el sistema de naciones. Intuitivamente, podríamos decir que somos una potencia mediana, o una potencia regional, pero ¿es realmente eso lo que somos? Ahora bien, para poder responder a esa Gran Pregunta, antes tenemos que preguntar: ¿Qué es una potencia mediana?


Para no tener que pensar mucho, podríamos tratar de ubicarnos en el escenario internacional a partir de mediciones de variables que hacen al poder de un país. Por ejemplo, entre las aproximadamente 200 naciones independientes del mundo, somos la 32 en población, 8 en superficie, 27 en PIB nominal, 22 en PIB PPP, 146 en gasto militar como porcentaje del PIB, 18 en usuarios de internet, 8 en red ferroviaria, 30 en emisiones de dióxido de carbono, 45 en índice de desarrollo humano, 2 en punto más austral . Si todo se limitara a promediar nuestras distintas ubicaciones en el mundo, podríamos decir que somos una potencia mediana. Pero corremos el riesgo de contraer indexofilia, y no es un método muy científico. Así que vayamos a la teoría.


Para el realismo puro y duro, no existe eso de las potencias medianas: la Historia es escrita por las grandes potencias, y los demás países son como moscas que revolotean y se alimentan de la mierda de los grandes, hacen un ruidito molesto pero ni siquiera tienen el poder de picar como un mosquito. Pero el realismo puro y duro no existe, y hasta un autor esencialmente realista como Martin Wight terminó haciendo una distinción entre las potencias medianas y  regionales en el capítulo V (Potencias Menores) de su clásico "La Política del Poder":


Las presiones políticas no actúan de manera uniforme sobre la totalidad del sistema de Estados, y en algunas regiones culturalmente unidas pero políticamente divididas una sociedad internacional subordinada entra en escena, con un sistema de Estados que reproduce en miniatura las características del sistema de Estados general.


Cita como ejemplos de potencias regionales a Brasil y Argentina en Sudamérica, pero termina concluyendo que existe generalmente un mayor abismo entre las grandes potencias y las potencias medianas que entre estas y las potencias menores. Como definición, Wight afirma que sólo las grandes potencias tienen intereses generales y pueden "unificar continentes, dominar los mares o controlar los mercados internacionales". Pero mientras las potencias menores cuentan con "una política externa tan limitada que no llegan a tener intereses más allá de la preservación de su independencia", les reconoce (¿nos reconoce?) a las potencias medianas cierto interés general limitado a algunas cuestiones y a la región de pertenencia y cierta capacidad de acción.


Entonces la pregunta que nos debemos hacer es: ¿tenemos intereses nacionales, aunque sean limitados, que vayan más allá de mantener nuestra independencia? Y, si la respuesta fuera positiva, ¿tenemos capacidad para actuar en consecuencia? Ahora, para hacerlo más estricto: ¿nuestra acción en estos temas se prolonga en el tiempo? Creo que si los logro convencer, queridos lectores y lectoras, que en un número arbitrario (pongamos siete, porque me gusta el número 7) de Grandes Temas cumplimos con esas tres condiciones, nos podemos auto-titular una Potencia Mediana. Veamos:


1. Descolonización: es la piedra fundamental de nuestro reclamo por Malvinas. Si bien no hemos tenido el poder de fuego para recuperar las islas, hemos logrado bloquear (con un fuerte apoyo del G-77) todos los intentos británicos de aplicar el principio de auto-determinación para los kelpers. Una derrota en este campo podría implicar un plebiscito, la independencia de las islas y el fin de nuestro reclamo. Game over. No estamos como queremos, con la celeste y blanca flameando en Puerto Argentino, pero hemos logrado mantener la cuestión donde queremos: como un tema de descolonización.


