En primer lugar, porque si hay algo que me puede son las grandes ciudades. Me pierdo con todo lo que sea rascacielos, autopistas, subtes, aglomeración urbana. Y las ciudades no vienen en tamaños mucho más grandes que Seúl: en el listado de aglomeraciones urbanas más pobladas del mundo, Seúl-Incheon sale tercera; en el de áreas metropolitanas más pobladas, queda segunda.
En segundo lugar, porque también me encanta la historia económica. No creo que haya un caso similar al de Corea en la historia económica mundial: es el único caso que conozco de un país que en 50 años pasó de ser un país de agricultores miserables a ser una potencia económica global. Dos ejemplos de la evolución coreana alcanzan: en 1975, el 45,7% de la población activa coreana estaba empleada en la agricultura, y en 1999 era el 11,6%.
Pero el dato más impresionante es el PBI per capita: en 1962, en dólares corrientes cada coreano producía anualmente un valor de US$ 110. En términos comparativos, era menos de la mitad del PBI per capita de Brasil de ese año, un cuarto del portugués, un octavo del argentino y un 30% mayor al de la India. En el 2010, esas proporciones cambiaron radicalmente, y el ingreso per capita de Corea del año pasado fue más del doble del de Brasil y Argentina, igual al de Portugal y 16 veces el de la India.
Tuve tres días en Seúl, en los cuales buena parte del tiempo estuvimos metidos en reuniones en la Embajada, pero en algunas salidas uno ya se va formando ciertas impresiones. Y mi primera impresión es medio retro: la arquitectura de las ciudades tiene cierta relación con lo que uno determina como una "Edad de Oro": París es decimonónica, Buenos Aires es principio del siglo XX, Shanghai es siglo XXI, y Seúl es totalmente ochentosa.
Medio onda Dallas. O Miami Vice. La impresión es que en cualquier momento empieza a sonar Duran Duran o (horror) Kenny G. Todo regado en abundantes porciones de kimchi y soju.
Como en un buen videojuego, la primera misión es de reconocimiento y para empezar a entender la lógica interna del juego. Bajo riesgo y baja presión. Algunas reuniones de presentación, preguntas fáciles, todavía no terminan de visualizarse los malos (que seguro van a aparecer, los que van a hacer de todo para cagarnos la misión). Tampoco hemos logrado liberar armas o llaves secretas todavía.
Pero bueno, esto recién empieza. Completada la primera fase con éxito, lo que sí logramos liberar son las tarjetas de embarque para volar a Yeosu y empezar la segunda fase. Algo me dice que la segunda fase tendrá dificultades adicionales. Como en un buen videojuego, la dificultad tiene que ser creciente.
Tres días en Seúl, todavía no puedo hablar mucho de la ciudad, del país o de los coreanos. Mientras un auto nos lleva por las orillas del río Han en dirección al aeropuerto de Gimpo (el Aeroparque de Seúl), no puedo dejar de pensar en la freakeada que es The Host. Seúl es muy cool, pero también parece ser bastante freak. Creo que me esperan meses bizarros.
Pero el dato más impresionante es el PBI per capita: en 1962, en dólares corrientes cada coreano producía anualmente un valor de US$ 110. En términos comparativos, era menos de la mitad del PBI per capita de Brasil de ese año, un cuarto del portugués, un octavo del argentino y un 30% mayor al de la India. En el 2010, esas proporciones cambiaron radicalmente, y el ingreso per capita de Corea del año pasado fue más del doble del de Brasil y Argentina, igual al de Portugal y 16 veces el de la India.
Tuve tres días en Seúl, en los cuales buena parte del tiempo estuvimos metidos en reuniones en la Embajada, pero en algunas salidas uno ya se va formando ciertas impresiones. Y mi primera impresión es medio retro: la arquitectura de las ciudades tiene cierta relación con lo que uno determina como una "Edad de Oro": París es decimonónica, Buenos Aires es principio del siglo XX, Shanghai es siglo XXI, y Seúl es totalmente ochentosa.
Medio onda Dallas. O Miami Vice. La impresión es que en cualquier momento empieza a sonar Duran Duran o (horror) Kenny G. Todo regado en abundantes porciones de kimchi y soju.
Como en un buen videojuego, la primera misión es de reconocimiento y para empezar a entender la lógica interna del juego. Bajo riesgo y baja presión. Algunas reuniones de presentación, preguntas fáciles, todavía no terminan de visualizarse los malos (que seguro van a aparecer, los que van a hacer de todo para cagarnos la misión). Tampoco hemos logrado liberar armas o llaves secretas todavía.
Pero bueno, esto recién empieza. Completada la primera fase con éxito, lo que sí logramos liberar son las tarjetas de embarque para volar a Yeosu y empezar la segunda fase. Algo me dice que la segunda fase tendrá dificultades adicionales. Como en un buen videojuego, la dificultad tiene que ser creciente.
Tres días en Seúl, todavía no puedo hablar mucho de la ciudad, del país o de los coreanos. Mientras un auto nos lleva por las orillas del río Han en dirección al aeropuerto de Gimpo (el Aeroparque de Seúl), no puedo dejar de pensar en la freakeada que es The Host. Seúl es muy cool, pero también parece ser bastante freak. Creo que me esperan meses bizarros.