2. Negociaciones comerciales multilaterales: nuestra posición ha sido coherente a lo largo de las últimas décadas, y es la posición de Cairns. Bregamos por una mayor liberalización del comercio agrícola, y jugamos un rol importante en la Ronda Uruguay. En Doha no tuvimos el poder de fuego para imponer el acuerdo que hubiéramos querido, pero sí tuvimos la autonomía para, al lado de la India, bloquear un acuerdo que hubiera sido perjudicial para nuestros intereses industriales.


3. Cambio climático: en temas ambientales nuestra postura es generalmente sólida y más que digna, pero en cambio climático somos líderes. La Argentina cumplió un papel vital en la aprobación del Protocolo de Kioto (1997), y desde entonces jugamos un rol de liderazgo en la materia. No hay mesa chica en materia de cambio climático a la que la Argentina no pueda acceder por mérito propio, y nuestra autoridad moral es ampliamente reconocida por los demás países (y nos ha costado más de una fricción con, por ejemplo, Brasil).


4. Antártida ca: en materia antártica, nuestro rol es científico, político y militar. Desde que el 22 de febrero de 1904 nuestra bandera fuera izada en la primera base antártica permanente del mundo hemos tenido presencia ininterrumpida. Fuimos uno de los 12 países signatarios del Tratado Antártico (1959), y en 2004, después de años de ardua negociación, finalmente se logró crear la Secretaría del Tratado Antártico con sede en Buenos Aires.


5. Estabilidad política regional: de cierta forma, se puede decir que somos una potencia conservadora en estos temas, ya que hemos jugado fuerte en distintas ocasiones para garantizar la estabilidad política en Sudamérica. Nuestro rol en ese sentido ha sido reconocido con el Premio Nobel de la Paz para Saavedra Lamas en 1936, y como ejemplos recientes podemos citar la reunión de emergencia de Unasur en Buenos Aires en ocasión del intento de golpe policial contra Correa en Ecuador, y el rol de Néstor Kirchner como mediador entre Colombia y Venezuela.


6. Cooperación Sur-Sur: la Argentina es uno de los más activos participantes en el sistema de cooperación internacional entre países en desarrollo. Desde la creación del Fondo Argentino de Cooperación Horizontal (FO-AR) en 1992, se han ejecutado más de 4.000 acciones de cooperación en 55 países. Además de ser propulsores de la horizontalidad en la cooperación, también somos muy activos en las modalidades de cooperación triangular (donde un país desarrollado y un país en desarrollo trabajan conjuntamente para brindar cooperación a países de menor desarrollo relativo). En la actualidad, estamos trabajando junto a Naciones Unidas para crear un observatorio de cooperación sur-sur en nuestro país.


7. Derechos Humanos: es un caballito de batalla de la Argentina en el mundo. Tenemos a Madres y Abuelas. Tenemos un Premio Nobel de la Paz. Tenemos el Juicio a las Juntas y el Nunca Más. Tenemos una Constitución de avanzada. Pero también tenemos décadas de militancia en la materia, y un gobierno que es reconocido internacionalmente por haber hecho de los derechos humanos una bandera.


En todos estos Grandes Temas, nuestro interés nacional no es simplemente discursivo, sino que se traduce en un accionar sostenido en el tiempo por gobiernos de distintos signos políticos y llevado a cabo, bajo el liderazgo del poder político, por la Cancillería en coordinación con distintas áreas de gobierno y de la sociedad civil argentina.


PS: la inspiración para este post viene, además del post anterior, de una pregunta de r. (¿somos una potencia mediana?) y de una observación de Mazingerkid ("en política exterior está todo por hacerse"). La subvaloración de las capacidades propias es, en política exterior, un error de cálculo tan grave como la sobrevaloración. El Premio Nobel de la Paz es como el Oscar de la política exterior. Latinoamérica tiene 5 en su historia, de los cuales 2 son nuestros. Para una Cancillería, es como una ISO 9000 de la diplomacia. Además de Argentina, la única Cancillería latinoamericana certificada es la mexicana (Alfonso García Robles, 1982). Ignorar ese dato es tan grave como salir por el mundo creyendo que somos Gardel.